20 mar 2013

Testimonios de época visigoda en Cantabria (3)

Hace ya un tiempo dedicamos una entrada al broche liriforme que hizo suponer a J. Carballo, durante sus excavaciones de 1940 en Retortillo/Iuliobriga, que había encontrado un cementerio relacionado con las invasiones bárbaras. Sin embargo, no fue ese objeto el que le resulto más elocuente, sino otro. Nos referimos a la conocida como estela de Teudesinde (TEVDE/S(i)ND(a)E).

Estela de Teudesinde (Hernández Morales, 1947)
Según el diario de las excavaciones de 1940 que se conserva en el archivo del MUPAC, "en la sepultura nº 21, encima, sale una estela que mide 60 cm por 35; tiene una leyenda "TEVDE", que no termina por estar algo rota la piedra, y siguen las letras al lado izquierdo, en forma ilegible por estar muy erosionado". Al año siguiente, cuando J. Carballo publica un resumen de la campaña en Metalurgia y Electricidad nº 43 y describe la necrópolis que se dispone sobre las ruinas romanas, se refiere a la estela como "el único indicio que tenemos para suponer que (las sepulturas) pertenecían a individuos bárbaros del Norte", aunque duda en identificarlos como suevos o visigodos. Será T. Maza Solano quien se incline finalmente por esta segunda opción en su artículo de 1957 "Manifestaciones de la economía montañesa desde el siglo IV al XVIII", estimando que se trata de una inscripción "con nombre y caracteres visigodos" del siglo VII y de tipo hispano-visigodo, según la terminología de la época. Sin embargo, en 1985 E. Van den Eynde niega la relación de esta estela y de la necrópolis de Retortillo con el mundo visigodo y estudios más recientes como el de C. Martín Gutiérrez plantean una cronología amplia para la pieza, desde el siglo VII al siglo IX.

Contamos con un paralelo del antropónimo en una inscripción funeraria del siglo VII procedente de Cárchel (Jaén) que comienza: [HI]C EST SEPULCR(u)S (sic) TEV/DESIND(a)E, o, lo que es lo mismo "Este es el sepulcro de Teudesinda". La inscripción continua con una fórmula para amedrentar a los profanadores de tumbas con la siguiente amenaza: "si alguien lo remueve, marche con el traidor Judas y el fuego". Esta fórmula es interesante para datar la inscripción, ya que según S. Perea Yébenes está inspirada directamente en la Lex Visigothorum. Desde el punto de vista epigráfico, ambas inscripciones coinciden en el uso de la S invertida.

Inscripción funeraria de Cárchel (Museo de Jaén). Foto Ceres-MECD.
Calco de la inscripción, con el antropónimo Teudesinda resaltado (Sotomayor, 1979)
Sea o no una estela "visigoda", sí sabemos que la necrópolis de Retortillo estuvo en uso al menos desde el siglo VII y tiene una fase de época visigoda, como ya defendimos hace tiempo.

15 mar 2013

Vestigios de la hospitalidad cántabra


"En cuanto a sus costumbres, son crueles con los malhechores y los enemigos y buenos y humanos con los huéspedes. Todos quieren dar albergue a los forasteros que van a su país y se disputan entre ellos para darles la hospitalidad: aquellos a quienes los forasteros siguen considerando dignos de alabanza y agradables a los dioses." 
Diodoro 5, 34
El hospitium fue una institución extendida por todos los pueblos prerromanos de la Península Ibérica, un acuerdo entre iguales –bien entre individuos, comunidades o individuos y comunidades que no sólo fue recogido por los autores clásicos, sino que dejó como prueba material de su existencia las denominadas téseras de hospitalidad o tesserae hospitalis. Éstas no son más que pequeñas piezas normalmente de bronce, con formas geométricas o zoomorfas, que presentaban al menos una cara plana en la que solía inscribirse el pacto realizado o una referencia directa al mismo o a los firmantes. Dichas piezas nunca se fabricaban de forma individual, sino que contaban con una hermana gemela. Su finalidad era sencilla: cada parte contrayente del acuerdo se quedaba con una las mitades de tal forma que, si llegase el momento de comprobar la veracidad del pacto, ambas téseras podrían confrontarse. Algo muy útil, si tenemos en cuenta que habitualmente se trataba de acuerdos de carácter hereditario. Los motivos para crear vínculos de hospitium solían ser bastante diversos: derechos de paso, concesión de ciudadanía temporal o permanente, aprovechamiento de pastos, etc.

En el antiguo solar de los cántabros se conocen hasta el momento dos de estas téseras. La primera documentada procede de Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia) (Peralta 1993). Se trata de un pequeño bronce de 3,5 cm de longitud, 2 cm de alzada y 0,5 cm de grosor en su punto central cuya forma, en su anverso, representa a dos manos estrechándose. El reverso conserva la inscripción TURIASICA / CAR, interpretada como TURIASICA CAR(UO) y traducida como “hospitalidad Turiasica o de Tusiaso” lo que revela la existencia de algún tipo de relación con esta ciudad celtíbera sita en la actual Tarazona (Zaragoza). Por lo que respecta a su cronología es fechada entre la Guerras Civiles de finales de la República y la época de Augusto, si bien hay que señalar que algunos autores considerán a está tésera como “sospechosa” por su alto contenido en zinc (Beltrán et alii 2009).

