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2 may 2016

Entrevista con el vampiro

No es la primera vez que el periodismo especializado en el misterio o en lo desconocido se interesa por nuestras investigaciones relacionadas con los contextos funerarios atípicos del final de la Tardoantigüedad y los inicios de la Edad Media. En 2013 fue el programa radiofónico Milenio 3 el que entrevistó a José Ángel y en 2014 un equipo del programa de TV Cuarto Milenio visitó Las Penas y Riocueva para realizar un reportaje.

Nunca imaginamos compartir cartel con semejante pandilla, es inquietante.
En esta ocasión ha sido el programa de radio on-line Nueva Dimensión, conducido por el cántabro Juan Gómez, el que nos ha invitado a hablar de nuestro trabajo. Son 40 minutos de entrevista a José Ángel, que se está convirtiendo por derecho propio en el portavoz radiofónico del Proyecto Mauranus en la que se abordan diversos temas. Aunque el interés fundamental del entrevistador eran los vampiros, ha habido tiempo para contar cosas mucho menos «misteriosas», para hablar de Arqueología y para explicar de forma detallada la complejidad metodológica de un proyecto  en el que colaboran diversos especialistas y en el que se abordan líneas de investigación muy diversas, desde la antropología, la carpología o la antracología, pasando por el estudio analítico del vidrio, de los metales o el empleo de diversas técnicas de datación absoluta, además del trabajo arqueológico propiamente dicho. Es cierto que en la interpretación de las prácticas sepulcrales y post-sepulcrales manejamos conceptos que se alejan un poco de la investigación tradicional, como la necrofobia o las supersticiones relacionadas con ancestrales creencias en los no-muertos, pero son temas que tratamos siempre desde el rigor científico y así queda plasmado durante la entrevista. Quizá los amantes del misterio hayan quedado decepcionados por nuestro enfoque, con poco vampiro y mucho método.



Lo cierto es que estamos más contentos con esta experiencia mediática que con otras anteriores en el ámbito del «misterio». En esta ocasión se ha respetado el contenido íntegro de la entrevista, no son los clásicos «cortes» seleccionados que tienden a alterar los conceptos y el entrevistador no ha insistido demasiado en llevar las respuestas a su terreno.

Como ya hemos repetido con ocasión de la colaboración en otros programas de periodismo de lo desconocido, no somos demasiado aficionados a este enfoque. Más bien al contrario, somos tirando a escépticos. Sobre todo porque, cuando tratan temas relacionados con la Arqueología, buscan siempre el lado más sensacionalista y estrambótico. Manejan siempre explicaciones que recurren a lo paranormal, lo misterioso y lo inquietante basadas, con frecuencia, en análisis superficiales o directamente en el puro desconocimiento. Convierten todos los «molinos» en «gigantes» y transmiten a la sociedad una visión distorsionada de la disciplina. El problema es que hay veces que ese tipo de programas son la única ventana que se abre a algunos proyectos, En nuestro caso son este tipo de periodistas los que han venido a buscarnos, los que se han interesado por nuestras investigaciones y nunca los medios «serios». La atención que hemos logrado por parte de la prensa «no misteriosa» ha sido por nuestra insistencia y poniéndonos al borde del sensacionalismo, tirando de «gran hallazgo». Lo más que han hecho ha sido interesarse por nuestra visión romántica para contraponer nuestra labor a la de los «profesionales» y poco más. Estaremos encantados cuando nos llamen del «más acá» pero, de momento, sólo se interesan desde el «más allá». Y nuestra política de comunicación pasa por atender a todos los que nos quieran escuchar, siempre que nos dejen explicarnos y hablar de nuestro proyecto, no sólo de vampiros. Y así ha sido en Nueva Dimensión.

17 abr 2016

Fires in the Dark

Como ya habíamos comentado días atrás, el Proyecto Mauranus, en colaboración con Inés L. López-Dóriga y María Martin Seijo, ha participado en el encuentro internacional Wood and Charcoal: Approaches from Archaeology, Archaeobotany, Ethnography and History, celebrado en Braga (Portugal) los días 15 y 16 de abril de 2016, con un póster sobre Riocueva. Como ninguno de nosotros dos pudo desplazarse a la villa bracaerense e Inés está en la «pérfida Albión», tuvo que ser María la encargada de defender nuestra contribución. Desde aquí le damos las gracias de todo corazón, que bastante tenía ya con organizar la reunión y defender una comunicación y otros dos pósters.

Nuestro póster sobre Riocueva para Wood and Charcoal

La propia María nos ha transmitido las impresiones recogidas sobre el terreno. Según nos cuenta, el póster fue un éxito, la gente estaba muy interesada en el proceso de manipulación de los cadáveres y el «saquito» lleno de semillas fue una de las cosas más comentadas. Seguro que su parte, la que se centraba en el estudio de los carbones y maderas, también despertó interés, pero por pura modestia lo ha omitido de la crónica... 

