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9 mar 2021

Saquito exposed

Aunque ya hace algún tiempo, con motivo de la publicación del estudio del tejido, le dedicamos una entrada a nuestro querido «saquito» de Riocueva, este singular hallazgo vuelve a estar de rabiosa actualidad. El motivo es que, coincidiendo con mi intervención espacio radiofónico de RNE-Radio 5 MVPAC, Prehistoria y Arqueología para hablar del «saquito», el museo le ha dedicado una vitrina temporal en la exposición. 


La vitrina con el «saquito» de Riocueva en el MUPAC

La verdad es que no puede tener mejor ubicación. Justo enfrente de mi vitrina favorita del museo, la que despide al visitante y lo deja boquiabierto: la que exhibe el broche de hueso de Santa María de Hito. Para poder ver mejor los detalles del tejido y las semillas se ha colocado una lupa. Además, la vitrina cuenta con una cartela en la que se ofrece algo de información sobre los restos, con fotos ampliadas para no perder ni un detalle.  


La vitrina con el «saquito» escoltado por su lupa y su cartela

Un detalle del «saquito» aumentado

Es una oportunidad única para ver un objeto que normalmente está en el almacén, lejos de la vista del público. A su fragilidad se une el hecho de que no es precisamente atractivo para los no iniciados. Al fin y al cabo, es más relevante por lo que implica desde el punto de vista de la investigación, que por lo que muestra como pieza de museo. Algunas veces, objetos aparentemente insignificantes y que a priori es difícil de imaginar que encuentren acomodo en una exposición ideada para el público general, son especialmente trascendentes en el proceso de investigación y, por extensión, en nuestra capacidad para reconstruir el pasado, que es la labor a la que nos dedicamos los arqueólogos. Este es, sin duda, uno de ellos. 

El programa de radio se emitió el pasado sábado 13 de marzo en y los que no tuvieron oportunidad de escucharlo en directo o lo quieren escuchar de nuevo aquí lo tienen.



Espero que esta breve presentación haya dejado con ganas de visitar el MUPAC y ver de cerca estos restos tan poco comunes de tela y semillas de época visigoda. Cuando la situación se normalice y volvamos a tener unas vidas medianamente normales, el «saquito» será protagonista de una Pieza del Mes como merece. Con el calor del público, un poco de debate y una cervecita para cerrar el día. Como siempre.

10 jul 2020

Dos mejor que uno

Hoy es un gran día. Uno de esos momentos felices que, después de tanto tiempo, parece que nunca va a llegar, o que ha pasado ya y no te has enterado. Desde has 13.05 h del día 10 de julio del año en curso, por fin, puedo referirme a mi compañero de batallas arqueológicas durante más de 20 años como «doctor». Este 2020 es un año extraño en el que una funesta pandemia ha cambiado las reglas en muchos ámbitos y este ha sido uno de ellos. He vivido el esperado momento a más de 600 km de poder darle el merecido abrazo a mi amigo. Quizá ha sido una ventaja, porque seguramente me hubiese puesto a llorar como una Magdalena. Estas cosas me ponen muy sentimental porque siempre son un momento adecuado para recordar a los que siempre han estado ahí y a los que, desgraciadamente, no han podido estar. No puede faltar el recuerdo al que nos dejó sin poder ver doctorados ni a la otra mitad del Proyecto Mauranus, ni a quien escribe estas líneas, después de haber estado tantos años dando por sentado que lo conseguiríamos.

Portada de la tesis.

No he podido abrazar al ya doctor, ni ver cómo recibía las felicitaciones del tribunal, ni del director que con tanta paciencia le ha soportado hasta este momento. Solo he podido asomarme a una ventanita virtual, abusando de mi condición de doctor, para trasmitir desde la distancia mi felicidad por el desenlace de tan esperado acontecimiento. Margarita Fernández Mier, Ángel Armendáriz Gutiérrez y Alfonso Vigil-Escalera Guirado han otorgado al pupilo de Pablo Arias Cabal la calificación de sobresaliente a la tesis doctoral El uso de las cuevas en época visigoda brillantemente defendida por José Ángel Hierro Gárate en la Universidad de Cantabria. Dos décadas de trabajo intermitente pero nunca abandonado que arrancaron allá por el otoño de 1999 y que empezaron a tomar forma en 2002 con el artículo «Arqueología de la Tardoantigüedad en Cantabria
yacimientos y hallazgos en cueva» publicado en nuestra añorada Nivel Cero.

Una instantánea del acto, cortesía de Rafa Bolado.
El doctorando (dcha.), el secretario del tribunal (izq.) y los afortunados asistentes.

A estas alturas, todo el mundo sabrá de qué iba la tesis y muchas de las ideas que se recogen en ella. Muertos, muertos y más muertos de sitios húmedos y oscuros, algunos de ellos acompañados de cosas antaño brillantes. Un minucioso catálogo de yacimientos con un no menos exhaustivo estudio de los objetos encontrados en ellos. Una necesaria revisión crítica de este tipo de contextos subterráneos a los que en ocasiones se había prestado poca atención por las dificultades de interpretación que plateaban. Solo había que esperar que alguien con suficiente paciencia, conocimientos y capacidad de síntesis le hincase el diente. Esperemos que haga un último esfuerzo y convierta esta tesis en una publicación que, sin duda, se convertirá en imprescindible.