Tésera de Monte Cildá
La segunda de las téseras fue hallada en 2009 durante las intervenciones arqueológicas desarrolladas en el castro de Las Rabas (Cervatos, Cantabria) (Fernández Vega y Bolado del Castillo 2011). En esta ocasión se trata de una pequeña pieza de bronce de pátina de color verde oliva, realizada seguramente con la técnica de la cera perdida, que presenta unas dimensiones de 4,9 cm x 3,8 cm x 0,5 cm y un peso de 25,2 g.  En su anverso, se aprecia la representación de un oso desde una perspectiva cenital cuya superficie es decorada por líneas incisas paralelas en el cuello, hocico y en los extremos de las patas, delimitando unas zarpas que aparecen remarcadas por un rebaje semicircular con incisiones a modo de garras. El reverso es completamente liso y plano acogiendo un total de seis agujeros (uno en cada extremo de las patas y tres en el cuerpo) que servirían de hembras de unión para confrontar una pieza hermana como la tésera conservada en la Real Academia de la Historia que, por otro lado, constituye nuestro paralelo más cercano y gracias al cual no existe duda alguna de que nos encontremos ante una tésera de hospitalidad. Cronológicamente es fechada ente los siglos II-I a.C., siguiendo la propuesta para su paralelo inmediato, coincidiendo con el período de mayor auge de este castro.

Tésera de Las Rabas
Son pocas las téseras conocidas hasta ahora entre los Cántabros, no obstante son  suficientes para avanzar la existencia de unas fluidas relaciones con los pueblos de su entorno y con ciudades lejanas de los valles cercanos como el Ebro. Desconocemos el carácter de las mismas aunque estamos seguros de que irán más allá de lo militar para adentrarse en lo puramente sociopolítico o económico. Los fieros guerreros abandonarán sus razzias para comerciar o simplemente para guiar el ganado de un territorio a otro en busca de pastos frescos. 

  • BELTRÁN LLORIS, F.; JORDÁN CÓLERA, C. Y SIMÓN CORNAGO, I. (2009): Revisión y balance del corpvs de téseras celtibéricas. Paleohispanica, 9: 625-668.
  • FERNÁNDEZ VEGA, P.A. y BOLADO DEL CASTILLO, R. (2011): Una nueva tésera de hospitalidad en territorio cántabro: el oso del castro de Las Rabas (Cervatos, Cantabria). Archivo Español de Arqueología 84: 43-50.
  • PERALTA LABRADOR, E. (1993): La tésera cántabra de Monte Cildá (Olleros de Pisuerga, Palencia). Complutum 4: 223-226.

6 mar 2013

Tirando de la cadena

A veces, la búsqueda de paralelos para determinados objetos que aparecen en una excavación arqueológica puede conducir a resultados un tanto pintorescos. Sobre todo si el objeto es tan simple y tan poco característico en su morfología como el que nos ocupa. Hablamos, en esta ocasión, de la cadena de bronce formada por eslabones en forma de 8 de la cueva de Riocueva, recuperada durante la excavación de 2011. Apareció en el Sondeo 2, bajo la base de una vasija de cerámica. Para recuperar un aspecto similar al que tuvo en origen ha sido sometida a un largo y delicado proceso de restauración, llevado a cabo por Alfredo Prada (gracias, gracias, gracias...).

Eslabones de cadena en el momento del hallazgo

Cadena de Riocueva después de la restauración
El primer sitio en el que comenzamos a buscar objetos similares fue en las necrópolis de época visigoda. Las encontramos en Duratón y Carpio de Tajo. Lo único que nos aportó esa búsqueda fue la confirmación de que, efectivamente, en esta época se utilizaban cadenas de aleaciones de cobre con eslabones en forma de 8. Y poco más, porque hay pocas cadenas, están bastante fragmentadas y no queda muy claro para qué se utilizaron.

Fragmentos de cadenas de Duratón (Molinero, 1971) y Carpio de Tajo (Ripoll, 1993-1994)
Como no quedamos demasiado satisfechos con la parca información que aportaban los hallazgos de la península Ibérica, echamos un vistazo más allá de los Pirineos. En la Galia merovingia hay algunos ejemplos que ofrecen un poco más de información, como la cadena de cintura (chaîne de ceinture) de la necrópolis de Hérouvillette, asociada a un individuo de sexo probablemente femenino. En otros lugares del país vecino se conocen objetos similares relacionados con cinturones, usados con fines ornamentales o para colgar cosas, como los que aparecen en la necrópolis de Longpre-les-Amiens o en la necrópolis de Saint-Sauveur.

Cadena de cintura de Hérouvillette
Cadenas y otros objetos metálicos de Longpre-des-Amiens
Cadena de Saint-Sauveur
Sin embargo, en territorios más orientales las cadenas de bronce con eslabones en forma de 8 tuvieron una finalidad distinta en la Antigüedad Tardía y la temprana Edad Media. Nos quedamos con dos ejemplos singulares.