El póster en Braga (Foto: MMS)

Ha sido un placer trabajar a ocho manos con estas dos investigadores. Ahora nos queda preparar la versión para publicación, que seguramente será recogida, junto con el resto de las contribuciones presentadas en la reunión, dentro de un número monográfico de la revista Estudos do Quaternário/Quaternary Studies. Este trabajo expondrá con más detalle los resultados del estudio antracológico y xilológico que ha sido financiado con los fondos concedidos al Proyecto Mauranus por la Consejería de Educación, Cultura y Deporte del Gobierno de Cantabria en la convocatoria de actuaciones arqueológicas de 2015. 

Si alguien está interesado en descargarse el póster en PDF para leerlo con mejor calidad y apreciarlo con más detalle o incluso colgarlo en el salón de casa, aquí lo tiene:


Fires in the Dark - Wood and Charcoal, Braga 2016



2 jun 2013

The (Medieval) Walking Dead (6): el documental

En 2011 la productora Quickfire Media, en colaboración con National Geographic Channels, realizó un documental titulado Vampire Skeletons Mystery que ha sido emitido por National Geographic Channel UK. También el canal franco-alemán Arte, que a muchos os sonará por La noche temática de La 2 de TVE, ha emitido una versión traducida al francés, denominada Vampires et morts-vivants au Moyen Âge.  Como deja entrever el título, está dedicado a uno de los temas favoritos de este blog: los muertos vivientes medievales y las "soluciones" que se aplicaban para que no molestasen a los vivos.

El gran protagonista del documental es un esqueleto con una piedra en la boca del yacimiento irlandés de Kilteasheen, datado en el siglo VIII que ya había tenido su momento de gloria en este blog. Para completar aquella entrada dedicada a los "mascapiedras", recomiendo vivamente el visionado del documental. De momento no hay traducción al español, pero he localizado las dos versiones, una en francés y otra en inglés. Ambas son fáciles de entender con un conocimiento básico del idioma. Además de tratar el tema de los deviant burials documentados por los arqueólogos, rememora las narraciones clásicas de la literatura medieval británica sobre "muertos vivientes" y ofrece al final una truculenta historia sobre el tratamiento aplicado a un "muerto viviente" rumano hace unos años, similar al que se empleaba en la Edad Media.

VERSIÓN INGLESA


VERSIÓN FRANCESA

21 may 2013

The (Medieval) Walking Dead (5): quebradores de cabeza(s)

Después de bastantes meses alejado de él (no del todo en realidad, como recordarán los lectores fieles del blog) vuelvo con esta entrada al siempre sugerente tema de los "muertos vivientes medievales", concretamente para hablar de una variante de una de las formas clásicas de acabar con ellos: la destrucción de su cabeza.

Tanto las propias citas medievales (algunas en Caciola, 1996) como los ejemplos de época moderna y contemporánea recogidos en la bibliografía sobre el tema  (básicamente en Barber, 1988) dejan claro que, si quieres terminar con la amenaza de un "retornado", lo primero que debes hacer es abrir su tumba (o, en su defecto, visitar el lugar en el que reposa su cuerpo) y cortarle la cabeza; algo que parece sencillo pero que no lo es tanto: hay que tenerlos muy bien puestos para hacerlo (¿o no?). Si eso no funciona siempre quedan otros recursos más expeditivos, como quemarlo (y este dato podría ser importante), aunque suele valer con la decapitación. Las dos cosas, en el orden en el que las he citado, también son frecuentes. La fijación por la cabeza parece indicar que es en ella donde reside la fuerza "vital" (vaya un contrasentido) del revenant y separarla del cuerpo se convierte en algo obligado: si no hay cabeza no hay "muerto viviente" y todo el mundo puede volver a sus quehaceres y respirar tranquilo (ya hemos visto en otra ocasión cómo los "retornados" no se dedican precisamente a pasear por las noche y asustar a los niños de los contornos, que también, sino que siembran el terror entre los vivos y propagan epidemias que diezman a la población). Por lo general, una vez seccionada la cabeza, con enterrar ésta en otro lugar o simplemente con situarla a los pies del cadáver debería valer. Rápido y limpio.

La variante consistente en aplastar el cráneo con una gran piedra (u otro objeto pesado y contundente, añadiría yo) no parece que haya gozado de gran predicamento entre aquellos valientes decididos a terminar para siempre con esas incómodas amenazas de ultratumba, aunque tampoco es por completo desconocida en la literatura al respecto. Así, Barber (1988: 79) señala, por ejemplo, que en la Krajina "existía la costumbre de arrojar una piedra pesada sobre la cabeza del sospechoso de ser un vampiro" (la traducción es mía).