Lo dicho, doctor Hierro: gracias por completar el camino. Enhorabuena, y a descansar el cuerpo y la mente. Es lo que toca. Aunque ahora creas que te hastía el tema al que tanto tiempo, esfuerzo y pasión has dedicado, en unas semanas o un par de meses a lo sumo te volverá a resultar apasionante.

11 abr 2016

Entre carbones y cerámicas

Los de Riocueva, claro. Esos son los temas centrales de las dos comunicaciones que vamos a presentar en otras tantas reuniones científicas que se van a celebrar esta misma primavera. Toca seguir haciendo públicos los resultados de nuestra intervención en la cueva y ambos marcos nos han parecido muy adecuados para ello.

La primera es el Encuentro Internacional “Wood and Charcoal: Approaches from Archaeology, Archaeobotany, Ethnography and History que se celebrará en Braga (Portugal) los días 15 y 16 de este mismo mes. La semana que viene, vamos. Allí mandamos un póster firmado a medias con Inés L. López-Dóriga y María Martín Seijo. Inés es nuestra arqueobotánica de cabecera y quienes sigan el blog ya deberían conocerla, mientras que María es la investigadora que ha estudiado recientemente una serie de muestras de los carbones y maderas recuperados en la excavación. Precisamente, en el póster presentamos, en primicia, un avance de los resultados de su informe.


Su título, que está en un perfecto inglés, es Fires in the dark. Burning of grain and human bones in the burial cave of Riocueva (Cantabria, Spain) in the 7th-8th centuries. En cuanto a su contenido, en el mismo idioma, aquí va el resumen:
"The cave of Riocueva was used as a burial place sometime in the 7th-8th centuries. Archaeological work carried out between 2010 and 2014 has allowed the recovery of the remains of at least six young individuals and many objects associated to them: glass beads, rings, spindle hooks, knives, pot sherds… As it happens in another burial caves from these times known in Cantabria, rituals linked to the corpses have been detected. The destruction and burning of the skulls is the most stunning of them. However, burning grain beside the bodies, a custom forbidden by medieval penance books, has also been suggested as a possible practice. The results of the wood and charcoal analysis carried out on samples from the site are presented in this work: they are charcoal fragments connected to the burnings, and also to the remains of other combustion structures."




El segundo es el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.), que tendrá lugar en Zamora los días 1, 2 y 3 de Junio. En este caso, Enrique irá a presentar una comunicación, que firmamos ambos y Helena Paredes Courtot, acerca del repertorio cerámico recuperado en Riocueva. Helena, para quienes no la conozcan, es lo más parecido que hay al tercer miembro del Proyecto Mauranus y pieza clave e insustituible en las excavaciones en la cueva y en el procesado y estudio de los materiales recuperados.


El resumen de la comunicación, titulada Ollas para los muertos. Cerámica de los siglos VII-VIII de la cueva de Riocueva (Cantabria), es el siguiente:
"Las actuaciones arqueológicas realizadas entre 2010 y 2014 en la cueva de Riocueva (Entrambasaguas, Cantabria) han permitido recuperar y estudiar una interesante colección de cerámica procedente de un depósito sepulcral atípico fechado en los siglos VII-VIII. Se conservan restos de varias vasijas de cerámica común que acompañaban a los cuerpos de, al menos, seis individuos depositados en una zona interior de la cueva, junto con otros recipientes de vidrio y metal, varios objetos relacionados con la vestimenta y el adorno personal o distintos útiles, como cuchillos y husos de hilar. En concreto, se trata de varias ollas de cocina con características técnicas y morfológicas propias de una producción desarrollada en el ámbito doméstico y que cuentan con buenos paralelos en otros yacimientos similares de la región. En esta comunicación presentamos un avance del estudio de este material cerámico que constituye, hasta la fecha, el principal referente para el conocimiento de las producciones alfareras del final de la época visigoda en Cantabria."

Mal que le pese a cierto catedrático de la Universidad de Cantabria, los "arqueólogos no profesionales que trabajan en esto sólo cuando pueden", como nosotros, son perfectamente capaces de llevar adelante una intervención arqueológica, aunque sea (ahí tiene razón) con medios mucho más limitados que los que manejan los que, como él, trabajan en esa institución. Y de realizar múltiples estudios y analíticas, obtener resultados e incluso presentarlos donde y cuando toca. Lo que viene siendo ese "análisis amateur" que tan alegremente (y con tan mala baba) nos achaca, vamos. Análisis en el que seguimos y seguiremos trabajando, porque aún nos quedan algunas cosas por hacer y muchas más que contar sobre Riocueva y todo lo que hemos hecho allí. Stay tuned.

18 dic 2015

El broche damasquinado de la cueva de Las Penas

Hace años, al escribir la serie de entradas sobre los broches de cinturón de época visigoda con decoración damasquinada (aquí las partes 1, 2, 3 y 4), anuncié que los ejemplares de la Galería Inferior de La Garma y Las Penas tendrían sus respectivas entradas monográficas. El primero ya la tuvo hace tiempo, así que toca ahora hacer justicia con el segundo (y de paso devolver mis entradas en el blog a la senda de la arqueología tardoantigua y altomedieval e ir preparándome para lo que me espera a partir de Enero).

A estas alturas, el yacimiento de la cueva de Las Penas debería ser un clásico para el estudio de la época visigoda en el norte peninsular y más que de sobra conocido por quienes estén interesados en ese periodo de nuestra historia. La primera publicación de sus materiales (en la que tuve la suerte de participar junto a los responsables de la excavación, Mariano Luis Serna y Ángeles Valle) es de 2005 y desde entonces la cueva ha aparecido en unos cuantos trabajos más (y lo que le queda). Sin embargo, nunca está de más recordar, siquiera brevemente y a modo de introducción, dónde está, cómo es y qué ocultaba en su interior.