Este tipo de cadenas eran utilizadas para colgar una lámpara del tipo conocido como polykandela, como la que se reconstruye el estudio sobre el vidrio de Hippos/Sussita (Israel). Eran lámparas utilizadas en edificios distinguidos y muchas están relacionadas con iglesias y otros edificios de culto. Incluso algunas muy parecidas siguen iluminando las mezquitas del norte de África y Próximo Oriente. Como detalle significativo, las cadenas se unen para colgar del techo con un gancho mayor. Y en Riocueva tenemos un gancho de este tipo... aunque nos faltan otras piezas y se nos hace un poco cuesta arriba pensar que hayan colgado en la cueva una lámpara de este tipo.

Reconstrucción de una polykandela de Hippos/Sussita (Israel) 
Lámparas colgando de cadenas en la mezquita del sultán Hassan, El Cairo (Egipto)
El otro ejemplo, bastante curioso, es un amuleto ávaro de la tumba 192 de Várpalota-Unió Homokbánya (Hungría), datado en el siglo VIII. Cuelga de una cadena similar a la de Riocueva. Aunque no podemos descartar que los muertos depositados en la cueva estuviesen acompañados con algún tipo de amuleto, no parece probable que fuese tan "aparatoso" como el que portaba este ávaro.

Amuleto ávaro de Várpalota-Unió-Homokbánya (Hungría)
¿Con qué interpretación nos quedamos? Lo razonable es suponer que la cadena tenga que ver con algún elemento del atuendo, ya sea colgando del cinturón para sujetar otro objeto (un cuchillo, quizá) o simplemente como adorno. Sin embargo, "tirar de la cadena" nos ha mostrado que las posibilidades son muchas y que se tienen que tener en cuenta otros datos sobre el contexto del hallazgo para poder relacionar forma y función de cada objeto. Y, como todavía no estamos del todo convencidos de para qué sirvió la cadena, aceptamos sugerencias...


1 mar 2013

Con aires de fosa común

El impresionante yacimiento arqueológico de Cruña (Aguilar del río Alhama), identificado con la antigua ciudad celtibérico-romana de Contrebia Leucade, guarda, en sus niveles más recientes, restos de una importante fase de ocupación altomedieval que llega hasta el siglo IX d. de C. Esos restos consisten, sobre todo, en numerosas estructuras de habitación que reaprovechan (y reforman parcialmente) las casas de época antigua, caracterizadas por tener una parte excavada en la roca; y se localizan, sobre todo, en la zona de la muralla situada al sur. En su interior se han recuperado abundantes materiales de época visigoda e islámica temprana, entre los que destacan las cerámicas, los útiles y herramientas y algunos elementos relacionados con la indumentaria, como un importante conjunto de broches de cinturón (algunos de ellos en proceso de amortización como fuente para la obtención de bronce).

Vista de la zona de la muralla sur, en la que se localizan los principales restos de época visigoda

En esta entrada me voy a centrar, brevemente, en un aspecto muy concreto del yacimiento (cuya visita recomiendo encarecidamente a quien se pase por esa zona de La Rioja: Amaya y yo estuvimos en la primavera de 2011 y tuvimos la enorme suerte de que fuese el propio director de la intervención arqueológica en el yacimiento, José Antonio Hernández Vera, quien nos lo enseñase) y de esos niveles tardíos: una más que curiosa "cámara sepulcral" localizada extramuros aunque casi inmediata a la muralla y, por tanto, muy cerca de las viviendas de época visigoda.

Amaya pasando junto a uno de los bastiones de la muralla, haciendo de escala y dirigiéndose hacia la "cámara sepulcral"

Se trata, en realidad, de la parte hipogea de una casa de la Edad del Hierro (o lo que es lo mismo, de una pequeña cueva artificial de las muchas que salpican el yacimiento) que fue reutilizada como lugar de enterramiento a inicios de la Edad Media. Reutilizada y, en un momento que no parece muy lejano en el tiempo al del inicio de ese uso sepulcral, completamente sellada con un muro de piedra en seco.

Aspecto actual del exterior de la "cámara sepulcral"
Y aquí, por dentro (la imagen es engañosa, porque parece mucho mayor de lo que es en realidad)
Aspecto que tenía el exterior de la cámara en el momento de su descubrimiento y excavación (obsérvense las medidas, gracias a los jalones que sirven de escala). La fotografía está sacada de Hernández Vera et alii, 2007

En el momento de su descubrimiento el suelo de esta pequeña cueva artificial estaba, literalmente, cubierto de restos humanos; en conexión anatómica los de los extremos (la zona de la entrada y la esquina opuesta) y desarticulados en varios grados la mayor parte, debido a los siempre simpáticos procesos postdeposicionales. En cualquier caso y para tratarse de un enterramiento múltiple de esta época y este tipo (en cueva, artificial, pero cueva), se trata de uno de los pocos casos en los que es posible hacerse una idea general de cómo fueron depositados los cadáveres. La cronología del conjunto ha sido establecida a partir de dos elementos: un broche de cinturón de placa rígida y una moneda de Witiza. El primero nos llevaría, a priori, a la primera mitad del siglo VII, aunque tengo más que serias dudas acerca de su posible perduración en el tiempo y su convivencia con los liriformes (hay una manera rápida y no demasiado científica de saberlo: si tiene hebijón de base escutiforme, suele ser antiguo; si lo tiene de base recta, puede llegar incluso a comienzos del siglo VIII). La segunda es, inequívocamente, de inicios del siglo VIII.