Acercándonos más a nuestro ámbito de estudio (la arqueología) hay que comenzar diciendo que los hallazgos que han sido interpretados en clave "vampírica" o "revenántica" suelen consistir en tumbas con muertos decapitados (o mutilados de alguna otra forma), con piedras en la boca, dispuestos en decúbito prono, inmovilizados con grandes piedras o clavados (sí, con clavos metálicos) al suelo. Es raro encontrar cráneos aplastados, aunque hay algunos ejemplos muy significativos, como el de la foto:

Aspecto del cráneo del sujeto inhumado en una de las tumbas de la necrópolis de Modrá (República Checa) (Fotografía sacada del blog Magia Posthuma)

O este otro, en el que además de aplastarle la cabeza con una gran piedra también hicieron lo propio con los pies, inmovilizando completamente al difunto:

Enterramiento altomedieval de la necrópolis de Na Týnici (Bùdec, República Checa) (Stefan y Krutina, 2009)

Llegados a este punto, el siempre astuto lector del blog estará pensando algo así como "ya, todo esto está muy bien, pero son cosas del centro-oriente de Europa y todo el mundo sabe que en esas latitudes el asunto de los vampiros ha sido muy típico hasta hace cuatro días. ¿Y aquí? ¿Qué hay de lo de aquí?". Pues bien: aquí, en la Península, también hay algunos casos que parecen claros, como veremos brevemente a continuación, antes de meternos con "nuestros" muertos cavernícolas cántabros. Silvia Alfayé (2009) recoge numerosos ejemplos peninsulares de época antigua (y también alguno extrapeninsular altomedieval) en su magnífico trabajo dedicado a estos temas, por lo que es más que recomendable leerlo para ir poniéndose en situación (hay algún caso de aplastamiento de cráneo y también mutilaciones varias e inmovilizaciones de cadáveres). Existen otras referencias dispersas por la bibliografía que remiten a contextos protohistóricos, algunas de ellas con cabezas aplastadas de forma intencionada (un ejemplo canario aquí y otros peninsulares aquí y aquí). No es este el lugar para entrar en detalles, así que me limitaré a señalar algunos casos llamativos de cronología medieval.

Encontramos lo que parece un buen ejemplo de este tipo de práctica en un enterramiento infantil (realizado en el interior de una vivienda, como era habitual) de la aldea altomedieval catalana de Sant Miquel de la Vall (Antes en Lleida, ahora en Alt Pirineu i Aran). En palabras de su publicador, "se aplastó intencionadamente el cráneo y se trató de inmovilizar el muerto en el subsuelo, como en un intento de inmovilizar asimismo su espíritu, de acuerdo con resabios paganizantes" (Riu, 1982: 13). El cráneo de otro niño enterrado en la misma vivienda, aun sin piedra sobre él, también parecía presentar evidencias de haber sido aplastado.

Imagen del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)

 Dibujo del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)

Otro tanto parece haber ocurrido con el "muerto fundacional" de la cámara subterránea utilizada como lugar de enterramiento (quizá colectivo en un principio pero claramente múltiple después) en Contrebia Leucade (Aguilar de Río Alhama, La Rioja), como ya comenté en la entrada dedicada a tan interesante conjunto funerario.

Inhumación con pedrusco sobre la cabeza en Contrebia Leucade (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)

Existen más referencias peninsulares de cronología medieval, pero terminaré por ahora con un último ejemplo, esta vez de rito islámico: un enterramiento descubierto en el casco urbano de Alhama de Murcia y en el que la cabeza del inhumado aparecía aplastada por una gran piedra (Ramírez Águila, 1998).

Enterramiento islámico de la calle La Corredera (Alhama de Murcia) (Ramírez Águila, 1998)

Llegando a Cantabria y, más concretamente, a las cuevas con uso funerario en época visigoda, conviene detenerse en primer lugar en La Garma (Omoño, Ribamontán al Monte), en su archiconocida "Galería Inferior". Y conviene hacerlo por dos motivos principales: porque fue el primer yacimiento en el que se pudo observar ese "fenómeno" por parte de sus responsables (aunque la ausencia de paralelos conocidos lo dejó en un mero comentario) y, sobre todo, porque es el único que, gracias a sus excepcionales características, se encuentra apenas alterado. Ninguno de los cráneos de los cinco individuos depositados en la "Galería Inferior" se conserva intacto. De hecho, todos están hechos trizas, incluso en los casos en los que el resto del esqueleto se ha conservado relativamente bien. Además, en uno de ellos (quizá en dos) todo apunta a que la piedra utilizada para tan macabra tarea sigue en el lugar en el que la dejó el "quebrador", junto al fruto de su trabajo.

Imagen del cráneo destrozado del individuo nº 1 de la Galería Inferior de La Garma

Imagen de los restos del individuo nº 3 de la Galería Inferior de La Garma. La mancha blanquecina son los restos casi hechos polvo de su cráneo, junto al (y debajo del) bloque con el que presumiblemente fue machacado aquél (Fotografía: Etxeberria y Herrasti)

El segundo yacimiento donde se detectó un comportamiento extravagante relacionado con los cráneos de los muertos fue la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos). Durante su excavación pudo comprobarse cómo las calaveras (que hasta entonces no habían aparecido junto al resto de los cuerpos) parecían haber sido agrupadas en una pequeña galería lateral (bautizada por ello como "Galería de los Cráneos"), hechas trizas con algún objeto contundente (sólo se recuperaron pequeños fragmentos) y quemadas. Es muy probable que en el momento de la quema, que se hizo con el hueso ya seco, también se quemasen los abundantísimos granos de cereal recuperados en ese mismo lugar, uno de los cuales proporcionó una fecha de Carbono 14 que, aunque coincide en gran medida con las obtenidas de huesos humanos y los restos de cuero de un cinturón, podría ser varias décadas posterior. En otra entrada vimos que la quema de grano donde hay muertos puede responder a una práctica necrofóbica, de origen precristiano, que fue perseguida por la iglesia durante la Alta Edad Media, tal y como queda patente en numerosos libros penitenciales ya desde el siglo VII. Es muy probable pues que, en Las Penas, se realizase a la vez que la destrucción de los cráneos, formando parte de un mismo ritual.