La cueva se localiza muy cerca del pueblo de Mortera (Piélagos, Cantabria), al pie de la ladera oriental de la sierra de Tolío o de La Picota. El acceso principal (existe otra boca, aún más pequeña, en un piso inferior) mide unos 60 cm de alto por 1 m de ancho y da acceso a una rampa estrecha y de techo muy bajo por la que hay que avanzar arrastrándose unos 15 m. Al final de esa rampa se inicia la galería principal, de unos 40 m de desarrollo y que termina en la "zona sepulcral", donde fueron depositados los cadáveres. Porque la cueva, por si alguien no lo sabe aún, fue usada con ese fin en algún (o algunos) momento (o momentos) entre mediados del siglo VII y casi todo el VIII (como certifican tanto las 5 dataciones absolutas realizadas hasta la fecha como las relativas, obtenidas a partir de la tipología de los objetos recuperados).


La entrada a la cueva de Las Penas

Los restos humanos, estudiados por Silvia Carnicero (a quien, por cierto, conocí excavando allí), corresponden a un número mínimo de 13 individuos, niños y adultos jóvenes, todos menores de 35 años. Junto a ellos se localizaban numerosos objetos de todo tipo y pelaje, en su mayor parte relacionados con la indumentaria y el adorno personal, las actividades domésticas y la vida cotidiana en general: broches de cinturón, anillos, pendientes, recipientes cerámicos, metálicos y de madera, granos de cereal carbonizadoinstrumentos textiles, un hacha barbada...

Silvia estudiando los restos humanos in situ


Más restos humanos, éstos en conexión anatómica

Nuestra interpretación del yacimiento es de sobra conocida y la hemos defendido en varios trabajos (y en alguna que otra entrada de este mismo blog), así que no me detendré en ella. Cierto es que en la primera publicación manejábamos otra distinta, aunque yo corregí mi postura no mucho tiempo después, como puede leerse en mi trabajo de fin de Máster. Y me he movido poco desde entonces, la verdad. En cualquier caso y para lo que nos ocupa ahora aquí, eso no tiene demasiada relevancia.

Sin duda, entre los numerosos materiales hallados (lo que da buena muestra de lo bien que se excavó, mérito de Alís y Ángeles y que es necesario recordar siempre que se tenga ocasión) lo más espectacular, por vistosas, son las guarniciones de cinturón: cinco broches completos y una hebilla suelta que forman uno de los conjuntos de este tipo más importantes recuperados en las últimas décadas en la Península.


Conjunto de broches de cinturón. Nótese que sólo ha sido restaurada la placa del medio



Conjunto de broches restaurados, tal y como se exponen en el MUPAC


Resumiendo mucho, se trata de broches que pertenecen, grosso modo, al tipo de los "liriformes" (ese "cajón de sastre" en el que metemos todos los que son de inspiración mediterráneo-bizantina y en el que, más allá de la clasificación tipocronológica de G. Ripoll, nos cuesta tanto entrar a poner orden) y que pueden fecharse sin problemas en los siglos VII-VIII. Los tres de la izquierda (en la última imagen) cuentan con numerosos y buenos paralelos en otras zonas de la Península. El cuarto, por el contrario, es de un tipo único hasta la fecha, lo que podría indicar una cronología algo posterior y/o un origen "regional" (o lo que es lo mismo, que se trate de una evolución "limitada" territorialmente y surgida a partir de modelos más extendidos). Y, finalmente, el que nos ocupa.

A diferencia de sus compañeros, este broche no es de bronce. O, mejor dicho, no lo era en principio, ya que no ha llegado a nosotros en su forma original, como también puede apreciarse en la foto: la hebilla y el hebijón, que sí son de la misma aleación de cobre que los demás, sustituyen a las originales (que se perdieron o rompieron en un momento indeterminado y, obviamente, anterior a la amortización definitiva de la pieza). Éstas serían de los mismos materiales que la placa, la parte del broche en la que nos vamos a centrar. Conviene recordar que la pieza no apareció como puede verse expuesta en el MUPAC. Muy al contrario, en el momento de su hallazgo la placa era poco menos que un bloque de hierro oxidado, hasta que la hábil y paciente labor de la restauradora Maribel García Mingo consiguió sacar a la luz lo que ocultaba bajo la gruesa capa de roña.



Broche antes de su restauración


Imagen de la placa durante el proceso de restauración


La placa, una vez restaurada

Y lo que había era una placa de hierro con decoración damasquinada a base de latón y plata. En un principio se pensó que el metal dorado era oro, debido a su excepcional estado de conservación, y así lo publicamos en 2005. Sin embargo, análisis metalográficos realizados tiempo después demostraron que, como es habitual en este tipo de producciones, se trataba en realidad de una aleación de cobre y zinc.


