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14 mar 2017

La primera, en la frente

Siempre he considerado que las primeras referencias al hallazgo de materiales de época visigoda en el interior de cuevas en la península Ibérica están en las publicaciones de H. Alcalde del Río y J. Carballo sobre las de Cudón y Los Hornucos de Suano, de 1934 y 1935, respectivamente. Es cierto que F. Garín y Modet publicó en 1912 su excavación en la cueva del Tejón (o Tajón), en Ortigosa de Cameros (La Rioja), pero también lo es que fechó el broche de cinturón que recuperó en ella en el siglo V d. de C. y lo consideró tardorromano, cuando en realidad es del VII d. de C. e hispanovisigodo; así que, técnicamente, su error en la interpretación no le permite desbancar a los otros dos anteriormente citados como pioneros en la investigación de este tipo de contextos. Aunque sí colocar su yacimiento y esa pieza por delante en el ranking de antigüedad de los descubrimientos, más allá de cómo fueran valorados. Sin embargo, tampoco en esa nueva clasificación va a subir a lo más alto del podio este ingeniero de minas aficionado a la arqueología: hay otro sitio que gana al suyo por un puñado de años. Así que, mientras le doy una vuelta a todo este asunto y decido con qué me quedo (si con los hallazgos más antiguos o con los primeros que fueron correctamente identificados en su momento como de época visigoda), voy a contar la historia de la que tiene todas las papeletas para ser la primera "cueva visigoda" de la Península, al menos desde un punto de vista estrictamente cronológico.

En 1902, Elías Gago Rabanal, ilustre (e ilustrado) médico leonés y miembro (correspondiente) de la Real Academia de la Historia, publica su libro Arqueología Protohistórica y Etnografía de los Astures Lancienses (hoy Leoneses), en el que trata con detalle acerca de sus exploraciones y hallazgos en el cerro del Castro, en Villasabariego, en donde sitúa la famosa ciudad astur-romana de Lancia.




En un determinado punto del libro, y sin que venga demasiado a cuento, Gago coloca una lámina con la fotografía de unos curiosos objetos y realiza un sorprendente excurso acerca de qué son y de dónde proceden. Empezando por esto último, lo describe como "uno de los sitios más abruptos de la montaña leonesa, en altísima cueva á donde las aves rapaces hacían su nido seguras de no ser molestadas" y, más tarde, como "el agujero de escarpada peña". Para la eterna desgracia de todos los interesados en estos temas, ni una sola pista acerca de su nombre o su localización. En cuanto a los materiales, los describe como un "Preferículo o vaso sacerdotal de bronce", un "Cubo del agua lustral (...) de bronce con el asa de hierro", una "hebilla o fíbula de bronce en forma de tortuga con los tres puntos místicos en el dorso" y "dos aldabas de bronce (...), una de ellas primorosamente trabajada y adornada con dibujos que figuran cabezas de lechuza". Y los interpreta como objetos astur-romanos dedicados a oscuros cultos paganos y que fueron ocultados en tan inaccesible (e ignoto) lugar cuando el cristianismo ya se había impuesto en la región.




El lote es realmente espectacular y salta a la vista que ninguno de ellos es lo que su publicador dijo, salvo en el caso de la hebilla y olvidándonos del reptil acorazado. El hallazgo realmente lo formaban un jarrito hispanovisigodo de bronce, un acetre o pequeño caldero y dos broches de cinturón (uno de ellos con placa y hebilla por separado). El primero es una pieza muy característica de la Alta Edad Media hispánica (del siglo VII d. de C. en adelante), con abundantes paralelos para los que se propone tradicionalmente un uso litúrgico, aunque ya vimos en otra entrada que no tiene por qué ser necesariamente así en todos los casos. P. de Palol, en su trabajo de referencia sobre el tema, lo incluyó entre los de su Tipo IV, aunque no pudo estudiarlo más allá de la fotografía del libro de E. Gago, de la que sacó este dibujo ciertamente meritorio, aunque poco clarificador.

Jarrito de la colección Gago Rabanal (según Palol, 1950)


El segundo no es ni tan vistoso ni de un tipo tan conocido, aunque también se puede fechar con seguridad en los siglos VII-VIII d. de C. Y es así porque contamos con algunos buenos paralelos en yacimientos bien datados de esa cronología. En uno de ellos, la Cueva de Las Penas, se recuperó parte de un ejemplar de hierro chapado en cobre. Y en Riocueva, sin ir más lejos, nosostros mismos encontramos otro. O, más bien, las migas en las que se convirtió -tiempo, tejones y espeleólogos mediante- otro acetre del mismo estilo, también chapado en cobre. 

Acetre de la Cueva de Las Penas (según M. L. Serna)

Finalmente, los broches de cinturón pertenecen a ese gran cajón de sastre que es el "tipo liriforme", aunque de estilos muy diferentes ambos. Son guarniciones de cinturón que se incluyen en el Tipo V de G. Ripoll y se fechan entre la segunda mitad del s. VII d. de C. y finales del VIII d. de C., aunque es posible que aún perduraran a inicios de la siguiente centuria. Casi con toda seguridad, la hebilla suelta haría pareja con la placa también suelta, ya que es del tipo en forma de D que acompaña siempre a ese tipo de piezas. Es cierto que el hebijón de tipo escutiforme (la "tortuga" de Gago) desentona tanto con una como con otra y sería algo anterior en el tiempo, aunque también lo es que se conocen algunos (pocos) casos de reutilizaciones de piezas como ésa en broches liriformes (uno en Contrebia Leucade, por ejemplo). La placa suelta sería similar a ésta de la imagen, que se expone en el Museo de Palencia. Del broche completo ya tendremos tiempo de hablar en otra ocasión.


Placa liriforme del Museo de Palencia (Foto sacada de aquí)

Por cierto, que yo, en su momento, me tragúe lo de las "aldabas". Lo hice en mi artículo de 2002 sobre los usos de las cuevas en Cantabria en época visigoda (en 2011 ya lo entrecomillé, porque me sonaba a error y no me equivoqué) porque saqué la referencia de un libro donde (ahora sé que inexplicablemente) se citaban así. Es el precio que hay que pagar de vez en cuando por no tener acceso a la fuente original. Qué le vamos a hacer...