Imagen de la excavación de la Galería de los Cráneos de Las Penas. Junto a otros restos humanos y algunos objetos metálicos se observa la presencia de fragmentos de cráneo quemados, identificables en la foto por su color negruzco (Fotografía: Serna y Valle) 

Finalmente, hay que reseñar que, en la excavación que dirigimos en 2011 en Riocueva (Hoznayo, Entrambasaguas) los autores de este blog, obtuvimos serios indicios de que en su interior había tenido lugar algo muy parecido a lo de Las Penas. No localizamos ningún cráneo, pero sí que encontramos numerosos fragmentos quemados. De hecho, todos los fragmentos de cráneo que recuperamos habían sido sometidos a la acción del fuego con distintos grados de intensidad, tal y como revelaban sus coloraciones, que iban del negro parduzco al gris casi blanco. En este caso la quema parece que no se llevó a cabo en una única zona ni fue tan selectiva, ya que también había otros huesos quemados (quizá porque estuviesen cerca de los cráneos cuando alguien encendió la lumbre). La ausencia de un nivel de carbones de cierta entidad nos permite sospechar que para hacer el fuego, que tuvo que alcanzar los 600 grados centígrados, se utilizó alguna sustancia inflamable (quizás algún tipo de aceite o resina). Como ocurría en el caso anterior, un conjunto de cereal carbonizado (en esta ocasión en un saquito o similar) acompañaba a los huesos, por lo que puede hacerse extensible a Riocueva lo señalado en las últimas líneas del párrafo dedicado a Las Penas.

Fragmentos de cráneo quemados, junto a otros restos humanos y de fauna, en Riocueva.

Relacionar estos tres casos cántabros con los que hemos visto más arriba y con su explicación "necrofóbica" resulta muy tentador (entre otras cosas porque es realmente difícil encontrar una interpretación alternativa para este tipo de comportamiento y porque la repetición hace que pueda excluirse la explicación casual debida a extraños procesos postdeposicionales de origen natural). En el estado actual de nuestras investigaciones yo estoy casi absolutamente convencido de que la destrucción (y quema en dos de los  casos) de los cráneos de los muertos localizados en La Garma, Las Penas y Riocueva tuvo como fin la eliminación de la potencial amenaza que, por el motivo que fuera, suponían aquéllos para la comunidad a la que pertenecían en vida. Sería sólo una de las varias medidas que parecen haberse tomado en ese sentido, entre las que destacan su propio depósito en zonas muy interiores de cuevas, de acceso complicado (complicadísimo en el caso de La Garma); o la quema de grano junto a (o sobre) ellos. Quizá otra prueba más, en este caso cántabra, de lo arraigada que llegó a estar en la Edad Media la idea de que algunos muertos, en determinadas situaciones, podían volver a caminar entre los vivos. Y no precisamente para hacer el bien.

10 jul 2012

The (Medieval) Walking Dead (4): "Mulier si grana arserit..."

"Mulier si grana arserit ubi mortuus est homo pro sanitate viventium I annum poeniteat" ("Si una mujer quemase granos donde hay un hombre muerto para [garantizar] la salud de los vivos, cumplirá un año de penitencia").

Esta cita, extraída del Penitencial de Silos (de finales del siglo X), nos ilustra acerca de una costumbre de origen pagano  relacionada con los muertos y prohibida por la Iglesia ya desde la Alta Edad Media: la quema de granos de cereal en presencia de cadáveres, con el fin de asegurar el bienestar de los vivos, en lo que parece un claro ejemplo de práctica necrofóbica. Su existencia está recogida en algunos penitenciales británicos del siglo VII, aunque las copias que han llegado hasta nosotros sean del XI. Las referencias a ella en el llamado Scriftboc, falsamente atribuido a Egberto, y en el de Theodoro (ambos pueden leerse en esta magnífica páginade la que he sacado las citas y las traducciones al inglés actual) son las siguientes:

"Whoever burns grain in a place where a man died in order to give health to living men and to the house, he is to fast five years" ("Quien queme granos en un sitio donde haya muerto un hombre para conseguir salud para los vivos y la casa tiene que penar cinco años").

"Whoever burns corn for the health of the living where dead men are buried must fast for seven years" ("Quien queme grano para [garantizar] la salud de los vivos donde está enterrado un hombre muerto debe penar por siete años").

Terminaré el repaso (no exhaustivo) a las referencias a esta curiosa práctica con los decretos de Burcardo de Worms (he sacado la cita de este interesantísimo artículo de César Raña Dafonte), autor alemán a caballo entre los siglos X y XI que utiliza la mayor parte de los penitenciales anteriores a su época y que también recoge la costumbre:

"(...) vel incendisti grana ubi mortuus homo erat (...)?" ("¿(...) o quemaste granos donde había un hombre muerto (...)?"