Resultados de dos de las "catas" realizadas en la pieza, en los que puede apreciarse la presencia de latón y plata

La técnica utilizada también es la usual en este tipo de broches: sobre una base de hierro se aplica una fina capa de latón en la que se recortan las siluetas de las figuras y motivos que se quieren representar, embutiéndose finos hilos de plata en los principales huecos. Así se consigue un bonito efecto policromado (trícromo, si es que el palabro existe) en el que se combinan el color oscuro del hierro, el dorado y el plateado. Siempre he pensado que la base de hierro de la placa tuvo que estar recubierta por una película de magnetita para evitar su oxidación (nadie quiere llevar un broche oxidado), tal y como se hacía durante la Edad del Hierro con algunas armas (para saber más sobre el tema, mirad este blog), aunque eso tendría que estudiarlo un experto. Además, hace unos años, una intervención rutinaria de mantenimiento por parte de Eva Pereda, la restauradora del MUPAC, permitió descubrir restos de un "baño" dorado en reverso de la placa, visibles en la zona de los apéndices de sujeción al cinto. Está pendiente un análisis metalográfico que permita estudiarlo en profundidad y empezar a saber algo más de una técnica, hasta donde yo sé, completamente desconocida hasta ahora en este tipo de objetos.



Restos del "baño" dorado en el reverso de la placa

En sentido estricto no se puede decir que nos encontremos ante una placa liriforme, aunque por comodidad lo hagamos. Realmente, se trata de una pieza en forma de U, aunque la manera en la que ha sido decorada, como veremos a continuación, nos haga pensar en un primer momento que tiene un extremo distal ultrasemicircular, aunque no sea así. Sus medidas, 11,7 cm de largo por 4.2 cm de ancho (y 0,47 cm de grosor) son las esperables en este tipo de objeto y lo sitúan en un término medio en cuanto a tamaño.


La placa

En cuanto a su decoración, se pueden distinguir claramente dos campos bien diferenciados: uno rectangular (partes proximal y mesial) y otro circular (extremo distal). En el primero encontramos representado un animal, apoyado en una especie de montículo y enfrentado a lo que parece un arboriforme. La ejecución del bicho no es demasiado realista, así que resulta complicado identificar la especie representada. Una de las posibles interpretaciones (y la primera manejada) lo relaciona con el Agnus Dei, el Cordero apocalíptico. O, en ese mismo sentido (considerando al animal un cordero o carnero), con la escena del sacrificio de Isaac. Siendo ambas completamente válidas, se me ocurre una tercera y que no recuerdo si he llegado a poner por escrito: que estemos ante la representación de un pasaje bíblico. Concretamente, del Salmo 79 que, en la versión de la Vulgata, dice así :


9 Vineam de Ægypto transtulisti :
ejecisti gentes, et plantasti eam.
10 Dux itineris fuisti in conspectu ejus ;
plantasti radices ejus, et implevit terram.
11 Operuit montes umbra ejus,
et arbusta ejus cedros Dei.
12 Extendit palmites suos usque ad mare,
et usque ad flumen propagines ejus.
13 Ut quid destruxisti maceriam ejus,
et vindemiant eam omnes qui prætergrediuntur viam ?
14 Exterminavit eam aper de silva,
et singularis ferus depastus est eam.


Y que en el salterio de Stuttgart, del siglo IX, fue representado de la siguiente manera: con un animal, un jabalí en este caso, afrontado (más bien cargándoselo) a un arboriforme, a la vid que representa al pueblo de Israel.



Ilustración a los versos 14-15 del Salmo 79 en el salterio de Stuttgart


Que este fuese el verdadero sentido de la escena podría verse ratificado por este otro ejemplar, bizantino (y conservado en el MET, donde lo han clasificado, erróneamente, como visigodo), con parecidos más que evidentes tanto con el de Las Penas como con la ilustración del Psalterio de Stuttgart; aunque su escena principal ha sido interpretada como una de las fábulas del Fisiólogo: la del ciervo y la serpiente. Interpretación que también podría ser válida (la cuarta) para la de nuestro ejemplar, por cierto.


Broche de cinturón bizantino del MET

Y el parecido con ese broche bizantino no se limita a la escena principal: también tiene una cruz (con monograma en su caso) inscrita en un círculo en el extremo distal. Y placa en forma forma de U. E incluso otros pequeños detalles lo relacionan con el de Las Penas, como las orlas con motivos de triángulos (rollo "dientes de lobo") que enmarcan la escena principal; presentes también, aunque camufladas, en nuestro ejemplar, como puede apreciarse en la siguiente imagen:



Orlas con motivos de dientes de lobo en la placa de Las Penas

Demasiadas coincidencias para que se trate de algo casual. Al contrario, todo apunta a que un broche bizantino muy similar a ése que hemos visto fue el modelo en el que se inspiró el orfebre hispano que creó el de Las Penas. Y otro tanto ocurrió con el resto de piezas damasquinadas peninsulares de época visigoda con motivos de animales, como creemos poder demostrar (y así lo trataremos de hacer en breve mi compañero doctor y yo). 

Como ya se ha adelantado, el segundo campo está decorado con una cruz griega inscrita en un círculo y rodeada de una orla. Se trata de una cruz ciertamente peculiar, tanto que casi puede decirse que son en realidad dos superpuestas (lo que demuestra la molestia que se tomó el artesano en resaltar este símbolo): una cruz patada o de Malta (la recortada en la chapa de latón) y otra potenzada, con potenzas en forma de media luna (la conseguida mediante la incrustación de hilos de plata). La primera es muy típica de estos momentos (ss. VII-VIII). La segunda, no tanto, aunque existen buenos ejemplos, algunos de ellos, como el de la imagen de abajo, en el mundo copto tardoantiguo y altomedieval.