Restos humanos en el interior de la cámara (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)
Más restos humanos, estos en la rampa de acceso al interior de la cueva. Llama la atención la postura del situado más cerca de la "entrada", con todo el aspecto de haber sido arrojado al interior sin demasiados miramientos (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)

Sus descubridores han hecho una primera interpretación del yacimiento como un "panteón familiar" cuya secuencia de utilización vendría a ser la siguiente: en un primer lugar se realizarían algunos enterramientos más o menos al uso (los dos de la esquina contraria a la entrada y que pueden verse en la siguiente fotografía), en espacios delimitados por piedras (que a mí me recuerdan a las fosas con murete de los cementerios coetáneos); mientras que, después, los cadáveres irían siendo depositados de forma más desordenada. Estando de acuerdo completamente con esa reconstrucción de los hechos, no lo estoy con la interpretación, ya que lo que cuentan y, sobre todo, lo que se ve en las fotos se aleja mucho de lo que sería esperable en un panteón. A mí me recuerda, también mucho, a una sepultura de catástrofe, con muertos arrojados de cualquier manera al interior de la "cámara" (véase, por ejemplo, el fiambre de arriba a la izquierda en la última foto, con el brazo en la típica postura del que ha sido cogido por los sobacos para transportarlo), que funcionaría como una suerte de "fosa común", y que se amontonan en la zona más próxima a la entrada. Es cierto que los dos del fondo (los de la foto de abajo, que tienen toda la pinta de haber sido los primeros en ser depositados) sí que parecen haber sido colocados con cierto cuidado, así que habría que tratar de explicar esa curiosa evolución en la "vida" de este no menos curioso sepulcro.

Enterramientos "fundacionales" (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)

Tirando de imaginación pero tratando de ser fiel a lo que hemos visto y contado más arriba, aquí va una propuesta de reconstrucción: alguien muere (de forma más o menos rara y repentina) y se decide enterrarle en una de las muchas cuevas artificiales que hay en el lugar. Se le mete dentro, se le "acomoda" a la manera habitual en caso de fallecimiento (decúbito supino, en un espacio delimitado por piedras) y se tapia la entrada, dejando un medio de acceso por si fuera necesario volver. Al poco tiempo otra persona (quizá emparentada, por qué no) muere de lo mismo y se repite la operación, depositando su cuerpo junto al primero, de forma también más o menos ordenada. Sin embargo, de repente, la mortalidad se dispara en la comunidad y empieza a morir mucha gente en poco tiempo, lo que obliga a los vivos a tomar medidas drásticas: ya no se mete a los muertos en la cueva y se les deposita de forma ordenada, sino que se les tira de cualquier manera y se sella definitivamente la entrada. Y en algún momento de ese proceso, alguno de los enterradores considera que lo que está ocurriendo tiene un culpable y decide acabar con él de una vez por todas....
 
No. No se me ha ido la pinza. Si es que no habéis reparado en ello, volved a la última foto de la entrada y buscad el cráneo del muerto más antiguo (el de la izquierda). ¿Lo veis? Yo tampoco. En su lugar veo una enorme piedra que no ha podido caer desde ningún sitio y que a mí me parece que ha sido puesta allí de forma bastante enérgica. Sé que es bastante arriesgado decir esto sin haber aún una publicación en detalle del yacimiento, pero no se me ocurre otra explicación mejor (la piedra sigue allí, como también puede verse en otra foto un poco más arriba, por lo que sería sencillo comprobar si debajo hay un cráneo hecho trizas). Aplastar las cabezas de los enterrados en este tipo de yacimientos (cuevas sepulcrales con enterramientos múltiples) y en esta época (siglos VII-VIII) cuenta con muy buenos paralelos que veremos con detalle en una próxima entrada.Y, además, es una de las formas clásicas de acabar con un revenant y con sus andanzas, que en ocasiones tenían forma de pestilencia que iba diezmando a los vivos.
 
Por todo lo visto hasta aquí creo que la "cámara sepulcral" de Contrebia Leucade puede ser considerada, con todos los peros que se quiera, como un enterramiento múltiple de época visigoda en cueva. Y que ese enterramiento múltiple puede ser explicado como la consecuencia de una muerte catastrófica que afectó a los habitantes del lugar en uno o varios momentos hacia finales del siglo VII e inicios del VIII. Las imágenes publicadas recuerdan mucho más a una fosa común que a un panteón y creo que pueden servir perfectamente para hacernos una idea del aspecto que debieron tener algunas de las cuevas cántabras que estamos estudiando (Las Penas, Riocueva, etc.) antes que que el agua y las alimañas le dieran la vuelta a todo. En cualquier caso, habrá que esperar a la publicación en detalle de la cueva y sus muertos para saber si lo escrito aquí cuenta con bases firmes o no pasa de ser una mera (pero vistosa) elucubración.