Como podemos ver, quemar granos donde había cadáveres para garantizar el bienestar de los vivos (¿impidiendo ritualmente a aquéllos volver para hacer daño a estos?) parece haber sido una costumbre bastante extendida en Europa occidental durante la Alta Edad Media. De los territorios anglosajones en el siglo VII a la Castilla o la Renania a finales del X, esta práctica de origen precristiano era perseguida por la Iglesia, que la incluía entre las costumbres relacionadas con el paganismo, la magia y la adivinación (que venían a ser manifestaciones de un mismo fondo "diabólico", por supuesto).

Una vez sabido esto, no resulta demasiado complicado poner en relación estos testimonios escritos con algunos hallazgos arqueológicos realizados en cuevas cántabras utilizadas como lugar de enterramiento múltiple en época visigoda, concretamente en algunos momentos de los siglos VII y VIII. Se trata de los restos de trigo carbonizado de la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos) y de los granos de cereal quemado que descubrimos en Riocueva (Hoznayo, Entrambasaguas) durante la intervención arqueológica que llevamos a cabo en esa cavidad el año pasado.


Granos de trigo carbonizados en la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos) (Fotografía: Serna y Valle)

En ambos casos, los restos de grano quemados parecen haber estado asociados a los cadáveres, aunque las condiciones de conservación de los huesos humanos en ambos casos (desarticulados y desplazados en gran parte de su posición original por efecto del agua y/o de la acción de diversos animales) impiden realizar mayores precisiones. Uno de los granos de trigo de Las Penas fue fechado por Carbono 14 AMS, arrojando una fecha de 1250 ± 30, que, calibrada a 2 sigmas, se sitúa entre mediados del siglo VII y mediados del IX; aunque centrada en el VIII. Esta fecha parece ligeramente más tardía que las otras tres obtenidas en la cavidad (todas ellas pueden verse en la publicación de la intervención arqueológica, dirigida por Ángeles Valle, aquí), por lo que quizá pudiera ser algo posterior al depósito de los muertos en su interior; aunque los márgenes de error de todas ellas se solapan, no permitiendo ir más allá en ese sentido. De ser así y haber sido quemado cierto tiempo después de haber dejado allí los muertos, habría que relacionar este trigo carbonizado con otra curiosa costumbre detectada en ese yacimiento y de la que trataré con más detalle en una futura entrega de T(M)WD. De momento, sólo diré que pensar en ello me levanta cierto dolor de cabeza...

En cuanto al cereal carbonizado de Riocueva, como aún está en estudio no comentaré ahora aquí gran cosa. Únicamente, creo necesario insistir en que su propia existencia en ese contexto lo relaciona de forma clara con el ejemplo anterior y permite explicar ambos como manifestaciones del ritual atestiguado por esas fuentes escritas medievales de las que hemos hablado más arriba.


Restos de cereal carbonizado procedentes de la cueva de Riocueva (Hoznayo, Entrambasaguas)

El siguiente paso obligado consiste en tratar de encontrar restos equivalentes en otros yacimientos similares. Aunque la cosa será complicada, dado su estado de conservación o la antigüedad de las intervenciones realizadas y la parquedad de los datos publicados, ya puedo adelantar un dato que dejé caer en la entrada sobre los fragmentos de molino de la cueva de Los Hornucos (Suano, Campoo de Suso). Cuenta Carballo en su publicación que "En uno de los primeros anchurones de la gruta, llamado por los obreros el cenizal, a mano derecha y sobre la estalagmita, existe una gran cantidad de trigo carbonizado, que gracias a esto se conserva todavía bien: todo induce a suponer que allí cocinaron, pues abundan los vestigios de fuego" (Carballo, 1935: 245). Con la obligada prudencia, pues no sabemos nada más acerca de ese curioso hallazgo (ni siquiera si se conserva o no, ni, por supuesto, cuál es su cronología; pues ese tipo de hallazgos tampoco son infrecuentes en contextos en cueva de la Prehistoria Reciente), resulta imposible no pensar en lo que acabamos de ver, en los restos muy similares de Las Penas o Riocueva. El ilustre prehistoriador y arqueólogo pensó, al tener noticia de esos materiales, que eran vestigios de algún tipo de actividad culinaria. Sin embargo, ahora sabemos que existe la posibilidad de que haya que interpretarlos en el marco de actividades rituales altomedievales relacionadas con los muertos (y la asociación de ese trigo quemado con restos de hogueras en una zona interior de la cueva, tal y como expone Carballo, podría ser un indicador fiable en ese sentido). En cualquier caso, sólo una datación absoluta de alguno de esos granos, si es que todavía existen, permitirá aclarar esas dudas.

Llegados a este punto, queridos y astutos lectores del blog, toca recapitular. Ya sabéis: si no queréis enfadar a los muertos, llevad siempre un puñado de grano, alguna sustancia inflamable y un chisquero en la faltriquera. Y estad dispuestos a hacer algo de humo donde repose un cadáver. No cuesta tanto y se asegura uno bienestar y salud para él y los suyos...


El tema da para mucho más, pero tendréis que esperar a mi tesis doctoral (si es que la escribo algún día, que esa es otra...) para profundizar en él. O eso o investigarlo por vuestra cuenta, por supuesto.