Fragmento de cerámica conservado en el Museo Copto de El Cairo en el que se aprecian dos cruces similares a la de la Placa de Las Penas

Como ocurriera con el de la Galería Inferior de La Garma, resulta indudable que nos encontramos ante un broche de cinturón hispanovisigodo, de los siglos VII-VIII y que presenta una decoración inequívocamente cristiana: una escena que puede interpretarse de varias maneras, aunque todas ellas remiten a esa religión (el Antiguo Testamento, el Apocalipsis o "El Fisiólogo"), y una cruz inscrita en un círculo. Y de nuevo, esas características (un modelo que no desentonaría en cualquier otro punto de la Península o Septimania y unos motivos cristianos) parecen alejar el contexto en el que se recuperó (una cueva sepulcral) de ese más imaginado que razonado ambiente pagano en el que durante mucho tiempo se quiso hacer vivir a los cántabros del final de la Antigüedad y los inicios de la Alta Edad Media. En cuanto a su origen, hay que buscarlo en el mundo Mediterráneo, como ocurre con la mayor parte de la toréutica de los últimos siglos de la Hispania visigoda. En concreto y como ya hemos apuntado, en una serie de producciones bizantinas con unas características muy determinadas y que creemos son la clave para entender los porqués y los cómos de las peninsulares con decoración damasquinada. Aunque esa es una historia que será contada en otro lugar.

21 ago 2015

Explorando nuevas posibilidades en La Garma

Hace ya algún tiempo que el profesor Pablo Arias Cabal, codirector junto a Roberto Ontañón Peredo del proyecto de investigación del conjunto arqueológico de La Garma (Omoño, Cantabria), nos había propuesto ir a echar un vistazo a la cueva de La Garma B. Sospechaba que algunas restos localizados en la zona más profunda de la gruta podían corresponder con visitas de época tardoantigua o altomedieval y quería que le diésemos nuestra modesta opinión sobre el terreno. Con la campaña de actuaciones arqueológicas en La Garma recién comenzada, hace un par de semanas encontramos el momento para girar visita a la cueva y echar un vistazo con calma a suelos y paredes, en busca de indicios interesantes que justifiquen plantearse un trabajo de campo más serio.

La boca de la cueva de La Garma B
Conviene señalar que esta cueva no es precisamente una desconocida para quien esto escribe. Fue la protagonista de mi trabajo de investigación de doctorado titulado Los comportamientos funerarios durante la Prehistoria Reciente en la región Cantábrica. El depósito sepulcral de la cueva de La Garma B (Omoño, Cantabria), defendido en 2010, y tuve ocasión de excavar allí en 1995 y 2000. Tanto el trabajo como mi participación en las excavaciones se centraron en los primero 15 m de desarrollo de la cueva. Ahora, sin embargo, es la zona más profunda la que reclama nuestra atención.

Es una cueva cortita y facilona, cosa que se agradece, nada que ver con su «vecina» La Garma A, donde el acceso a las áreas más interesantes obliga a realizar ejercicios de contorsionismo y a descender con cuidado por un par de tramos de resbaladizas escaleras. La sala principal, la que estaba ocupada por un depósito sepulcral de la Prehistoria Reciente, es llana y se puede transitar de pie, mientras que para llegar a la sala interior objeto de nuestra visita sólo hay que salvar un pequeño desnivel a través de un paso entre columnas estalagmíticas.

Progresando hacia la salita interior de La Garma B
En la sala interior de La Garma B hay cuatro elementos que han llamado nuestra atención y que podrían estar relacionados con una frecuentación durante la Antigüedad Tardía o la Alta Edad Media: varias marcas negras en las paredes, de las conocidas como «arte esquemático-abstracto»; abundantes restos de carbón por el suelo; algunos restos óseos; y abundantes estalactitas y estalagmitas fracturadas de forma intencional.

Las marcas negras ya llamaron la atención de los investigadores sobre este tipo de manifestaciones tiempo atrás y, aunque no son ni espacialmente espectaculares, ni demasiado abundantes, pueden ser un indicador de visitas a la cueva en época histórica. La mayor parte de las dataciones de Carbono 14 realizadas a partir de muestras de marcas negras hechas con carbón en las cuevas de Cantabria ofrecen una cronología en torno a los inicios de la Edad Media. También las hay de otros momentos, incluso alguna prehistórica o de época romana, pero es frecuente la asociación con «visitantes medievales».

 Una de las «marcas negras» en una estalactita de La Garma B
Por lo que respecta a los carbones, son el tipo de evidencia más abundante en la salita interior de La Garma B. Aparecen pequeños fragmentos repartidos por toda la superficie e incluso sobre algunas columnas estalagmíticas truncadas. En algunas zonas la concentración es significativa, lo que nos hace pensar que puedan ser restos de hogueras realizadas en el interior de la cueva, aunque por el momento no podemos precisar en qué momento. Especialmente llamativas son una acumulación en la que los carbones están mezclados con cáscaras de caracoles terrestres, en la zona del fondo, y diversos fragmentos «atrapados» por el desarrollo de las concreciones calizas sobre algunos espeleotemas.