20 feb 2013

365 días



Hoy se cumple un año desde que publicamos la primera entrada del blog y es el momento de hacer balance.

Con ésta son 114 las entradas que hemos conseguido terminar, un "ritmo infernal" de casi 10 entradas al mes. Teniendo en cuenta que, en la mayor parte de los casos, se trata de trabajos originales, habréis de reconocer que no está nada mal. Desde un primer momento era esa nuestra intención: contar cosas nuevas (o casi), compartir el avance de nuestras investigaciones y no ser un mero transmisor de noticias de actualidad.

En este año hemos tenido tiempo de dar una de las noticias arqueológicas del año en Cantabria, de publicar un libro, de volver a explorar Portillo del Arenal y Riocueva, de irnos de vacaciones, de que nos inviten a un congreso en Francia, de dar una conferencia como regalo de Reyes e incluso de ayudar a los vecinos. Hay quien ha encontrado un hueco hasta para tener una hija...

El número de visitantes que se han interesado por nuestro blog ha sido mucho mayor del que esperábamos en un principio. Ya hemos traspasado el umbral de las 21.000 páginas vistas por más de 4.200 visitantes individuales. Si pudiésemos, se lo agradeceríamos personalmente a cada uno, pero va a ser difícil, de modo que os tendréis que confirmar con esto: gracias a todos. Al menos una buena parte de los visitantes podrá recibir el reconocimiento, porque sabemos que sois fieles y que un 70% repite.

Muchos os habéis mostrado participativos, cosa que es de agradecer, realizando interesantes comentarios a los que hemos intentado responder. Si se nos ha quedado algo pendiente, pedimos disculpas. Especialmente comentadas han sido cuestiones como la "limpieza de sangre" de asturianos y montañeses, la entrada dedicada al texto de Gregorio de Tours que da nombre al blog y al proyecto, o las imágenes de la excavación de la cueva de Riocueva en 2011 (por cierto, gracias también a los colaboradores del proyecto).

Y como es una convención social ampliamente aceptada que al soplar las velas se pida un deseo, allá va el nuestro: volver a excavar en la cueva de Riocueva en 2013.



17 feb 2013

... in speluncis cum omni domo sua latitabant

A comienzos del siglo XII, para los habitantes de Galicia y de la Cornisa Cantábrica, el terror surgía del mar. Y no lo hacía, como estáis imaginando, en barcos con cabezas de dragón en la proa, llegados de las frías aguas del norte y atestados de tipos barbudos, altos y rubios, ávidos de pillaje. La muerte (o la esclavitud) venía navegando desde el sur y el oeste, desde las costas de las actuales Andalucía y Portugal, en las naves de los "piratas" musulmanes que asolaban a su antojo esta parte de la península Ibérica. Cuenta la Historia Compostelana que


Lo que, muy resumido y en castellano viene a ser que los "moros" de la costa situada entre Sevilla y Coimbra (que ya es costa, por cierto), al llegar el buen tiempo, montaban en sus naves, se hacían a la mar y lanzaban terribles incursiones de saqueo contra el litoral de los reinos cristianos del norte; concretamente, el situado entre la propia Coimbra y los Pirineos (el relato, escrito en Galicia, describe con cierta minuciosidad las comarcas más cercanas, mientras que despacha las más occidentales mencionando únicamente "otros territorios costeros de Asturias y la tierra de Santillana"). En el transcurso de esas razias por mar, los sarracenos asolaban las tierras, destruían iglesias, poblados y palacios y mataban o capturaban y esclavizaban a todo el que encontraban, fueran hombres, mujeres, adolescentes o niños. Y lo más interesante de todo: que para evitar correr esa pésima suerte, los campesinos que habitaban esas costas las abandonaban entre mediada la primavera y la mitad del otoño (la estación propicia para la navegación) o (y aquí viene lo mejor) "se ocultaban en cuevas con sus familias y pertenencias". Las cuevas naturales son escasas en Galicia, por motivos geológicos, pero muy abundantes en Asturias, Cantabria y el País Vasco, por lo que la segunda opción podría referirse a esos tres últimos territorios más que al primero.

 La Península a finales del siglo XII (Fuente: Wikipedia )

Hasta donde yo conozco, es una de las pocas fuentes documentales  (si no la única) que mencionan el uso de las cuevas del norte de la península como lugares de refugio temporal. Es más que probable que el relato de la crónica sea muy exagerado y que la situación que pinta no fuese tan desesperada. Pero también parece razonable pensar que sin duda existió un fondo de verdad (los piratas sarracenos y sus incursiones fueron reales, tanto que incluso los participantes en la II Cruzada colaboraron en la toma de una de sus principales bases, Lisboa, cuando iban camino de Tierra Santa en el año 1147) y que el asunto de las cuevas bien pudo suceder. Por tanto, ¿podrían estos ataques marítimos andalusíes ser la causa última de la presencia en algunas cuevas de Cantabria de materiales de cronología pleno-medieval? ¿Se habrían usado entonces algunas cuevas para que algunos de los habitantes medievales de nuestras costas se ocultasen de los piratas sarracenos?