Recapitulando: un más que interesante conjunto de materiales de época visigoda (siglos VII-VIII d. de C.) procedentes de una cueva de la que no sabemos apenas nada, más allá de su mera existencia. O, más bien, de su mera existencia a inicios del siglo XX, porque todos (al igual que el resto de las posesiones de Elías Gago Rabanal) están en paradero desconocido desde entonces. Vamos, que tenemos la referencia más antigua a un yacimiento de este tipo pero ni sabemos dónde estaba la cueva ni qué ha sido de los objetos que salieron de ella. Es la primera, sí, pero en la frente. 

Y para terminar, una curiosidad relacionada con el libro que, aunque no viene muy a cuento, no me resisto a comentar, aprovechando que el Esla pasa por Lancia. De vuelta a esa ciudad, publica E. Gagouna serie de materiales procedentes de El Castro, entre ellos un hacha-azada de hierro que considera astur (o astur-romano, en el más reciente de los casos). Se trata de una herramienta para la que no conozco paralelos de la Edad del Hierro o de época romana pero que se parece sospechosamente a algunas dolabrae de época visigoda (a las que se dedicó una entrada en este blog hace unos años), concretamente a las de Deza y Vadillo. A lo mejor (y aunque no tenga nada que ver con una cueva) se trata de un útil de los siglos VI-VIII d. de C. que hay que añadir a la lista. Veremos.




16 may 2016

Novedades cruciformes

A finales de 2013 presentábamos aquí nuestro trabajo de síntesis sobre los broches cruciformes de época visigoda conocidos hasta esa fecha en la península Ibérica. El propio carácter «accidental» de cómo llegó a nuestro conocimiento la existencia de algunos de ellos nos hacía sospechar que el listado recogido no tardaría en ampliarse. Pienso, sobre todo, en la colección del Museo Municipal de Villamartín (Cádiz), que conocimos gracias a una publicación en el muro de Facebook de una antigua compañera de Helena Paredes ¡las cosas que tienen las redes sociales! En cualquier caso, Gisela Ripoll nos animó a elaborar entonces una tipo-cronología con los materiales disponibles. De momento no hemos visto utilizadas todavía las denominaciones propuestas, por lo que aprovechamos esta addenda para estrenar la nomenclatura.

La tipología Gutiérrez-Hierro (2013) de broches cruciformes hispano-visigodos
El primero de los broches cruciformes que no habíamos recogido en nuestro trabajo de 2013 al que nos referiremos es un ejemplar conservado en el Museo Arqueológico Nacional que no había sido incorporado a la versión pública del catálogo Domus cuando lo revisamos en su momento. Se trata de una pieza de procedencia desconocida ingresada en 2005 a través de una donación efectuada por Manuel Casamar Pérez que consta en el catálogo con la referencia 2005/136/2. Por lo que respecta a su tipología, sus «parientes cercanos» entre las producciones hispanas son los de tipo Gutiérrez-Hierro CH1c procedentes de Cártama (Málaga) y Carteia (Cádiz), sobre todo por la hebilla de forma cuadrangular con apéndices circulares, aunque el nuevo broche del MAN presenta algunas características particulares que lo entroncan con el tipo E4 de Schulze-Dörrlamm fechados en el siglo VIII. El modelo bizantino, sin embargo, es articulado, con la hebilla y la placa unidas mediante una bisagra y no de placa rígida como el hispano. Además, el broche del MAN ha perdido algunas características de su referente oriental: el elemento decorativo del extremo distal no está perforado y carece del remate circular. Todas estas características invitan a pensar que se se trata de una versión local y no de una importación, un ejemplar genuinamente hispano que adapta un modelo bizantino. No obstante, la ausencia de contexto dificulta la contrastación de esta hipótesis. 

Broche cruciforme de procedencia desconocida MAN 2005/136/2 (Foto: MAN)
Broches bizantinos del tipo Schulze-Dörrlamm E4 (Schulze-Dörrlamm, 2009)
Cruciformes de Cártama y Carteia (Gutiérrez y Hierro, 2013)
El segundo broche sobre el que nos vamos a detener es quizá el menos cruciforme de todos los que se tratan aquí. Se trata de un pequeño broche de placa rígida que procede de la necrópolis de Tossal de les Basses (Alicante), concretamente de la tumba 2168. Lo recoge Pablo Rosser Limiñana en su tesis dedicada al estudio de Alicante entre la Antigüedad Tardía y la primera ocupación islámica, defendida en la Universidad de Alicante en 2013. Considera que es una variante de los broches cruciformes bizantinos del tipo Schulze-Dörrlamm D22, un tipo únicamente representado en territorio peninsular por un ejemplar procedente de Cunas de los Moros (Ávila). El paralelo más cercano lo encontramos en un ejemplar del norte de África, procedente probablemente de Cartago, catalogado por Cristoph Eger. Este investigador resalta la rareza del tipo en cuestión y sólo encuentra un broche similar en la necrópolis franco-oriental de Kruft (Alemania) sobre el que ya se había supuesto un origen mediterráneo. No encuentra ninguna relación entre el broche de Cartago y los cruciformes bizantinos, de modo que también se debería descartar para el caso de Tossal de les Basses. Tiene poco que ver también con las variantes de cruciformes hispanos, de manera que se queda encuadrado como tipo Eger 20 y es probable su filiación norteafricanaEn la misma necrópolis de Tossal aparece algún broche tipo Balgota, un modelo típicamente bizantino muy presente en el Mediterráneo central y también en el Norte de África.

Broche de Tossal de les Basses (Rosser, 2013)
Broche de Cartago (Eger, 2010)
La tercera novedad digna de mención la encontramos más allá de los Pirineos, en un artículo publicado en 2014 por Katalin Escher dedicados a los broches de cinturón bizantinos y «emparentados» hallados en Francia. La mayor parte de los ejemplares cruciformes o similares que describe en su trabajo son de tipo bizantino, pero hay al menos dos que tienen características comunes con ejemplares de la península Ibérica. Se trata de ejemplares descontextualizados, en ambos casos, uno posiblemente procedente del antiguo monasterio de Charenton-du-Cher (Cher) y otro del departamento del Gard.