Posibles restos de hogueras en el interior de La Garma B
Carbones y conchas de caracoles terrestres en La Garma B
Detalle de los fragmentos de carbón «atrapados» en una estalagmita
Los restos óseos son bastante escasos, pero su presencia es muy significativa. Hemos identificado dos o tres piezas dentales de algún pequeño herbívoro, algunas cubiertas por concreción calcítica y un fragmento de hueso largo que, pese a las dudas iniciales, parece ser que podría ser humano. La presencia de un hueso humano en esa zona puede tener dos explicaciones: o procede del depósito sepulcral de la Prehistoria Reciente, o no tiene nada que ver con el yacimiento prehistórico y está indicando el uso funerario de la cueva en un momento posterior, quizá a inicios de la Edad Media, como los restos de La Garma A.

Hueso posiblemente humano en la salita interior de La Garma B
La rotura de estalactitas y estalagmitas es otro de los indicios que hacen pensar en visitas a la zona interior de la cueva no demasiado lejanas en el tiempo. Hay numerosos ejemplos que evocan la actividad documentada en La Garma A, donde se ha podido comprobar, mediante técnicas de análisis geoquímicos, que los visitantes altomedievales se entretuvieron en romper unos cuantos espeleotemas. En algunos casos de La Garma B hemos observado que el crecimiento que se ha ido produciendo tras la rotura no aparenta más de 1500 años.

Columna rota de forma intencional con una nueva estalagmita creciendo sobre ella
Reunidas todas estas evidencias en un espacio relativamente pequeño, hay bastantes posibilidades de que esa zona de la cueva haya sido frecuentada en algún momento entre época romana y el final de la Edad Media. Después de esta primera inspección visual y de que José Ángel, Pablo, Roberto y yo cambiásemos impresiones sobre el terreno, es el momento de que «hablen» las analíticas. Se tomarán unas muestras de carbones y de restos óseos para datarlos por Carbono 14 y si los resultados confirman nuestras sospechas cronológicas, volveremos a la cueva para hacer un pequeño sondeo.

Planificando sobre el terreno nuestros próximos pasos
De momento somos cautos y no nos atrevemos a incluir La Garma B en nuestra lista de cuevas usadas con fines funerarios en época visigoda. Que haya sido visitada en esa época, lo que parece bastante probable, no la convierte automáticamente en un «cementerio subterráneo», hace falta alguna cosilla más. Esperamos expectantes los resultados de las dataciones para saber si tenemos que añadir «una muesca más a la culata». Quién sabe si dentro de poco estamos allí excavando...

13 may 2015

Riocueva 2010-2014: cinco años en una conferencia

Cuando, el 25 de Septiembre de 2010, Enrique y yo pisamos por primera vez la cueva de Riocueva no podíamos imaginar cómo ese yacimiento iba a marcar nuestras vidas arqueológico-investigadoras los siguientes años. Llegamos allí guiados y acompañados por Milio (Emilio Muñoz, figura señera de la espeleoarqueología cántabra) y Rogelio (Alejandro Bermejo), en el marco de un proyecto de investigación que habíamos creado tiempo atrás (algo así como "Proyecto Mauranus", ¿os suena?) y del que la toma de muestras de huesos humanos y cerámica para datar que realizamos ese año fue su primer trabajo de campo. Enseguida tuvimos claro que aquella cueva "era buena", que tenía toda la pinta de haber sido usada con fines sepulcrales en época visigoda (ni más ni menos que lo que andábamos buscando), así que cuando llegó el resultado de la muestra correspondiente (segunda mitad del siglo VII, más o menos) no hubo sorpresa.


Milio y Rogelio en la boca de Riocueva

Empezaron entonces 4 años y pico de trabajo de excavación, procesado, documentación e investigación, fruto de los cuales ha sido un, en mi opinión, impresionante avance en el conocimiento de las formas de vida (y de muerte, aunque sólo en parte) en la Cantabria de los siglos VII-VIII (y lo que os rondaré). Cierto es que no sólo Riocueva ha sido fundamental para ello y que sin Las Penas, el Portillo del Arenal o La Garma ese avance no sería tan grande. Pero no es menos cierto que Riocueva está siendo la culminación de un proceso iniciado en esos otros yacimientos y la actuación que hemos llevado a cabo en ella un banco de pruebas donde poner en práctica nuevas técnicas y enfoques. Además y aunque también tengamos algún tipo de relación con los otros tres, éste es "nuestro yacimiento" y se tiene que notar. Y en él encontramos un anillo de oro (no es "el anillo único de poder", no, pero tampoco está mal) con el que fardar. Palabras mayores (ah, el vil metal).


El anillo


El objetivo de esta entrada no es repasar todo lo que hemos hecho hasta ahora en la cueva: para eso está el blog, con el seguimiento casi "en tiempo real"(siempre me he preguntado cuál es el tiempo no real, ¿el "tiempo de los sueños de los aborígenes australianos?) de las últimas campañas de excavación. Ni la información que hemos obtenido allí, parte de la cual puede consultarse en alguna de las publicaciones que tenemos colgadas en nuestros perfiles de Academia.edu (aunque la mayor parte esté aún en prensa o más atrás). Esta entrada es, de nuevo, una excusa para anunciar una conferencia, la que dará Enrique el viernes día 15, a las 8 de la tarde, en la sede de ADIC. Conferencia titulada "Desenterrando a los últimos visigodos. Actuaciones arqueológicas en Riocueva 2011-2014", con la que se cierra el ciclo organizado por Regio Cantabrorum y la propia ADIC y en la que repasará estos 4 años de trabajos en la cueva. Habrá niños muertos, hogueras, cuchillos y hebijones. Anillos (no sólo de oro), panizo, almejas y natrón. Husos, tejones, copas y ollas. Pendientes, carbones, murciélagos e incluso revenants. Bueno, no estoy seguro de que vaya a hablar de revenants, pero yo no me la perdería por si acaso.