Imagen sacada de este libro de David Nicolle y Angus McBride, de la editorial Osprey
 
Quizá conocer este testimonio escrito (que no suele ser muy utilizado, por cierto) pueda ayudar a entender mejor algunos de los contextos medievales en cueva de la Cornisa Cantábrica, concretamente los que pueden ponerse en relación con un uso habitacional de las cavidades en momentos de la plena Edad Media: yacimientos en los vestíbulos de cuevas de cierto tamaño, con abundantes fragmentos cerámicos (o vasijas completas), vestigios de hogares, restos de fauna, etc. De momento nos queda muy lejos meternos con las ocupaciones rupestres posteriores al siglo X pero, si lo hacemos algún día, lo tendremos muy en cuenta.


13 feb 2013

Ayudando a los vecinos: Arlanpe

Hace ya unos cuantos años nuestro colega, y sin embargo amigo, Joseba Rios nos hizo llegar unas fotos de un par de fragmentos de cerámica, cubiertos por una gruesa capa de concreción caliza, que había encontrado en la cueva de Arlanpe (Lemona, Vizcaya). Estaba excavando en esa cueva unos interesantes niveles paleolíticos y esa cerámica, que a él le parecía romana, no cuadraba con el resto del yacimiento. Y efectivamente, era romana... Sólo con ver la foto la identificación era sencilla, a pesar de estar "enmascarada": un cuenco de terra sigillata hispánica de la forma 37 tardía con decoración de grandes círculos que se podía fechar en torno a los siglos IV-V d. de C.

Cerámica romana de Arlanpe antes (izq.) y después (dcha.) de su limpieza
Lo que en principio era una simple consulta, se convirtió en una colaboración formal, y José Ángel y yo  acabamos incorporándonos al equipo de investigación del proyecto. Para animar más la cosa, el equipo recibió la beca de la Fundación Jose Miguel de Barandiaran en 2010. Lo cierto es que nos interesaba mucho conocer de primera mano cómo y por qué se usaron las cuevas en el País Vasco durante la época bajoimperial romana. Teníamos la esperanza de que el registro arqueológico de nuestros vecinos nos ayudase a entender mejor los yacimientos en cueva de Cantabria de época visigoda y medieval, pero de momento no hemos encontrado ninguna conexión significativa.

El caso es que nos liamos la manta a la cabeza y acabamos estudiando todos los materiales de época romana recuperados en la cueva: cerámica, vidrio, objetos metálicos, etc. recuperados durante las campañas de excavación realizadas hasta la fecha. Incluso nos atrevimos a visitar la cueva, y digo "incluso" porque hay que subir, trepar, engancharse para pasar una cornisa... vamos, que no es fácil.

La cueva en cuestión
Olla de cerámica común
Fragmentos de vidrio decorados
Cuchillo de hierro
Cuchillo de hierro (el mismo de la foto anterior) y punzón
Herrajes de bronce de una posible caja de madera
La mayor parte de los materiales de época romana habían sido depositados en dos pequeñas fosas excavadas en el suelo de la cueva y vueltas a rellenar una vez que cumplieron su función. En un principio pensamos que algunos restos humanos dispersos aparecidos en la cueva podrían tener que ver con el episodio de uso en época romana, pero su datación por 14C determinó que correspondían a sepulturas de la Edad del Bronce. No fue, por lo tanto, una cueva sepulcral de época romana. Es probable, sin embargo, que esos restos humanos participasen en las actividades llevadas a cabo por quienes cavaron las fosas. Según nuestra interpretación del yacimiento, se trataría de "fosas de ofrendas" relacionadas con algún tipo de ritual mágico-religioso de origen pagano. En ese ritual se depositaron recipientes de cerámica, de vidrio y una cajita de madera con herrajes metálicos, y se desarrollaron actividades de más compleja interpretación: se descuartizaron animales o piezas de carne, como atestigua la presencia de un cuchillo carnicero y huesos con marcas de corte, y quizá se escribió alguna cosa con el punzón de hierro hallado. Incluso los restos humanos prehistórico pudieron tener algún significado en el asunto. ¿Por qué todo esto se hizo en una cueva?  Puede haber múltiples razones. Por un lado, el ritual podría estar relacionado con divinidades ctónicas, más fáciles de "contactar" en el medio subterráneo. Por otra parte, si para el desarrollo del ritual eran necesarios huesos humanos, una cueva era un sitio muy apropiado para encontrarlos. Además, en un momento en el que la pujanza del cristianismo era cada vez mayor, es comprensible que se buscase un lugar tan escondido para realizar este tipo de actividades. Sabemos que muchas de las ideas que manejamos pueden ser consideradas más como conjeturas que como auténticas hipótesis, pero son lo suficientemente sugerentes como para exponerlas y compartirlas.

Fruto de esta colaboración "vecinal", hemos publicado un artículo sobre el uso de la cueva de Arlanpe en época tardorromana en Archivo Español de Arqueología en el que recogemos con más detalle descripciones e interpretaciones. A finales de año estará disponible, además, la monografía que recogerá los resultados de las investigaciones patrocinadas por la Fundación José Miguel de Barandiarán.