Broches cruciformes de Francia estudiados por Katalin Escher (Escher, 2014)
El broche atribuido a Charenton-du-Cher tiene similitudes con el tipo Gutiérrez-Hierro CH1b, definido en la península Ibérica a partir de un ejemplar de MAN de procedencia desconocida. En el caso del ejemplar del MAN propusimos que se trataba de una variante hispana del tipo D25 de Schulze-Dörrlamm y lo mismo se puede proponer para el caso francés. Es bastante significativo que tanto en el broche del MAN como en el de Charenton-du-Cher —al menos es lo que parece a primera vista en este caso—se hayan hecho algunos cambios con respecto de los modelos bizantinos tendentes, en ambos casos, a simplificar la forma general. En el broche del MAN la cruz se ha simplificado en la zona más próxima a la hebilla, mientras que en el francés se ha suprimido la parte opuesta. A primera vista, lo más probable es que el broche de Charendon-du-Cher sea una adaptación local del modelo bizantino, quizá procedente de un taller hispano. Sin embargo, hay una característica del broche que deja dudas y abre la puerta a otra lectura tecno-tipológica: sólo tiene un apéndice perforado para fijar a la correa, aunque en las fotografías se aprecian posibles restos de otro aparentemente eliminado de forma intencional. Tanto los modelos bizantinos estudiados por Schulze-Dörrlamm como el del MAN estudiado por Isabel Arias y Feliciano Novoa tienen dos apéndices perforados para fijar al cinturón. ¿Puede estar modificado el broche de Charenton-du-Cher? No es extraño que se realicen este tipo de modificaciones, conocemos casos muy cercanos. Katalin Escher no hace referencia a esta posibilidad, pero la forma peculiar del extremo distal del broche podría ser consecuencia de una hábil reparación. Si a esto sumamos que la forma y las proporciones son prácticamente idénticas a las del ejemplar bizantino de referencia —procedente de Asia Menor—hasta tal punto que parecen casi salidos del mismo molde, estaríamos ante un ejemplar de origen oriental y no hispano.

Broches
Cruciformes de Charenton-du-Cher y Asia Menor (Escher, 2014) junto al del MAN (Gutiérrez y Hierro, 2013)
A modo de curiosidad pedantesca, quizá sólo de interés para quienes estén muy familiarizados con la historiografía regional, de Charenton-du-Cher procede un espectacular sarcófago decorado de mármol blanco custodiado en la actualidad en el mismo Museo de Berry (Bourgues) donde está el broche cruciforme conocido como sarcófago de Saint-Chalan. ¿Qué tiene que ver con Cantabria esa pieza que duerme en un museo a más de 900 km de distancia? Pues que Enrique Campuzano quiso ver en su decoración uno de los argumentos para sostener la cronología tardía —muy tardía, de época visigoda— de las estelas gigantes de Cantabria en su artículo «El mundo visigodo. Las primeras manifestaciones cristianas en Cantabria» publicado en la obra colectiva Regio Cantabrorum. La similitud formal es bastante evidente, pero probablemente sea una convergencia iconpgráfica y no es probable que exista una relación cultural y mucho menos cronológica entre este sarcófago del siglo VI-VII d. de C. y una estelas que se sitúan, según la mayor parte de los especialistas que las han estudiado, en torno al cambio de era (siglo I a. de C-siglo I d. de C).

Sarcófago llamado de Saint-Chalan, procedente de Charenton-du-Cher (Foto: Cégep de Sherbrooke)
Por lo que respecta al broche cruciforme del departamento del Gard, su parentesco con ejemplares específicamente hispanos y sin aparente relación con modelos bizantinos orientales resulta evidente. En este caso el broche francés, presenta características que lo relacionan con los tipos Gutiérrez-Hierro CH2c y CH2d, que engloba diversos broches de placa articulada. Katalin Escher relaciona el broche del Gard con algunos ejemplares hispanos clasificados en estos dos tipos y con modelos del Mediterráneo occidental. Podría ser también se procedencia peninsular, sobre todo por rasgos como su falta de decoración, algo poco frecuente en los cruciformes y que lo pone en relación con el broche de Tudején-Sancho Abarca (Navarra).

Broche del Gard  (Escher, 2014) con sus «parientes cercanos» de la Hispania visigoda (Gutiérrez y Hierro, 2013)
La ampliación del catálogo de cruciformes peninsulares con el ejemplar del MAN —el de Tossal de les Bases no debería incluirse en esta categoría— y los datos que aporta el repertorio francés sigue reforzando la idea de que cuando los diseños cruciformes empiezan a ser producidos en talleres occidentales la aparente estandarización formal que se aprecia en buena parte de los modelos bizantinos orientales se diluye. El llamado proceso de «regionalización» desemboca en diseños que poco o nada tienen que ver con sus referentes originales.

Por otra parte, los posibles vínculos del ejemplar del Gard con talleres hispanos aporta más argumentos a favor de la particularidad de la toréutica del sur de Francia en el conjunto del territorio. Dicho de forma rápida y sencilla, en los territorios al norte de los Pirineos controlados por el Reino Visigodo, esto es, en Septimania, los objetos de adorno personal tienen mucho que ver con «lo hispano-visigodo» y menos con «lo merovingio». De hecho, el trabajo de Katalin Escher dibuja una concentración de tipologías «bizantinas» hispano-visigodas en esta zona y una dispersión casi anecdótica de tipologías «bizantinas» orientales en el resto de Francia, cuestión que merece un análisis detenido. En ese espacio de influencia hispana tiene mucho sentido que aparezca un broche cruciforme muy similar a los de la península Ibérica y muy poco similar a los del resto del Mediterráneo.

Seguro que futuros hallazgos arqueológicos o nuevos estudios y revisiones de colecciones seguirán ampliando, en los próximos años, la nómina de este peculiar tipo de broche al que continuaremos siguiéndole la pista.

1 sept 2014

El broche de Santa María de Hito, pieza del mes del MUPAC

Nos toca, por fin. Esperábamos este momento con una ilusión casi infantil desde que el 30 de abril recibimos la invitación del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria y la Sección de Arqueología del Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras de Cantabria para participar en La Pieza del Mes del MUPAC. Bueno, en realidad, mucho antes. Desde que se empezó a fraguar esta iniciativa dábamos por hecho que el broche de Santa María de Hito tenía que ser una de las «piezas del mes» y quién mejor que nosotros para hablar de este objeto. Puede sonar pretencioso, pero está claro que pocos investigadores le han dedicado en la última década y media tanta atención y tanto interés al broche y a su contexto.

Una vista general del yacimiento durante su excavación. Foto: R. Gimeno
Fruto de esta relación de amor-amor han sido un par de artículos publicados en 2007 y 2009, así como un porcentaje significativo de mi tesis doctoral que no tardará en ser defendida. Incluso José Ángel tuvo la oportunidad de excavar en una zona marginal del yacimiento hace unos años y, por el camino, localizar unas estructuras semi-rupestres en las afueras del pueblo. Todo ello ha sido consecuencia de una necesidad casi obsesiva por nuestra parte por comprender y dar a conocer este yacimiento que, por avatares del destino, no ha recibido la atención que merece en la arqueología regional. Y eso que pocos pueden presentar unas «credenciales» como las de Santa María de Hito: la única villa bajo imperial de Cantabria conocida en detalle, la necrópolis tardoantigua y medieval con más sepulturas excavadas de la región, una de las mejores colecciones de cerámica plenomedieval del MUPAC y, por supuesto, el broche. Si se me permite la hipérbole, EL BROCHE. No hay otro broche de cinturón de hueso en ningún museo de España, ni ha aparecido algo semejante en ningún yacimiento en toda la península Ibérica. Es un objeto único, por suerte y, sobre todo, por desgracia. Los colegas arqueólogos entienden, porque muchos lo habrán sufrido, el quebradero de cabeza que supone tener en la mano un hapax, un unicum. Incluso querida esposa, sin ir más lejos, se ha visto tan contagiada por mi constante búsqueda de aves afrontadas y la «caza del pavo» se ha convertido en una actividad obligada en cada una de nuestras excursiones culturales.

El broche de Santa María de Hito en 1978. Foto: R. Gimeno
Muchos pueden pensar que no vamos a contar mucho más que lo que ya hemos esbozado en alguno de nuestros artículos que es, sobre todo, lo que alguien ya hizo notar antes que nosotros: que su atribución cronológica y cultural es incorrecta, que no es un broche ni «mozárabe» ni «del siglo X». Aunque lo afirme la prensa. Pero si sólo fuese eso, nos sobrarían 43 minutos de conferencia y quien nos conoce sabe que somos parcos en palabras pero que, cuando nos arrancamos, nos arrancamos... Tocaremos más temas, desde cómo fue a parar el broche al Museo, hasta qué significado esconde su decoración, e incluso tenemos reservada alguna sorpresa para los asistentes. Si dar muchas más pistas, y como la ocasión lo merece, se podrá ver el broche «como nunca antes se había visto». Así que... el que quiera saber más sobre La Pieza del Mes, está invitado. Nos vemos mañana martes 2 de septiembre a las 20:00 h en el MUPAC (Mercado del Este) de Santander.




2 jun 2014

Ocupados

Somos conscientes de que está muy feo abandonar a nuestros lectores dos largas semanas sin dar señales de vida. Alguno habrá empezado a elucubrar sobre la posibilidad de que el pobre Maurano haya emprendido su viaje y por el camino se haya hundido el barco o algo parecido. La verdad es que hemos estado ocupados en tareas tan diversas y variopintas que no encontrábamos hueco para contar nada.

El uno con su recién estrenada paternidad (segunda) y el otro sin querer restarle tiempo a la redacción de su tesis doctoral... el resultado es el más absoluto silencio. ¿Quiere decir eso que hemos abandonado a Maurano a su suerte? Ni mucho menos. Ahora mismo tenemos dos frentes abiertos en los que nos empleamos a fondo, al margen de las «excusas oficiales» mencionadas.

Por un lado, estamos dándole las últimas pinceladas a un artículo sobre los  «punzones de tejedor» de hueso de las cuevas de Portillo del Arenal y El Linar, unos instrumentos de los que hablamos ya hace un tiempo en otro trabajo y que ahora estudiamos en detalle gracias a la colaboración de Daniel Garrido Pimentel. Como especialista en el estudio de la industria ósea que es, ha realizado un análisis tecnológico y funcional de los punzones que ofrece resultados muy interesantes para completar nuestro enfoque más arqueológico y tipológico. En cuanto el trabajo esté publicado, lo compartiremos. Eso no sucederá hasta dentro de unos cuantos meses, en el mejor de los casos, pero la espera merece la pena. Es la primera vez que se aborda un análisis semejante en este tipo de piezas, al menos, que nosotros tengamos noticias.

Punzones de hueso de la cueva del Portillo del Arenal
Por si eso no fuera suficiente, y en este caso cada uno por nuestro lado –por una vez y sin que sirva de precedente–, estamos inmersos en la preparación de sendas conferencias que nos han encargado para conmemorar el 10º aniversario del descubrimiento de la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos). Uno de nosotros hablará sobre los avances que se han realizado en la investigación sobre este yacimiento en los últimos años y al otro le ha tocado contar lo que han dado de sí hasta ahora las excavaciones en la cueva de Riocueva y su relación con Las Penas. Como todavía no hay «cartel oficial», no adelantamos más información. Sólo podemos decir que la cita tendrá lugar en un par de semanas.

Broches de Las Penas expuestos en el MUPAC
Y eso sin contar otras tareas relacionadas con el proyecto que de vez en cuando reclaman nuestro tiempo... además de los varios trabajos que tenemos pendientes de entregar antes de que acabe el año, alguno de los cuales está aún sin empezar. ¡Ah, lo olvidaba! También está en el horizonte nuestra participación en la «Pieza del Mes» del MUPAC. Agenda apretada, sin duda.

8 may 2014

De nuevo sobre broches cruciformes

Siguiendo con la costumbre que iniciamos tiempo atrás, siempre que publicamos un nuevo artículo en alguna revista científica, lo compartimos con los lectores del blog. Hace unos meses presentábamos un trabajo en el que revisábamos todos los broches cruciformes conocidos hasta la fecha en la península Ibérica y comentábamos que teníamos pendiente de publicación otro sobre el mismo asunto. Pues ya ha visto la luz el número 32 de la revista Kobie-Paleoantropologia, en la que se recoge el artículo «¿Un broche cruciforme de época visigoda en El Castillete (Reinosa, Cantabria?». Como ya avanzamos en su momento, en este trabajo se una pieza del yacimiento de El Castillete (Reinosa, Cantabria), que forma parte de una colección de objetos actualmente desaparecidos que proceden, presumiblemente, de una necrópolis hispanovisigoda de los siglos VII-VIII. La pieza fue interpretada por sus publicadores como un fragmento de un broche de placa rígida calada pero es, en realidad, parte de un broche cruciforme. Para abrir boca, nada mejor que algunas de las imágenes que acompañan al texto.




Poco más podemos contar sobre el tema, ya en la anterior entrada explicamos brevemente cómo habíamos llegado a la conclusión de que el de El Castillete era un broche cruciforme. Además... para dar más detalles ya está el artículo que compartimos, para que lo podáis descargar y leer con calma. Y si alguien quiere comentarlo o rebatirlo, estaremos encantados de «entrar al trapo».




 Se puede descargar aquí una versión en PDF del artículo:

 


28 nov 2013

Una revisión de los broches cruciformes de época visigoda

Como no todo va a ser cueva... acabamos de recibir la separata de nuestro último trabajo publicado, un artículo sobre los broches cruciformes de época visigoda de la península Ibérica. Si por lo general suele hacer ilusión ver publicado un nuevo artículo, en este caso la sensación es más agradable aún, al tratarse de un estudio en el que llevábamos trabajando desde marzo de 2011.

Broche de El Castillete según la interpretación anterior (1) y la nueva propuesta (2)
El asunto nació de la forma más inocente posible. Durante una de esas "búsquedas de paralelos" a las que dedicaba José Ángel su tiempo libre antes de ser padre, cayó en la cuenta de que un fragmento de broche de El Castillete (Reinosa) interpretado como parte de un broche calado de placa rígida, podría ser en realidad parte de un broche cruciforme muy parecido a otro que está en el Museo Arqueológico de Jerez.

Broche cruciforme de Las Pedreras (Foto: Museo de Jerez)
Nuestra intención era publicar una breve nota con la nueva interpretación de la pieza, pero la cosa se fue liando, se fue liando, se fue liando... y acabó convirtiéndose en dos artículos. Redactamos la primera versión del artículo centrado en el broche de El Castillete y se lo enviamos a Gisela Ripoll, con idea de que lo incluyese en la revista Pyrenae. Gisela es una de las principales especialistas del país en broches de cinturón de época visigoda y editora de la citada revista, por lo que pensábamos que no había un lugar en el que el artículo pudiese tener mejor acogida... y ahí es donde el asunto se transformó definitivamente. ¿Y por qué en lugar de hacer un trabajo sobre una pieza tan específica no hacéis una revisión de todos los ejemplares de la península Ibérica? Esa fue su respuesta. Y ese fue el punto de partida de una larga labor de rastreo de piezas, fotografías y referencias que culminó en el "Broches cruciformes de los siglos VII y VIII en la Península Ibérica: caracterización tipocronológica" que acaba de publicarse en Pyrenae.

La nueva clasificación de los cruciformes propuesta en el artículo
Revisamos todos los broches conocidos, incluimos cinco ejemplares inéditos gracias a la colaboración de nuestros contactos "sureños", que nos han permitido añadir nuevos broches de los museos municipales de Baena (Córdoba) y de Villamartín (Cádiz), y reflexionamos sobre su cronología y su relación con los cruciformes bizantinos. Nada más y nada menos. ¿Qué paso con el texto original? Pues como nos parecía interesante desde el punto de vista de la investigación local, lo modificamos para darle salida. En principio iba a salir en el número XVI-XVII de la revista Sautuola, pero finalmente ha acabado en Kobie. Esperamos que vea la luz pronto. En cuanto lo tengamos, lo compartiremos con vosotros.


 Se puede leerdescargar aquí una versión en PDF de la publicación:

 



6 ago 2013

Ni de Santisteban (Ampuero) ni de Santisteban (del Puerto, Jaén). El verdadero origen de dos placas liriformes conservadas en el British Museum de Londres

Hay un asunto (menor, si se quiere, pero de indudable interés para algunos investigadores, entre los que me cuento) que sobrevuela la arqueología cántabra de época visigoda desde hace mucho tiempo: la procedencia, o no, del barrio de Santisteban (Ampuero) de dos placas de cinturón liriformes  conservadas en el British Museum de Londres. Una duda que llevaba décadas asomándose a los trabajos que tocaban el tema y que sólo fue disipada en 2006 por F. Pérez Rodríguez-Aragón, aunque de forma un tanto lacónica. Tan lacónica que a mí, por ejemplo, me pasó completamente inadvertida hasta hace muy poco. Y, como creo que es algo que merece la pena que tenga difusión, en esta entrada voy a contar brevemente (y de forma no exhaustiva) cuál ha sido el recorrido de ambas piezas en la historiografía y, lo que es más importante, cuáles son sus verdaderos lugares de origen.

Hasta donde yo sé, el primero en citar la posibilidad de que las dos proviniesen del Santisteban cántabro fue H. Zeiss, en su conocidísima obra de 1934 Die Grabfunde aus dem spanischen Westgotenreich. Sin embargo, años después, en el tomo dedicado a la "España Visigoda" de la Historia de España de Ramón Menéndez Pidal se publicaba la fotografía de las dos placas y también se las hacía originarias de Santisteban, pero de Santisteban del Puerto, en la provincia de Jaén.

Fuente: Historia de España dirigida por Ramón Menéndez Pidal, Tomo III: La España visigoda

Y, a partir de entonces y pese a que la mayor parte de los autores que yo conozco optaron por la tesis de Zeiss, la controversia estuvo servida y el verdadero lugar de origen de las piezas quedó en el aire: Santisteban, en Ampuero, o Santisteban del Puerto. Podemos encontrar un buen ejemplo de cómo la versión del investigador alemán fue la que se impuso en la tesis doctoral de G. Ripoll López, presentada en 1986 y que constituye, entre otras muchas cosas, un monumental catálogo de las guarniciones de cinturón de época visigoda en la Península Ibérica. Esto es parte de lo que decía esta autora, siguiendo a Zeiss, bajo el epígrafe "SANTIESTEBAN (AMPUERO, SANTANDER): "Dos hallazgos casuales procedentes de Santiesteban se encuentran conservados en el British Museum de Londres, con los números de inventario 541 y 542." Ese mismo año, F. Pérez Rodríguez-Aragón (que será quien cierre esta historia) y M. A. de Cos Seco, en su trabajo sobre los materiales de la necrópolis reinosana de El Castillete (de la que seguro hablaremos en futuras entradas), se hicieron eco de esa "discusión" y propusieron una curiosa explicación alternativa: que los dos broches fuesen, en realidad, los aparecidos junto a un lote de monedas visigodas de oro muy cerca de La Hermida (Peñarrubia), en las primeras décadas del siglo XX y cuyo rastro se perdió inmediatamente después de su hallazgo. La confusión sobre su origen podría haberse producido, siempre según estos autores, por haber sido vendidos en Ampuero, dándose por ello esta localidad como su lugar de procedencia.

Sin embargo y sin que la noticia hubiese llegado a Cantabria (gracias Google Books, porque sin ti no me hubiera enterado nunca), en Santisteban del Puerto J. Mercado ya había hecho sus averiguaciones 12 años antes, contactado con el British Museum y resuelto el misterio:


Yo, por mi parte y sin tener ni idea de lo anterior, mencioné la existencia de ambas placas y su (ahora sé que falsa) procedencia cántabra en dos trabajos: en mi primer artículo en solitario y sobre este período, en 2002; y en la primera publicación de ese yacimiento arqueológico excepcional que es la Cueva de Las Penas, junto a A. Serna Gancedo y A. Valle Gómez. Me dejo en el tintero a unos cuantos autores cántabros más (no tengo tiempo de comprobarlo ahora mismo, pero me suenan M. A. Alonso Ávila, J. González Echegaray y, con más dudas, A. Ruiz y R. Bohigas) que cometieron el mismo error antes que yo, pero ya dije que no iba a ser un repaso en profundidad.

Así las cosas, llegamos al año 2006 y a la publicación (con catálogo incluido, en el que colaboré, por cierto, redactando algunas fichas junto a los ya mencionados A. Serna y A. Valle) que acompañó a la exposición Apocalipsis (sobre Beato de Liébana y su época) en Santillana del Mar. En ella, concretamente en la página 148, al describir una placa liriforme procedente de Herrera de Pisuerga (hasta entonces inédita y depositada en el MUPAC) F. Pérez Rodríguez-Aragón escribe lo siguiente: "La decoración de esta pieza es muy similar a la de una de las dos placas de cinturón del British Museum de Londres que se publicaron como procedentes de Santisteban (Ampuero, Cantabria), aunque en realidad proceden de la zona de Villacarrillo (Jaén)".

¿Misterio resuelto? Los testimonios de Mercado Egea (con la respuesta del Museo Británico) y Pérez Rodríguez-Aragón parecen coincidentes, así que todo indica que sí. Para asegurarnos, veamos qué cuentan en el British Museum:

- sobre la procedencia de la situada más arriba en la foto: "Úbeda la Vieja, prov. Jaén, Spain, found 1913 (Register)".

- acerca de la de la otra: "Mentesa, near Villacarrillo, prov. Jaén, Spain, found 1913 (Register)".

(Las fichas completas de ambas placas pueden verse aquí y aquí.)
En conclusión y yendo a lo que nos interesa en este blog: las dos placas del museo londinense no tienen origen cántabro. No fueron halladas en Santisteban (Ampuero), tal y como supuso Zeiss, dando lugar a un error que ha llegado casi hasta nuestros días, que yo mismo he contribuido a mantener y que, estoy seguro, más de uno volverá a repetir más temprano que tarde. Y tampoco son parte de los broches perdidos de La Hermida ni fueron vendidas en Ampuero a ningún coleccionista. Según los registros del British Museum, son piezas andaluzas, procedentes de la provincia de Jaén: de Úbeda la Vieja (un yacimiento arqueológico situado a unos 15 km de Úbeda) y, muy probablemente, de Santo Tomé (junto a Villacarrillo), respectivamente. Y poco más se puede añadir.



25 jul 2013

Testimonios de época visigoda en Cantabria (4)

La última placa de cinturón liriforme (un fragmento, en realidad) que ha venido a sumarse a la ya extensa colección de objetos de ese tipo presentes en el registro arqueológico cántabro es la de Santa Marina (Valdeolea). Fue hallada por R. Bolado del Castillo en 2009, durante los trabajos de prospección y sondeos dirigidos por P. A. Fernández Vega en ese magnífico yacimiento del sur de Cantabria, y publicada en la revista Kobie en el año 2010, en un artículo firmado por esos dos autores y quien escribe estas líneas. Se trata de un hallazgo fuera de contexto, aunque en un lugar que presenta una larga e intensa secuencia de ocupación: Edad del Hierro, época romana, Edad Media y Guerra Civil Española. Además, en su entorno inmediato se localiza un importante yacimiento de época tardoantigua-altomedieval: la necrópolis de El Conventón (Rebolledo), en uso ininterrumpido al menos entre los siglos VI y XI d. de C. y que, sin duda, es el "reflejo" funerario de una aldea situada no muy lejos de ella y que aún no ha sido localizada.
 
Imagen: Fernández Vega, Bolado y Hierro, 2010

Se trata del extremo proximal de una placa de cinturón de bronce de época visigoda (algo menos de la mitad de la pieza completa), realizada a molde y terminada de decorar con buril y troquel, que conserva en el reverso dos de los apéndices de sujeción al cinturón (para una descripción más completa, remito al artículo ya citado y enlazado más arriba). Con toda seguridad la placa se rompió cuando aún estaba en uso, ya que fue toscamente reparada, mediante cuatro roblones de hierro que la atraviesan, para seguir siendo utilizada como guarnición de cinturón. Este hecho nos permitió proponer una cronología del siglo VIII d. de C. avanzado para su último uso, unas fechas en las que sería ya difícil acceder a nuevos broches de este tipo (que se fechan entre la segunda mitad del siglo VII y todo el VIII d. de C.), por lo que su portador habría tenido que recurrir a un apaño tan cutre para seguir usándolo.

En cuanto a sus paralelos, en el artículo señalamos tres muy claros y que permiten hablar de un "subtipo" muy bien definido dentro del conjunto de las placas liriformes. Proceden de San Julián de Moraime (Muxía, A Coruña) (nº 2 en la imagen inferior), Tudején-Sanchoabarca (Fitero, Navarra) (nº 3) y Calatayud (Zaragoza) (nº 4). Finalmente, la localización en el tercio norte de la Península de todos ellos, así como su ausencia en los extensos repertorios de guarniciones de cinturón de época visigoda procedentes de la Bética, hicieron que hipotetizásemos acerca de la posible existencia de un taller de origen localizado en el centro o norte peninsular (propuesta condicionada, obviamente, por la escasez de muestras y pendiente de verificación a la luz de nuevos hallazgos).

Imagen: Fernández Vega, Bolado y Hierro, 2010

Todo eso por lo que respecta al artículo. Sin embargo, el tema no está cerrado, ya que desde entonces hasta hoy he tenido noticias de algunos otros ejemplares de placas muy similares a las que acabamos de ver y aprovecharé esta entrada para aumentar el catálogo.

En primer lugar hay que mencionar una pieza procedente de las excavaciones en la antigua Ruscino (Perpignan, Rosellón), en el sureste de Francia, un yacimiento con importantes niveles de época romana y visigoda.


Placa de Ruscino (Imagen tomada de Artefacts.mom.fr)

A la que habría que sumar otras dos de procedencia peninsular y que aparecen recogidas en la Tesis Doctoral de G. Ripoll. Una habría sido hallada en Navarra, en el "Castillo de Inirlegui" (sic), mientras que la otra vendría de un lugar indeterminado de la provincia de Granada. En cuanto al origen de la primera, no he sido capaz de encontrar en Navarra ningún lugar llamado "Inirlegui" o "Inirlegi", por lo que sospecho que nos encontramos ante un error en la escritura del topónimo, achacable a H. Zeiss, que es quien recoge el dato y de quien lo toma G. Ripoll. Y se me ocurre que, quizá, el lugar que se esconde bajo ese nombre es el del Castillo de Irulegi (Aranguren), un importante yacimiento arqueológico con al menos una importante fase de ocupación en la Edad del Hierro y otra en época pleno y bajomedieval y en el que se han realizado excavaciones recientes (cuyos responsables, por cierto, no descartan que hubiese estado ocupado también en la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media. Puede encontrarse un avance de sus trabajos en la página 203 de este interesante libro).

Placas de Navarra (¿Castillo de Irulegi?) y Granada, sgún Ripoll, 1985

El mapa con las localizaciones de todas estas piezas nos ofrece una imagen que cuadra bastante bien con la que ya habíamos propuesto en el artículo: una distribución mayoritariamente septentrional para este tipo de placas, con cinco ejemplares en el tercio norte peninsular y otro en el sureste de Francia, y sólo uno en Andalucía oriental.

Mapa de distribución de las placas liriformes del mismo subtipo que las de Santa Marina, incluyendo esta última: 1 Santa Marina, 2 San Julián de Moraime, 3 Tudején-Sanchoabarca, 4 Calatayud, 5 Ruscino, 6 ¿Castillo de Irulegi? y 7 Provincia de Granada

Finalmente, hay que señalar la existencia de otro fragmento de una placa similar en la colección de materiales hispanovisigodos del Metropolitan Museum of Art de Nueva York, estudiado (junto a otros objetos de la misma procedencia) por G. Ripoll en un artículo que puede leerse aquí. En él, esta autora relaciona la pieza con la del "Castillo de Inirlegui" y propone para ambas una cronología del siglo VII avanzado e incluso ya del VIII d. de C.
 
Placa del MET. Imagen tomada de RIPOLL LÓPEZ, G. (2000)

En conclusión, podemos decir que la placa de cinturón liriforme de Santa Marina es una pieza de adorno personal con abundantes paralelos en otras zonas de la península Ibérica, dentro siempre del mundo cultural hispanovisigodo. Sus paralelos son tan exactos y su morfología tan particular que puede afirmarse que este tipo de placas constituyen un subgrupo con características propias dentro del de las liriformes (¿podríamos, echándole cierto morro al asunto y barriendo para casa, llamarle "Tipo Santa Marina"? ¿O sería más correcto hablar de un "Tipo Moraime"?). Y en relación con esas particularidades podrían mencionarse también tanto su cronología avanzada, probablemente ya del siglo VIII d. de C., como su localización septentrional, hecho éste que podría indicar una procedencia de uno o varios talleres situados en el centro-norte peninsular. Y digo varios porque algunas piezas son claramente copias tardías, mucho más simples y esquematizadas, de otras de más calidad y con decoraciones mucho más cuidadas. Las de Ruscino o Tudején-Sanchoabarca serían buenos ejemplos de las primeras, mientras que la de San Julián de Moraime parece el ejemplar mejor acabado de toda la serie.

Y para terminar, una curiosidad: varias de las placas aparecen rotas hacia la mitad de su longitud original y sabemos por la de Santa Marina que al menos algunas de esas roturas no son producto del paso de los siglos y de ignotos procesos postdeposicionales, sino que tuvieron lugar "en vida" de los broches. ¿Estaremos pues ante un raro ejemplo altomedieval de un "fallo de diseño"? Yo diría que sí.

14 jul 2013

Romanas, romanas ¿Es que no ven que son aquitanas? (sobre varias placas de cinturón expuestas en el Museo de Navarra)

Hace unas semanas, coincidiendo con la despedida de soltero en Pamplona de la mitad del Proyecto Mauranus que no soy yo, estuvimos visitando el Museo de Navarra. Entre las muchas cosas que vimos (lamentablemente, la zona de Pre y Protohistoria estaba cerrada por obras) me llamaron mucho la atención algunos errores de bulto en la identificación de materiales expuestos. Hay alguno aún más grave, pero dedicaré esta entrada a señalar tres que están relacionados con la época sobre la que trata el blog.
  
En una de las vitrinas dedicadas al mundo romano se exponen tres anillos y cuatro placas de broches de cinturón (tres placas y un broche de placa rígida incompleto, para no mentir). Son las piezas que pueden verse en la foto:


Dejando completamente de lado los anillos y centrándonos en los broches, hay que señalar que el situado arriba a la derecha sí es una pieza tardorromana. Como tal ha sido publicada y tiene abundantes paralelos. Además, en su reverso cuenta con apéndices de sujeción con forma de roblones macizos, como es la norma en placas de esa cronología y al contrario de lo que ocurre con los otros tres. Es una lástima que no se vean en la foto (y que no tengamos una en la que salgan), pero sus apéndices del reverso no son como los que acabamos de mencionar, sino planos y con perforación central; del tipo presente en las guarniciones de cinturón de los siglos VI-VIII d. de C. Y esa es la "prueba del nueve", aunque ni mucho menos la única, de que su cronología no es la que le han asignado en el museo. Por tanto, deberían estar expuestos a la vuelta de la esquina, en la zona destinada al final de la Antigüedad y los inicios de la Edad Media, como voy a seguir razonando a continuación.
Antes de empezar tengo que decir que la historia de estas piezas me es desconocida en gran parte, aunque, como veremos, al menos dos de ellas han sido publicadas hace años. La primera, un ejemplar de placa rígida calada con abundantes paralelos en la toréutica del siglo VII d. de C., tanto en la Península Ibérica como al norte de los Pirineos, es citada por M. A. Mezquíriz Irujo en su "Catálogo de bronces romanos recuperados en el territorio de Navarra", aunque sin darle una cronología precisa (sólo cita su procedencia, Pamplona, y remite a un trabajo anterior que no he podido consultar).
Es una de las piezas que A. Azkarate menciona como de cronología tardoantigua-altomedieval (y onda norpirenaica) en la nota al pie nº 22 de su artículo de 1993 titulado "Francos, aquitanos y vascones. Testimonios arqueológicos al sur de los Pirineos" (gracias, Mikel), por lo que llama aún más la atención el hecho de que siga expuesta como romana y figurando en catálogos de materiales de esa cronología (lamentablemente, parece que Azkarate no volvió a tratar acerca de estas placas, tal y como era su intención y manifestó en la propia nota al pie). Sin salir de la propia Pamplona, en la necrópolis de Argaray (u Obietagaña) se localizaron algunos ejemplares de placa rígida calada del mismo estilo y cronología:
(Foto: Mezquíriz, 2004: 68)

Y en la muy cercan de Buzaga (Elorz), este otro:

(Foto: Azkarate, 2007: 197)

La segunda fue publicada en 1986 por M. R. Erice Lacabe ("Bronces romanos del Museo de Navarra"), quien la describe y da su procedencia (de nuevo Pamplona), aunque sin precisar su cronología. En su artículo citado más arriba, Mezquíriz Irujo (2011: 71 y 74) también la recoge y la fecha en la segunda mitad del siglo IV d. de C. 


Sin embargo, lejos de tratarse de parte de una guarnición de cinturón bajoimperial, es en realidad parte de una placa de tipo norpirenaico, del siglo VII d. de C. Está recortada y ha perdido los umbos o bossettes decorativos, tan característicos de ese tipo de producciones, aunque mantiene el orificio en el que iría encajado uno de ellos; y, tanto su sistema de articulación con la hebilla (desaparecida) como su morfología e incluso su decoración geométrica incisa son elementos que atestiguan de manera indiscutible esa filiación cronológico-cultural.

La última, por su parte, es en realidad el extremo distal de una pieza del mismo tipo que la anterior: la placa de un broche de cinturón merovingio/aquitano, del siglo VII d. de C., que, en este caso, sí ha conservado los umbos. No he encontrado ninguna referencia a ella en la bibliografía consultada, por lo que quizá esté inédita.

Existen abundantes paralelos para ambas, así que me limitaré a pegar a continuación un par de ejemplos significativos del sur de Francia:

Placa de cinturón de Mirepoix (Francia) (Imagen tomada de http://terrescathares.overblog.com/mirepoix )


Más una imagen tomada de una página (http://www.museedestempsbarbares.fr/) que es más que recomendable visitar:


Y, para terminar con un broche geográficamente muy cercano a los tres de Pamplona, un ejemplar de tipo aquitano procedente de la ya mencionada necrópolis de Buzaga:

(Foto: Azkarate, 2007: 197)

En conclusión y volviendo al principio: estas tres piezas no han sido bien identificadas en el Museo de Navarra y, por tanto, se exponen en un lugar que no les corresponde. Su sitio debería estar junto a los materiales tardoantiguos/altomedievales y no en la parte dedicada al mundo romano. Ni siquiera al tardío. Yendo un poco más allá, su correcta identificación (iniciada, al menos en un caso, por A. Azkarate en 1993) suma nuevos argumentos materiales a ese "hecho diferencial" vasco-navarro de los siglos VI-VIII d. de C., caracterizado en gran medida (aunque no sólo) por la presencia de guarniciones de cinturón norpirenaicas (merovingio/aquitanas) y la escasez de las de tipo peninsular (hispanovisigodas). En el caso concreto de Pamplona, frente a alrededor de una decena de las primeras (contando estas tres y dejando al margen los broches de placa rígida, usados a ambos lados de los Pirineos aunque varios de los ejemplares pamploneses tengan determinadas características que los acercan más al mundo franco) sólo me consta la existencia de una placa liriforme hispanovisigoda (recuperada en la excavación de la Casa del Condestable y expuesta en la catedral) y de un hebijón del tipo de los que acompañan a ese tipo de piezas (encontrado, en tiempos, en Argaray).

 
Materiales de la Casa del Condestable. Arriba a la derecha, la placa liriforme citada en el texto

Y esa proporción, de al menos diez a uno, no puede ser casual ni explicarse solamente por la cercanía geográfica y/o las relaciones comerciales entre la Vasconia peninsular y Aquitania (como sí podría hacerse, por ejemplo, con las escasas piezas de origen norpirenaico conocidas en Cantabria o Aragón, donde su presencia es muy inferior a la de los materiales hispanovisigodos). Con ello no quiero decir que ese territorio (si no todo, al menos una parte importante de él que incluiría la ciudad de Pamplona) no hubiese pertenecido al Reino de Toledo. Suele ser muy poco recomendable establecer conclusiones "políticas" a partir del registro material y no seré yo quien lo haga aquí y ahora.

Y una curiosidad para terminar: cuando estaba buscando paralelos para estas tres placas he podido ver cómo en la zona más occidental de lo que fue la Septimania visigoda, la provincia gala del Reino de Toledo y límite con la Aquitania (más o menos) merovingia, las guarniciones de cinturón más abundantes también son las de tipo franco-aquitano, en lugar de las liriformes. ¿Serán simplemente una prueba del triunfo de la "moda franca" en las zonas fronterizas del Reino Visigodo o indicios de alguna otra cosa?


PS: quienes no hayan identificado el guiño a Forges en el título de esta entrada que pinchen aquí.