Esto no son exactamente revenants, pero se les parecen mucho (imagen sacada de por aquí)

18 feb 2015

Riocueva 2014, episodio 12: así lavaba, así, así...

Han pasado ya dos meses desde la agridulce despedida de Riocueva y en todo ese tiempo no habíamos encontrado el momento para empezar con el «trabajo de laboratorio», un nombre excesivamente pomposo para las tareas a las que se refiere. La primera fase es el lavado de materiales, tanto de los objetos recogidos de forma individualizada, como de las «bolsas de nivel». El proceso ya lo hemos explicado aquí otras veces y es muy, muy sencillo: A) sacar los objetos de la bolsa; B) pasarlos por el chorro de agua o por un recipiente; C) cepillar suavemente, si es necesario; D) ponerlos a secar sobre un papel de periódico. A veces pienso que si se hacen realidad las previsiones de algunos analistas —alguno diría agoreros— y desaparece la prensa en papel, los arqueólogos lo íbamos a tener difícil. Total, que así hemos pasado la mañana el sr. director, Helena y yo ¡ah! y Marta, que se ha unido al equipo habitual del «comando limpieza».

Lavando una «bolsa de nivel»
Un suave cepillado facilita la limpieza

Y todo eso lo hacemos, como ya es habitual desde la campaña de 2011, en las instalaciones cuyo uso nos cede amablemente el Museo de Altamira. Si no contásemos con el «lavadero» de Altamira, el proceso daría muchos más dolores de cabeza. Pero con estos medios a nuestra disposición, la tarea se resuelve en una mañana. Es un trabajo bastante poco estimulante, la verdad. La única ventaja que tiene el asunto es que puedes volver a ver algunos de los objetos recuperados durante la excavación y, esta vez sí, limpios, lo que permite apreciar detalles: una decoración de una cerámica, una mordedura en un hueso, una caries en una muela... Quizá la única nota divertida sea que, de vez en cuando, las cosas no son lo que parecen. No es habitual —somos muy buenos excavando, eso es así —, pero en ocasiones, al lavar con mimo algo en cuya etiqueta pone «cerámica» descubres que es un fragmento de cráneo humano quemado... o peor, una piedra. Sí, una triste piedra. Es mucho más fácil de lo que parece, en condiciones de iluminación tenue como la que habitualmente tenemos durante la excavación, confundir un pedazo de pequeña estalactita con un hueso humano.

Un «viejo amigo» vuelve a manifestarse
Objetos secando sobre papel de periódico, un clásico

En un tiempo récord, en comparación con campañas anteriores, hemos dejado secando absolutamente todo el material que teníamos para lavar. El próximo fin de semana lo recogeremos, limpio y seco, listo para el siguiente proceso. Será el momento de revisar el inventario para comprobar cuántos «intrusos» caen de la lista y de siglar todo el material antes de empezar a estudiarlo.




28 dic 2014

You must be bloody joking!! Mea culpa de un farsante

Hasta aquí hemos llegado. Duele mucho dar este paso, pero cuanto más lo alarguemos más difícil será ponerle fin a este despropósito. No creo que podamos hacer nada para salvar nuestra, a partir de ahora, completamente destruida reputación, pero eso casi es lo de menos. Lo de la tele fue la gota que desbordó un vaso que nunca debió llenarse y marcó el punto de inflexión. Han sido semanas duras, dándole vueltas y más vueltas al asunto, intentando encontrar una manera de arreglarlo; pero, como aún no se puede viajar en el tiempo y volver al pasado, hay que apechugar. Y eso es lo que toca hoy.

Quien sea seguidor fiel del blog, del Proyecto y de nuestra carrera investigadora reciente tiene la oportunidad de vivir un momento a lo final de "Sospechosos habituales" (la genial película noventera de Bryan Singer) en la siguiente imagen:


Captura de pantalla tomada de aquí


Cordillera Cantábrica, cuevas, vampiros... ¿Os resulta familiar? Sí, ¿verdad? La Garma, Las Penas, Riocueva, revenants de época visigoda... Es exactamente tal y como estáis barruntando en estos momentos: todo es un fraude. En los últimos años habéis sido víctimas de una sutil y elaborada manipulación concebida para que os tragaseis esa historia. Una broma desquiciada, inspirada en Mauricio, el Niño Murciélago, y que ya ha llegado la hora de desvelar. Y es lo que voy a hacer aquí y ahora, mal que me pese.

Si vamos al verdadero origen del asunto, deberemos remontarnos al 94 o así, cuando mi amigo J. L. Lavín compraba Noticias del Mundo y todos lo leíamos en la Plaza de la Telefónica de mi pueblo. Mauricio  y su historia nos enamoraron desde el primer momento. Tanto es así que, años después, ya estudiando Historia en Santander, yo llevaba orgulloso una camiseta con una de sus portadas en NdM (camisetas que nos hicimos para una Batalla de Flores y que fueron la sensación, por cierto). No tengo foto que adjuntar para probarlo, pero mis conocidos lo recordarán. De hecho, alguno de mis amigos de la Universidad ya entonces (y aún ahora) me llamaba cariñosamente "niño murciélago". Pasó el tiempo, pero no mi enfermiza fascinación por Mauricio, como prueba la siguiente imagen, de una de mis despedidas de soltero en Gijón (y prueban también mis perfiles de Google o Facebook)


Pero el verdadero punto de inicio de todo esto es mucho más reciente y tuvo lugar una de esas noches en las que Enrique y yo, pasados de copas, nos ponemos retos absurdos (por ejemplo, una vez, a las tantas, apuramos los cacharros, montamos al Fiesta y nos fuimos a ver cómo amanecía en La Ulaña, desde Santander). En esta ocasión, la discusión fue derivando hacia lo fácil o difícil que sería manipular al "público" de la literatura científica y cómo podrían colarse como "buenas" cosas en principio absurdas. Yo acababa de presentar mi trabajo de fin de Máster sobre el uso funerario de algunas cuevas en época visigoda, llevaba puesta una camiseta con la cara de Mauricio... Y se lió.