5 feb 2013

El broche de cinturón de la Galería Inferior de La Garma

En la tercera entrada de la serie sobre broches damasquinados de época visigoda dije que el ejemplar de la Galería Inferior de La Garma tendría una entrada monográfica, así que, aprovechando que por fin (año y medio después) se ha publicado el libro en el que se incluye el artículo sobre la pieza en el que Enrique y yo hemos colaborado (con Pablo Arias, Roberto Ontañón y Eva Pereda), aquí está.

El yacimiento arqueológico paleolítico de La Garma es de sobra conocido, así que no me detendré a contar nada sobre él, igual que con los de la Prehistoria Reciente. En cuanto a los restos de época visigoda de la Galería Inferior (y, en menor medida, de la Galería Intermedia), existe una curiosa explicación recogida en este mismo blog y que es muy recomendable ver (pincha aquí si aún no la conoces, inquieto lector, y disfruta de un viaje hasta las entrañas de la tierra trasmerana en "la Nave del Misterio"). Otra, más prosaica y quizá algo menos interesante, puede consultarse en este artículo publicado en Munibe hace un poco más de un año.

Resumiendo mucho (y bebiendo de la segunda fuente citada en el párrafo anterior), en la Galería Inferior de La Garma, a la que se accede tras descender dos simas lo suficientemente profundas como para matarte varias veces si te caes por ellas, se conservan los restos de 5 jóvenes de época visigoda cuyos cadáveres fueron depositados sobre el suelo de la cueva (después de bajarlos por las simas, claro está).

Simas de acceso a la Galería Inferior (izqda.) y a la Galería Intermedia (dcha.) de La Garma

Tanto la localización de los cuerpos, con 3 muy cerca del fondo de la sima y 2 en una sala situada más al interior, como las fechas de Carbono 14 que han proporcionado (las de los de más adentro algo más antiguas que las de dos de los otros 3) permiten hablar de, al menos, dos momentos de depósito de cadáveres separados entre sí por varias décadas: uno del siglo VII y otro de comienzos del VIII. Los dos situados al pie de la sima (el tercero de esa zona está algo más apartado, en un recoveco) fueron colocados juntos en un hueco pegado a la pared, probablemente en la posición que se ve en la siguiente ilustración (sin orden ni disposición habitual y recordando mucho a cómo se "echan" los muertos en las fosas comunes), aunque es difícil de asegurar porque, como también se observa en la ilustración, los huesos de los dos estaban hechos migas.



Localización del broche en la Galería Inferior y reconstrucción ideal de la posición de los dos cadáveres (según Etxeberria y Herrasti, inédito)
 
 Asociado a alguno de estos dos cadáveres se localizaba un broche de cinturón de hierro, completamente cubierto de óxido. La pieza, pese a su aparente mal estado de conservación, parecía estar completa, conservando hebilla, hebijón y placa. Esta última tenía aspecto de pertenecer al más que extenso (y variopinto) grupo de las "liriformes", omnipresente y casi exclusivo en la península Ibérica y el sudoeste francés entre mediados del siglo VII y el VIII e indiscutiblemente unido al mundo hispanovisigodo (incluyendo en ese término la poco hispana provincia de Septimania).


Detalle del broche en el lugar de su hallazgo, antes de la restauración

Todo (forma, contexto, cronología y algunos óxidos cúpricos que asomaban entre la roña ferruginosa) parecía indicar que nos encontrábamos ante una pieza con decoración damasquinada, del mismo tipo que la de Las Penas (de la que también habrá monográfico aquí próximamente) o la de Los Goros, pues, ¿quién iba a querer llevar puesto un broche de cinturón de hierro, sin decorar y que se oxide a las primeras de cambio? El paciente y esmerado trabajo de restauración llevado a cabo en el MUPAC por Eva Pereda, la restauradora de la casa, confirmó todas las sospechas y dejó bien claro que estábamos ante una verdadera joya de la toréutica altomedieval peninsular. Bajo el óxido de hierro que envolvía la pieza se escondía una esmerada decoración a base de latón dorado y plata, ambos en forma de chapas aplicadas sobre la superficie del hierro e hilos embutidos en éste.

Anverso, perfil y reverso del broche (Fotografía: L. Teira, publicada en Arias et alii, 2012)

Esa decoración puede resumirse de la siguiente manera:

- un motivo principal, formado por una cruz griega flanqueada por dos dírculos radiados que ocupa todo el cuerpo central de la placa y el extremo distal ultrasemicircular, adaptándose perfectamente a éste uno de los círculos

- otros pequeños motivos cuadrados, con 4 chevrones dobles afrontados que confluyen, desde los 4 lados, en un punto situado en el centro y que se localizan de la siguiente manera: uno en la base del hebijón, uno en cada uno de los cuadrantes que hay a los lados de la cruz central y otro en el apéndice del extremo distal

- la decoración a base de finas líneas paralelas que cubre tanto los dos apéndices de sujeción del pasador, en el extremo proximal de la placa, como la hebilla.


Vista frontal del broche, con detalle del hebijón y la hebilla

En cuanto al motivo principal, desde un principió parecía evidente que nos encontrábamos ante un ejemplo de decoración de tema cristiano, con una cruz situada en un lugar central. La presencia de cruces decorando placas de cinturón de época visigoda no es rara y, además, contábamos con el ejemplo cercano, una vez más, del broche damasquinado de Las Penas. Sin embargo, en este caso la composición era muy particular, con los dos grandes círculos radiados flanqueando a la cruz, y remitía como paralelo relativamente próximo a la decoración escultórica de algunas iglesias de época visigoda. Sinificativamente, a la de San Pedro de la Nave, en la provincia de Zamora, datable en la segunda mitad del siglo VII a partir de las fechas de Carbono 14 que han proporcionado diferentes maderas constructivas utilizadas en su fábrica (las grapas de madera de roble, de forma inequívoca y la viga de pino con más dudas y mucho más debate), aunque haya varios investigadores que lleven ya más de una década empeñados (con una energía digna de admirar pero merecedora de mejores "causas" arqueológicas, en mi opinión) en llevar su fecha de construcción al siglo X. Dejando al margen esas cuestiones, lo cierto es que en algunos de los relieves de ese templo zamorano pueden verse composiciones formadas por una cruz central (inscrita en un círculo en ese caso) flanqueada por ruedas radiadas, aunque con radios curvos.

Decoración  de una de las puertas de la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora)

Sin embargo, los paralelos más cercano que hemos encontrado para ese motivo decorativo no está en la península Ibérica ni en el mundo (hispano)visigodo, sino más allá de los Pirineos. Concretamente en la Francia merovingia, en dos broches de cinturón de bronce, de tipo "burgundio", procedentes de Yvoire y La Balme, respectivamente. En ellos la escena principal representada en el centro de su placa son un hombre y una mujer en posición orante, con los brazos hacia arriba pero, en su extremo distal, encontramos un motivo idéntico al del broche de La Garma; sólo que, en estos dos casos, está dispuesto de forma vertical. Al aislarlo y colocarlo en horizontal podemos comprobar ese gran parecido: una cruz griega en el centro flanqueada por dos círculos radiados, uno a cada lado. Incluso los cuadrantes de los lados de la cruz presentan motivos decorativos (en ambos casos un círculo con un punto central), al igual que ocurre en el ejemplar cántabro. Las placas de Yvoire y La Balme (salta a la vista) presentan una decoración de innegable carácter cristiano y la presencia en ellas del mismo motivo que decora la de La Garma refuerza ese carácter cristiano también en este último caso (a lo que habría que sumar el ejemplo de San Pedro de la Nave visto más arriba). Por tanto y como primera conclusión del análisis de la decoración de la pieza, puede sostenerse que se trata de un broche con decoración cristiana y que esa decoración encuentra sus mejores paralelos, de momento, en el mundo norpirenaico.

Broche de cinturón merovingio de Yvoire (Francia) y detalle del motivo lateral derecho

Acerca de los motivos cuadrados con chevrones, lo cierto es que no hemos encontrado paralelos exactos, aunque sí uno que se da bastante aire. Concretamente, un par de brazaletes bizantinos, procedentes de Egipto, que se conservan en el Museo Benaki de Atenas. En estas piezas, que también son de hierro y tienen decoración damasquinada, pueden observarse esos cuadrados con una decoración similar, aunque en este caso ésta es más sencilla y no llega a formar chevrones, limitándose a líneas oblicuas incisas que salen de las cuatro esquinas y convergen en un punto situado en el centro.

 Brazalete bizantino de hierro con decoración damasquinada del Museo Benaki de Atenas (http://www.benaki.gr/index.asp?lang=es&id=10101)

Finalmente, merece la pena comentar un par de cosas sobre las líneas paralelas que decoran los dos apéndices de sujeción del pasador, en el extremo distal de la placa. En primer lugar, que se trata de un tipo de decoración que está completamente ausente en los broches liriformes peninsulares, a excepción, únicamente, de otros ejemplares damasquinados como, por ejemplo, el de Los Goros. Y que, por el contrario, esas líneas que parecen querer imitar una bisagra son relativamente frecuentes en los broches de cinturón norpirenaicos de tipo burgundio; tanto en los de bronce como en los trabajados en hueso (que también merecerían entrada aparte por su "conexión cántabra", por cierto).
 
Detalle de la decoración de líneas imitando bisagras en el broche de cinturón de La Balme (Fuente: http://lespierresdusonge.over-blog.com/pages/LES_IDEES_DE_LA_MORT-1391648.html)
 
En conclusión, el broche de la Galería Inferior de La Garma es una pieza de finales del siglo VII, o ya del VIII, de un tipo específicamente peninsular pero en la que confluye una doble influencia: por un lado la continental, llegada de la Francia merovingia; y por otro la bizantino-mediterránea. Y cuya decoración presenta un inequívoco e indiscutible carcácter cristiano que hace muy difícil relacionar su presencia en la cueva (acompañando a los restos de un joven que en vida, sin duda, profesó esa religión) con alguna extraña e ignota práctica funeraria pagana.