14 abr 2012

The (Medieval) Walking Dead (2): mascando piedras

Ahora que ya sabemos que los muertos "reviven" y nos visitan, conviene tener presentes algunos trucos para ponérselo más difícil. Una de las formas de prevenir el retorno de un cadáver parece haber sido la colocación de algún tipo de objeto en su boca. P. Barber, en la página 47 de su imprescindible Vampires, Burial and Death. Folklore and Reality, pone algunos ejemplos: fragmentos de cerámica, monedas, tierra, libros. El porqué no queda claro, ya que, aunque resulta que, según una opinión muy extendida en la Europa preindustrial, los muertos mastican (sí, sí, mastican), esas cosas que se meten en sus bocas al enterrarlos y que tienen como función evitar que hagan daño a los vivos pueden servir tanto para que las masquen (y así se entretengan) como para evitar que muerdan y se devoren a sí mismos o a otros cadáves. O a los vivos...

Esa curiosa costumbre de los muertos en sus tumbas (íntimamente relacionada con epidemias de peste, por cierto) motivó incluso la redacción de al menos dos tratados con ese título: Dissertatio Historico-Philosophica De Masticatione Mortuorum, de F. Rohr (1679) y De Masticatione Mortuorum In Tumulis, de M. Ranft (1728). En ambos (aunque el primero trate de demostrar la mano del demonio en estos hechos y el segundo busque explicaciones racionales) se cita la costumbre de introducir monedas y/o piedras en la boca de los difuntos para evitar esa masticación. A modo de ejemplo, el capítulo nº 59 de la obra de Ranft se titula "Las piedras y las monedas colocadas en la boca de los difuntos (...)"

Recientemente una noticia arqueológica saltó a los grandes medios de comunicación: entre los numerosos cadáveres altomedievales excavados en la necrópolis irlandesa de Kilteasheen había tres que mostraban evidencias de prácticas necrofóbicas (en realidad la prensa no lo dijo así, sino que habló de "miedo a los no-muertos" o, más vistosamente, de "esqueletos de vampiros"). La noticia, muy resumida, hablaba de dos muertos con sendas piedras en la boca y un tercero con otra (grande y pesada) sobre el pecho, fechados a inicios del siglo VIII d. de C.; y de cómo los responsables de la excavación proponían la posibilidad de relacionar la presencia de esas piedras con rituales destinados a evitar el retorno como "revenants" de los fallecidos. Quien quiera más, incluidos los enlaces al documental que se emitió sobre el asunto (en inglés), puede saciar su sed de conocimiento en este magnífico blog. Nosotros nos quedaremos con las piedras en la boca como espanta-"revenants" (idea principal) y con la posible relación entre estos muertos y las epidemias de peste que asolaron irlanda en el siglo VII d. de C. (idea secundaria pero no menos interesante, recurrente, como hemos visto y veremos, y sobre la que trataremos en otra entrada).

Esqueleto con una piedra en la boca de la necrópolis irlandesa de Kilteasheen (Fuente: MailOnline)

No era la primera vez que muertos con objetos en el interior de su boca y relacionados con episodios de muerte catastrófica saltaban a los grandes medios de comunicación. Pocos años atrás, el caso de la "vampira" de Venecia había dado la vuelta al mundo, generando el asombro general y alguna que otra polémica entre especialistas. En esta ocasión, se trataba del esqueleto de una anciana, recuperado en una fosa común en la isla del Lazaretto, junto con otros muchos esqueletos relacionados con una epidemia de peste en el siglo XVI. Presentaba la peculiaridad de tener un ladrillo encajado en la boca, lo que fue inmediatamente puesto en relación por sus descubridores con una medida necrofóbica destinada a evitar posibles maldades post-mortem por parte de la difunta. En este caso concreto, la relación con las epidemias estaba fuera de toda duda, lo que lo convertía en un magnífico ejemplo de "arqueología del vampirismo", si es que puede usarse una expresión así.

Cráneo con un ladrillo en la boca procedente de la isla del Lazareto, en Venecia (Fuente: Reuters UK)

Y claro, esas piedras (o ladrillo) en la boca y esa interpretación necrofóbica son tan interesantes que hacen que inmediatamente surja una pregunta: ¿tenemos algo parecido aquí, en Cantabria? Pues sí. Lo tenemos. O mejor dicho, lo teníamos, porque se trata de un yacimiento arqueológico que se excavó hace ya unos cuantos años: la necrópolis de San Pedro de Escobedo, en el valle de Camargo. Entre las varias decenas de tumbas (de lajas, de fosa con tapadera de lajas y de fosa simple con ataúd) excavadas en ese cementerio altomedieval hay una que destacaba sobre las demás. Se trata de la nº 10, de fosa con cubierta de lajas y orejeras (esas dos piedras que se colocan a ambos lados de la cabeza para evitar que se desplace hacia los lados), cuya ocupante, una mujer, tenía una piedra en la boca; como puede apreciarse en la siguiente fotografía.

Esqueleto con una piedra en la boca de la necrópolis de San Pedro de Escobedo (Camargo, Cantabria) (Fotografía: CAEAP)


¿Estamos ante un caso cántabro de necrofobia medieval o se trata simplemente de una casualidad? ¿La piedra se colocó intencionalmente en la boca de la difunta o ha terminado llegando ahí gracias a los siempre caprichosos procesos post-deposicionales? Si la opción correcta es la primera, ¿se hizo para evitar la "masticación de la muerta" y su vuelta como "revenant" u obedeció a otras causas que se nos escapan? No tenemos respuestas definitivas a estas preguntas, pero sí algunas consideraciones que hacer al respecto. En primer lugar, que los excavadores dicen textualmente que la piedra estaba "encajada en la boca", lo que abogaría, en principio, por una colocación intencional (algo que la imagen, en la que se aprecia cómo la "muerde", ratificaría). Sin embargo, en opinión de quien más sabe de muertos y cementerios medievales cántabros (no, no soy yo, pero no anda lejos de aquí), podría tratarse, sin más, del desplazamiento de una piedra colocada en origen debajo de la barbilla y que, junto con las orejeras, formaría una especie de "cofre" pétreo para la cabeza del inhumado; tal y como se ha comprobado en otros cementerios medievales, como el de San Martín de Elines, en Valderredible. Por lo tanto, no tendría nada que ver con el miedo a los muertos. En este punto conviene recordar que una de las prácticas necrofóbicas recogidas por Barber (p. 47), concretamente una documentada entre los casubios de Pomerania (en la actual Polonia), consistía en colocar un ladrillo "debajo de la barbilla del muerto", para que se rompiese los dientes con él si le daba por ponerse a masticar. Entonces, quizá esos "cofres" también tuviesen algún contenido necrofóbico. O no. En cualquier caso y volviendo a la tumba nº 10 de San Pedro de Escobedo, el parecido con los ejemplos irlandeses y veneciano es evidente y la posibilidad de que nos encontremos ante un caso medieval de prevención del "revenantismo" está ahí. Es sólo una de las posibles interpretaciones pero, sin duda, es la más sugerente. Si los muertos "masticaban" en la Irlanda del siglo VIII, en la Venecia del XVI y en toda la Europa centro-oriental del XVIII-XIX, ¿por qué no iban a hacerlo en la Cantabria medieval?.





31 mar 2012

The (Medieval) Walking Dead (1): introducción

Seguro que mucha gente piensa que los "muertos vivientes", esos cadáveres que salen de sus tumbas y aterrorizan a los vivos, nacen en la cultura occidental de la mano de Geoge A. Romero en 1968. Los más jóvenes y menos frikis fijo que están convencidos de que la idea surge con la reciente serie de TV a la que esta entrada ha tomado prestado el nombre (por cierto, la primera temporada, que es la única que he visto, un bluff con mucho amor y poco zombie. Prefiero el comic). Se equivocan: el miedo a que los muertos no descansen en paz y decidan pasearse por ahí haciendo maldades es muy, muy antiguo. Tiempo habrá de ver qué opinaban griegos clásicos y romanos del asunto (e incluso, si tenemos fuerzas, de meternos con los "hombres de las turberas" de la Edad del Hierro del noroccidente de Europa), pero ahora vamos a centrarnos en la Edad Media. 

A muchos puede sorprenderles hablar de "zombies" medievales. A los que ya tenemos unos años y muchas horas de juego a las espaldas, sin embargo, no. Pensemos, por ejemplo, en Sir Arthur en la primera pantalla del Ghost & Goblins, atacado por hordas de muertos vivientes mientras inicia su periplo para rescatar a su dama. O, desde la perspectiva de uno de ellos, en Sir Dani tratando de conseguir de muerto lo que no logró en vida, en el Medievil.



Ahora en serio. Cuando estaba intentando profundizar en el tema de las epidemias medievales (y en su posible relación con los enterramientos colectivos en cuevas) di por casualidad con varios artículos que trataban sobre esos "muertos vivientes" medievales, los "revenants" o "retornados". Y aún no se me ha quitado la cara de (más) bobo que se me quedó. Descubrí entonces con gran asombro (porque está recogido en sagas, crónicas y libros penitenciales) que la gente de la Edad Media de algunas zonas de Europa vivía con el pleno convencimiento de que, en determinadas situaciones, los muertos "volvían" en forma corpórea; dando lugar a desagradables situaciones que les obligaban a destruirlos físicamente. Y que, precisamente para evitar llegar a esos extremos, parecía que en ocasiones tomaban algunas curiosas medidas preventivas. También descubrí (he ahí el nexo con el origen de mi investigación) que existía una importante relación de ida y vuelta entre esos episodios de "revenantismo" y las epidemias.

Esas creencias, lejos de desaparecer con el tiempo, permanecieron incrustadas en la mentalidad de las sociedades preindustriales hasta hace bien poco. Y cuando digo bien poco quiero decir hasta hace cuatro días. Sirva de ejemplo este caso rumano de 2003. Pasar de la Edad Media a la Moderna y Contemporánea fue pasar a decenas de casos y testimonios, desde la Silesia del siglo XVII a la Nueva Inglaterra de finales del XIX, pasando por la Serbia del XVIII y las "epidemias" (nunca mejor dicho, como se verá) de vampirismo que recorrieron esa zona de Europa (efectivamente, los vampiros originales no son otra cosa que "revenants", como los medievales. Otro tema es lo que la literatura y el cine han hecho con su imagen...).

Esta es la primera entrada de una serie en la que trataremos de acercar este curioso tema a los lectores del blog. Habrá un poco de todo: "revenants", vampiros, necrofobia, epidemias, enterramientos atípicos, cuevas y necrópolis cántabras... Para abrir boca empezaremos contando la historia de uno de esos muertos vivientes medievales ingleses, del siglo XII, tal y como la relató William of Newburgh en el Capítulo 23 del Libro V de su Historia Rerum Anglicarum:

"At the mouth of the river Tweed, and in the jurisdiction of the king of Scotland, there stands a noble city which is called Berwick. In this town a certain man, very wealthy, but as it afterwards appeared a great rogue, having been buried, after his death sallied forth (by the contrivance, as it is believed, of Satan) out of his grave by night, and was borne hither and thither, pursued by a pack of dogs with loud barkings; thus striking great terror into the neighbors, and returning to his tomb before daylight. After this had continued for several days, and no one dared to be found out of doors after dusk -- for each dreaded an encounter with this deadly monster -- the higher and middle classes of the people held a necessary investigation into what was requisite to he done; the more simple among them fearing, in the event of negligence, to be soundly beaten by this prodigy of the grave; but the wiser shrewdly concluding that were a remedy further delayed, the atmosphere, infected and corrupted by the constant whirlings through it of the pestiferous corpse, would engender disease and death to a great extent; the necessity of providing against which was shown by frequent examples in similar cases. They, therefore, procured ten young men renowned for boldness, who were to dig up the horrible carcass, and, having cut it limb from limb, reduce it into food and fuel for the flames. When this was done, the commotion ceased. Moreover, it is stated that the monster, while it was being borne about (as it is said) by Satan, had told certain persons whom it had by chance encountered, that as long as it remained unburned the people should have no peace. Being burnt, tranquility appeared to be restored to them; but a pestilence, which arose in consequence, carried off the greater portion of them"

["En la desembocadura del río Tweed, y en la jurisdicción del rey de Escocia, hay una noble ciudad llamada Berwick. En ella un hombre, muy rico pero, como se vio después, muy deshonesto, habiendo sido enterrado, después de muerto salió de su tumba por la noche (se cree que por obra de Satán) y anduvo de acá para allá, seguido por una manada de perros aullando, provocando así un gran terror entre los vecinos y regresando a su tumba antes del amanecer. Después de que esa situación continuara varios días y nadie se atreviera a estar en la calle después de anochecer -pues todos temían encontrarse con este monstruo mortífero- las clases altas y medias del pueblo abrieron una investigación acerca de qué era necesario hacer. Los más ingenuos de entre ellos porque temían que, en caso de no hacer nada, serían destruidos por este prodigio de la tumba. Y los más sabios porque sagazmente concluyeron que, de no tomar medidas, la atmósfera, infectada y corrompida por la acción del cadáver pestífero, engendraría y extendería la enfermedad y la muerte; ya que había numerosos ejemplos de casos similares en los que fue necesario hacerlo. Entonces reclutaron a diez jóvenes de audacia reconocida y los enviaron a desenterrar el horrible cadáver, que cortaron en trocitos y convirtieron en alimento para las llamas. Cuando se hizo esto, la conmoción cesó. Se ha señalado que el monstruo, mientras estaba manejado por Satán, como se ha dicho, había comentado a algunas personas con las que se había encontrado por casualidad, que los vecinos no tendrían paz hasta que él no fuese quemado. Tras hacerlo pareció que recuperaron la tranquilidad, pero una pestilencia que había surgido por su culpa acabó con la mayor parte de ellos."]

Lo extremadamente bizarro del asunto (sí, sí, ya sé que "bizarro" en castellano significa valiente y no tiene nada que ver con el inglés "bizarre", pero me da igual. Desde que los señores de la RAE eliminaron las tildes diacríticas yo me considero en rebeldía ortográfico-gramatical, además de aplicar el "acátese pero no se cumpla" respecto a sus decisiones) motivó que el propio autor del texto, que ya había mencionado un caso similar en el capítulo anterior al que hemos visto y que añadiría posteriormente otros dos, hiciera la siguiente reflexión inmediatamente después de relatar los hechos acaecidos en Berwick:

"It would not be easy to believe that the corpses of the dead should sally (I know not by what agency) from their graves, and should wander about to the terror or destruction of the living, and again return to the tomb, which of its own accord spontaneously opened to receive them, did not frequent examples, occurring in our own times, suffice to establish this fact, to the truth of which there is abundant testimony"

["No sería fácil creer que los cuerpos de los muertos abandonasen sus tumbas (ignoro por qué medios), vagasen por ahí llevando el terror y la destrucción a los vivos y volvieran de nuevo a ellas, que se abrirían espontáneamente para recibirlos; si no fuera porque hay ejemplos, ocurridos en nuestra propia época, que bastan para acreditar ese hecho, acerca de cuya veracidad existen abundantes testimonios"]

Continuará...