La verdad es que, visto con perspectiva, resulta asombroso lo fácil que resultó. Unas lecturas sobre necrofobia, algo de "vampirismo científico" y "nuestras" cuevas, con sus muertos. Un cóctel que se demostró infalible y que nos permitió ir construyendo un relato en el que, de forma discreta pero evidente, se mezclaban vampiros (podemos llamarlos "revenants", "muertos inquietos" o como queramos, pero no dejan de ser vampiros), cavernas y el norte de España; como en la historia de Mauricio. Incluso intentamos colocar de alguna manera a Alicia, su novia, en este cuento.



Y cuando apareció el anillo de Riocueva vimos una magnífica oportunidad para hacerlo: era de pequeño tamaño, un adorno infantil, y tenía una decoración que se prestaba a elucubrar sobre su significado. Aparcamos completamente la interpretación más sencilla (y obvia: que son segmentos de círculo afrontados, de honda raigambre cántabra) y le dimos mil vueltas tratando de encontrar una forma de leer ALICIA.



No hubo manera, así que tuvimos que buscar una alternativa y terminamos eligiendo PAVLA. Y coló. Como colaron la "destrucción intencionada" de los cráneos (lamentablemente, no teníamos estacas clavadas en el pecho o similares, así que tuvimos que conformarnos con rituales anti-revenant de segunda división, como el aplastamiento de cabezas) o la interpretación del cereal quemado como una forma de "aplacar a los muertos molestos" atestiguada en las fuentes escritas medievales (que retorcimos a conciencia, como no podía ser de otra forma).





Y así, casi sin darnos cuenta, introdujimos a Mauricio (bueno, él no aparecía directamente, pero los revenants cavernícolas visigodos inspirados en él, sí) en el mundo de la arqueología "seria": en Munibe, en el Homenaje a J. A. García de Cortázar, en el 19th Annual Meeting of the EAA que se celebró en Pilsen, etc, etc. Y por el camino implicamos (manchamos para siempre, más bien) a varios inocentes colegas y, hasta hoy y me temo que no más, amigos. La rueda giraba y giraba y no veíamos el momento de parar. Y dejando pasar el tiempo nos íbamos enredando más y más y nuestros "Mauricios" ficticios se iban abriendo paso (y dejando poso) en el panorama arqueológico peninsular (y más allá).

Y en estas llegaron los medios, de la mano de Iker Jiménez. Primero la radio, luego la tele. Y la cosa se salió de madre cuando más de 1 millón de personas nos vieron hace tres semanas y "nuestros vampiros" se hicieron famosos. Demasiados testigos para un crimen perfecto. Y demasiadas preguntas que responder.



Os sorprendería saber la cantidad de e-mails, mensajes e incluso llamadas (me pregunto cómo demonios han conseguido nuestros móviles) que hemos recibido desde entonces. Una auténtica "locura vampírica" que parece haber contagiado a todo el mundo, desde la prensa regional a importantes editoras de revistas y productoras televisivas con canales propios (y pirados variados, por supuesto). Por no hablar de nuestras familias y amigos: el monotema estas navidades está siendo nuestra aparición en Cuarto Milenio y las cosas que allí dijimos. Tomarle el pelo a media España es algo difícilmente justificable. Hacerlo con la gente a la que quieres es mucho peor. Y ni os cuento el nudo que se te forma en el estómago al ver el brillo en los ojos de tu madre cuando te dice: "Estuviste muy bien en la tele. Me pareció muy interesante lo que contasteis, no tenía ni idea de que existiesen esas cosas. Qué orgullosa estoy de ti".

Así que se acabó. Lo hemos hablado y no queda otra opción: hay que terminar con esta farsa ya, antes de que vaya a más. Toca tragar bilis, agachar las orejas y pedir perdón. Perdón a todos aquellos que han creído en nosotros y nos han apoyado todo este tiempo, a las instituciones que nos han financiado, a los seguidores del blog, a los colegas que se han visto embarcados en esta gran mentira y cuya honorabilidad probablemente haya quedado tocada para siempre. Perdón a Silvia, a Pablo, a Roberto, a Eva. A Knut Andreas, a Juan Antonio. A Leticia, a Alfredo, a Alfonso, a Pablo, a Gonzalo... Perdón a tantos y tantos. Ya tenemos redactadas las cartas explicando el engaño y pidiendo disculpas para el Gobierno de Cantabria, la UC y Cuarto Milenio, entre otros muchos; y mañana a primera hora las enviaré. Y a esperar las respuestas (y los castigos).

Llegados a este punto, una de las cosas que más me duele es que ya nadie va a creer nada de lo que contemos. Ni siquiera que nos estábamos guardando un pequeño secreto para el final: