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14 jul 2013

Romanas, romanas ¿Es que no ven que son aquitanas? (sobre varias placas de cinturón expuestas en el Museo de Navarra)

Hace unas semanas, coincidiendo con la despedida de soltero en Pamplona de la mitad del Proyecto Mauranus que no soy yo, estuvimos visitando el Museo de Navarra. Entre las muchas cosas que vimos (lamentablemente, la zona de Pre y Protohistoria estaba cerrada por obras) me llamaron mucho la atención algunos errores de bulto en la identificación de materiales expuestos. Hay alguno aún más grave, pero dedicaré esta entrada a señalar tres que están relacionados con la época sobre la que trata el blog.
  
En una de las vitrinas dedicadas al mundo romano se exponen tres anillos y cuatro placas de broches de cinturón (tres placas y un broche de placa rígida incompleto, para no mentir). Son las piezas que pueden verse en la foto:


Dejando completamente de lado los anillos y centrándonos en los broches, hay que señalar que el situado arriba a la derecha sí es una pieza tardorromana. Como tal ha sido publicada y tiene abundantes paralelos. Además, en su reverso cuenta con apéndices de sujeción con forma de roblones macizos, como es la norma en placas de esa cronología y al contrario de lo que ocurre con los otros tres. Es una lástima que no se vean en la foto (y que no tengamos una en la que salgan), pero sus apéndices del reverso no son como los que acabamos de mencionar, sino planos y con perforación central; del tipo presente en las guarniciones de cinturón de los siglos VI-VIII d. de C. Y esa es la "prueba del nueve", aunque ni mucho menos la única, de que su cronología no es la que le han asignado en el museo. Por tanto, deberían estar expuestos a la vuelta de la esquina, en la zona destinada al final de la Antigüedad y los inicios de la Edad Media, como voy a seguir razonando a continuación.
Antes de empezar tengo que decir que la historia de estas piezas me es desconocida en gran parte, aunque, como veremos, al menos dos de ellas han sido publicadas hace años. La primera, un ejemplar de placa rígida calada con abundantes paralelos en la toréutica del siglo VII d. de C., tanto en la Península Ibérica como al norte de los Pirineos, es citada por M. A. Mezquíriz Irujo en su "Catálogo de bronces romanos recuperados en el territorio de Navarra", aunque sin darle una cronología precisa (sólo cita su procedencia, Pamplona, y remite a un trabajo anterior que no he podido consultar).
Es una de las piezas que A. Azkarate menciona como de cronología tardoantigua-altomedieval (y onda norpirenaica) en la nota al pie nº 22 de su artículo de 1993 titulado "Francos, aquitanos y vascones. Testimonios arqueológicos al sur de los Pirineos" (gracias, Mikel), por lo que llama aún más la atención el hecho de que siga expuesta como romana y figurando en catálogos de materiales de esa cronología (lamentablemente, parece que Azkarate no volvió a tratar acerca de estas placas, tal y como era su intención y manifestó en la propia nota al pie). Sin salir de la propia Pamplona, en la necrópolis de Argaray (u Obietagaña) se localizaron algunos ejemplares de placa rígida calada del mismo estilo y cronología:
(Foto: Mezquíriz, 2004: 68)

Y en la muy cercan de Buzaga (Elorz), este otro:

(Foto: Azkarate, 2007: 197)

La segunda fue publicada en 1986 por M. R. Erice Lacabe ("Bronces romanos del Museo de Navarra"), quien la describe y da su procedencia (de nuevo Pamplona), aunque sin precisar su cronología. En su artículo citado más arriba, Mezquíriz Irujo (2011: 71 y 74) también la recoge y la fecha en la segunda mitad del siglo IV d. de C. 


Sin embargo, lejos de tratarse de parte de una guarnición de cinturón bajoimperial, es en realidad parte de una placa de tipo norpirenaico, del siglo VII d. de C. Está recortada y ha perdido los umbos o bossettes decorativos, tan característicos de ese tipo de producciones, aunque mantiene el orificio en el que iría encajado uno de ellos; y, tanto su sistema de articulación con la hebilla (desaparecida) como su morfología e incluso su decoración geométrica incisa son elementos que atestiguan de manera indiscutible esa filiación cronológico-cultural.

La última, por su parte, es en realidad el extremo distal de una pieza del mismo tipo que la anterior: la placa de un broche de cinturón merovingio/aquitano, del siglo VII d. de C., que, en este caso, sí ha conservado los umbos. No he encontrado ninguna referencia a ella en la bibliografía consultada, por lo que quizá esté inédita.

Existen abundantes paralelos para ambas, así que me limitaré a pegar a continuación un par de ejemplos significativos del sur de Francia:

Placa de cinturón de Mirepoix (Francia) (Imagen tomada de http://terrescathares.overblog.com/mirepoix )


Más una imagen tomada de una página (http://www.museedestempsbarbares.fr/) que es más que recomendable visitar:


Y, para terminar con un broche geográficamente muy cercano a los tres de Pamplona, un ejemplar de tipo aquitano procedente de la ya mencionada necrópolis de Buzaga:

(Foto: Azkarate, 2007: 197)

En conclusión y volviendo al principio: estas tres piezas no han sido bien identificadas en el Museo de Navarra y, por tanto, se exponen en un lugar que no les corresponde. Su sitio debería estar junto a los materiales tardoantiguos/altomedievales y no en la parte dedicada al mundo romano. Ni siquiera al tardío. Yendo un poco más allá, su correcta identificación (iniciada, al menos en un caso, por A. Azkarate en 1993) suma nuevos argumentos materiales a ese "hecho diferencial" vasco-navarro de los siglos VI-VIII d. de C., caracterizado en gran medida (aunque no sólo) por la presencia de guarniciones de cinturón norpirenaicas (merovingio/aquitanas) y la escasez de las de tipo peninsular (hispanovisigodas). En el caso concreto de Pamplona, frente a alrededor de una decena de las primeras (contando estas tres y dejando al margen los broches de placa rígida, usados a ambos lados de los Pirineos aunque varios de los ejemplares pamploneses tengan determinadas características que los acercan más al mundo franco) sólo me consta la existencia de una placa liriforme hispanovisigoda (recuperada en la excavación de la Casa del Condestable y expuesta en la catedral) y de un hebijón del tipo de los que acompañan a ese tipo de piezas (encontrado, en tiempos, en Argaray).

 
Materiales de la Casa del Condestable. Arriba a la derecha, la placa liriforme citada en el texto

Y esa proporción, de al menos diez a uno, no puede ser casual ni explicarse solamente por la cercanía geográfica y/o las relaciones comerciales entre la Vasconia peninsular y Aquitania (como sí podría hacerse, por ejemplo, con las escasas piezas de origen norpirenaico conocidas en Cantabria o Aragón, donde su presencia es muy inferior a la de los materiales hispanovisigodos). Con ello no quiero decir que ese territorio (si no todo, al menos una parte importante de él que incluiría la ciudad de Pamplona) no hubiese pertenecido al Reino de Toledo. Suele ser muy poco recomendable establecer conclusiones "políticas" a partir del registro material y no seré yo quien lo haga aquí y ahora.

Y una curiosidad para terminar: cuando estaba buscando paralelos para estas tres placas he podido ver cómo en la zona más occidental de lo que fue la Septimania visigoda, la provincia gala del Reino de Toledo y límite con la Aquitania (más o menos) merovingia, las guarniciones de cinturón más abundantes también son las de tipo franco-aquitano, en lugar de las liriformes. ¿Serán simplemente una prueba del triunfo de la "moda franca" en las zonas fronterizas del Reino Visigodo o indicios de alguna otra cosa?


PS: quienes no hayan identificado el guiño a Forges en el título de esta entrada que pinchen aquí.

2 abr 2013

En "tierra intermedia"

Helena escrutando las vitrinas de la exposición
El viernes pasado me acerqué con Helena a Bilbao para visitar la exposición "Vasconia, tierra intermedia" y el propio Arkeologi Museoa, que no había tenido tiempo aún de visitar con calma. La muestra, pequeñita pero resultona, ofrece una oportunidad única para disfrutar juntas las mejores piezas de época tardoantigua del País Vasco y Navarra, motivo que por sí solo invita a la visita. Sobre todo porque algunas de estas piezas son sencillamente espectaculares. La gran protagonista de la exposición es la necrópolis de Aldaieta (Nanclares de Gamboa, Alava), a la que acompañan sin desmerecer los ajuares más representativos de otras como las de San Pelayo y San Martín (Alegría-Dulantzi, Álava), las necrópolis de Pamplona (Navarra) o la de Buzaga (Elortz, Navarra).

Colmillo de oso utilizado en un colgante de la necrópolis de Aldaieta
Haciendo un resumen rápido de la visita, debo decir que me gustó mucho el contenido y algo menos el continente. La selección de piezas y las propias piezas son lo mejor de la exposición, con diferencia. No voy a detenerme en exceso en lo apropiado o no del discurso que, como suele ser habitual en este tipo de propuestas, puede resultar para algunos visitantes demasiado especializado. Quizá son más claras y directas las ideas expuestas en el audiovisual, que las que conforman el hilo conductor de la exposición y acompañan a las vitrinas en forma de textos. Y sobre la museografía, me conformaré con comentar que es mejorable: cartelas poco legibles, textos en lugares que dificultan la lectura y, sobre todo, una iluminación que hace poca justicia al material expuesto.

Primera vitrina, un comienzo muy prometedor
Entre las piezas expuestas, las armas son las más llamativas y abundantes, más que nada porque son los objetos más singulares y característicos en estas necrópolis de la "tierra intermedia", y los objetos de adorno personal son los más atractivo. En cualquier caso, casi todo muy "norpireanico" (por no decir merovingio). Bueno, no todo. La cerámica tiene un aire mucho más local. Una lástima que la iluminación sea tan justa. Hay algunos objetos, como la cucharilla decorada de San Martín o el espectacular broche de cinturón de Buzaga, que se ven mal o muy mal.

Francisca de la necrópolis de San Pelayo
Broches de cinturón, el del primer plano de la necrópolis de Pamplona
Un anillo decorado con una figura antropomorfa de la necrópolis de Pamplona
Cerámica de la necrópolis de Aldaieta
Así de mal se ve la cucharilla decorada de San Martín
Uno de los principales aciertos en la gráfica de la exposición es la utilización de una ilustración realizada para la exposición permanente del Arkeologi Museoa por Fernando Baptista, colaborador habitual de National Geographic, que representa una sepultura de un varón adulto con su ajuar. Está inspirada en los ajuares de las necrópolis vizcaínas y aquí se aprovecha mucho mejor que en su emplazamiento original, donde no luce como merece.

Ilustración de Fernando Baptista
Complemento indispensable a la temporal es la visita a la sala de la exposición permanente dedicada a la Edad Media en Vizcaya. Allí se exponen algunas de las mejores piezas de las necrópolis de Finaga (Basauri) y Santimamiñe (Cortézubi), y otros hallazgos como el jarrito de la cueva de Iturrieta (Mañaria) o el broche de cinturón del abrigo de Arrietabaso (Dima). También se reconstruye una tumba de la época y se muestran algunas estelas.

Objetos de las necrópolis de Santimamiñe y Finaga
Francisca de la necrópolis de Finaga
De todo lo que cuenta la exposición, me quedo con una idea que el comisario A. Azkarate expresa en el audiovisual, hablando del descubrimiento de la necrópolis de Aldaieta: no se trata de un unicum, sino de una posibilidad no contemplada en la historiografía. ¿Cuántas "posibilidades" más nos deparará en un futuro no muy lejano el estudio de la Antigüedad Tardía y de la temprana Edad Media?

La "tierra intermedia" os espera, ¡acudid presto! Merece la pena...


27 dic 2012

Vasconia. Tierra intermedia.

Me llega, vía Jaione Agirre del Museo BIBAT de Vitoria, la noticia de la inauguración mañana viernes de la exposición temporal "Vasconia. Tierra intermedia", en el Museo de Arqueología (Arkeologi Museoa) de Bilbao. Pongo aquí la (más que sugerente) imagen de la invitación y el texto que la acompaña, en el que se cuenta un poco de qué va el asunto.




El Arkeologi Museoa informa de que, el 28 de diciembre a las 10.30h,
la diputada foral de Cultura, Miren Josune Ariztondo,  inaugurará la  exposición temporal titulada  

“Vasconia: Tierra Intermedia”.

Esta exposición, se centra fundamentalmente en las costumbres funerarias de  los siglos VI y VII d.C. y en ella se exhiben más de 100 piezas procedentes de los Museos arqueológicos de Alava y Bizkaia, del Gobierno de Navarra y del Ayuntamiento de Elorrio, algunas de ellas descubiertas en excavaciones realizadas muy recientemente.

Del 28 de diciembre del 2012 al 5 de mayo 2013.


De martes a sábados:
10:00 – 14:00
16:00 – 19:30
Domingos y festivos:
10:30 – 14:00

Información y reservas: arkeologimuseoa@bizkaia.net
Telf. 94 404 09 90



No sé vosotros ahora, pero yo llevo ensalivando desde que lo he visto esta mañana. Lamentablemente, mañana no podré pasarme por allí (y me perderé los canapés, que en Bilbao hay mucho nivel y seguro que ponen), pero esta exposición es de visita obligadísima, así que más temprano que tarde encontraré un hueco para ir a verla. Imagino que habrá piezas de Aldaieta, de Finaga, de San Pelayo, de Dulantzi, de Buzaga, de Abrisketa, de Santimamiñe, de las varias necrópolis de Pamplona.... Y que también haya un hueco para las cuevas, como Los Goros o Mañaria. En fin, un lujazo para los que nos dedicamos a estas cosas y una oportunidad de oro para todos aquellos que tengan ganas de ver cómo moría (y vivía) la gente de los actuales País Vasco y Navarra en época visigoda (o merovingia, que para eso Vasconia era una "tierra intermedia").

31 may 2012

Una necrópolis merovingia: Lagny-sur-Marne

Tengo debilidad por la arqueología del otro lado de los Pirineos, lo reconozco. Tanto por lo que sale, como por cómo se saca. El video es de una excavación de urgencia realizada por el Inrap entre 2010 y 2011 en Lagny-sur-Marne, muy cerca de París. Aparecieron 235 sepulturas de los siglos V-VI, acompañadas de los clásicos ajuares merovingios: broches de cinturón, fíbulas, pendientes, anillos, collares de cuentas de pasta vítrea, etc.


 

Es una buena forma de motivarse para afrontar la campaña de 2012 en Riocueva. Ya sé que los esqueletos no están tan enteros, ni los ajuares son tan espectaculares, pero ¿y si algún rincón de la cueva esconde sopresas como las del video? Ya queda menos para averiguarlo...

28 abr 2012

Damasquina, que algo queda (1): introducción

En mi opinión, las piezas más vistosas de entre todo el conjunto de broches de cinturón de época visigoda (y mira que hay) son las de hierro con decoración damasquinada. No son muchas, sobre todo si las comparamos con las de bronce, pero a día de hoy conocemos (al menos nosotros) alrededor de una veintena de ellas; procedentes de diferentes puntos de la Península Ibérica y, en un único caso, de Septimania (la provincia gala del Reino de Toledo, al sureste de Francia). En esta serie de entradas iremos viendo cómo son y dónde han aparecido. En esta en concreto, además de algunas nociones básicas sobre la propia técnica del damasquinado, veremos cuál es su "estado arqueológico" antes de pasar por las manos del restaurador. Este último aspecto podría contribuir a explicar por qué han llegado hasta nosotros tan pocos ejemplares de este tipo de guarniciones de cinturón: a su más que probable relativamente escaso número original, debido a lo complicado de su elaboración y al carácter precioso de algunos de sus materiales, habría que sumar el hecho de que el paso del tiempo los acaba convirtiendo, salvo en casos excepcionales de buena conservación, en gurruños de hierro cubiertos por una considerable capa de óxido.

Imagen del broche de cinturón de la Galería Inferior de La Garma in situ, sobre el suelo de la cavidad

Hace tiempo que sospechamos que es muy probable que, por esa razón, muchos de esos broches (o, al menos, muchas de sus placas) hayan acabado en las escombreras de antiguas excavaciones arqueológicas, al ser tomados por hierros informes. O que, en el mejor de los casos, estén durmiendo el sueño de los justos en los almacenes de algún museo, como ocurría hasta hace no muchos años con dos de los ejemplares que veremos en próximas entradas.

Los broches de cinturón de hierro con decoración damasquinada son muchísimo más frecuentes en el mundo merovingio que en el hispanovisigodo. Entre los francos la técnica más utilizada es la de la ataujía, consistente en el embutido de finos hilos de plata (o, más raramente, latón o incluso oro) en la superficie de placas y hebillas de hierro (que también suelen ir decoradas con umbos de bronce dorado), mientras que en la Península se combina ésta con el chapado con láminas de latón o bronce dorado (existen algunos ejemplos continentales con chapado, pero son escasos). En cuanto a los motivos decorativos, las diferencias entre unos y otros broches damasquinados son muy grandes, ya que los de los ejemplares merovingios son casi siempre geométricos (y de un tipo muy característico) y en los hispanovisigodos encontramos tanto figuraciones como motivos geométricos, estos últimos muy diferentes de los francos. Tendremos ocasión de ver cómo son los ejemplares peninsulares en próximas entradas, así que ahora únicamente dejaremos constancia de cómo son los franceses.

Broche de cinturón merovingio con decoración damasquinada (Futura-Sciences, Avril 2012)

Otro ejemplo de broche de cinturón merovingio damasquinado, éste a medio restaurar (Europeana)


Acerca de la cronología de este tipo de broches, hay que señalar que los ejemplares peninsulares parecen remitir a momentos avanzados del siglo VII d. de C. y al VIII. Tanto sus características formales (piezas de perfil en U o liriformes) como los contextos en los que han aparecido (algunos de ellos con dataciones absolutas) así lo indican. Sobre las posibles implicaciones sociales de este tipo de objetos, poco podemos decir de momento, ya que conocemos casos recuperados en castra (establecimientos fortificados en altura), lo que podría estar indicando un origen aristocrático; pero también los hay procedentes de aldeas. Y, por supuesto, de cuevas, como los tres ejemplares cántabros conocidos.

Como acabamos de comentar, cuando te encuentras con una pieza de este tipo en un yacimiento arqueológico de época visigoda su aspecto suele ser como el del que vemos en la siguiente fotografía: un asco. En este caso concreto hubo suerte, ya que no era un hierro especialmente informe y sus descubridores lo identificaron desde el primer momento como un broche de cinturón. En otros muchos no es tan fácil, así que el riesgo de no prestarle la debida atención es muy alto.



Tiempo después, en manos de una restauradora eficiente (gracias Eva), tras la paciente retirada de las capas de óxido fue emergiendo, entre brillos dorados y plateados, la verdadera esencia de la pieza. Como podremos verlo en todo su restaurado esplendor proximamente, lo dejaremos de momento así. 


Para terminar, nos quedaremos con una idea muy sencilla: si excaváis (o prospectáis) un yacimiento de época visigoda y os encontráis con un hierro roñoso y asqueroso que recuerda vagamente la forma de un broche de cinturón (o de una placa liriforme o en forma de U), documentadlo, recogedlo y enviádselo sin perder tiempo a un restaurador. Con un poco de suerte habréis descubierto y recuperado para el disfrute general una joya oculta de la orfebrería tardovisigótica. Y tened esto en cuenta: si el broche es de hierro, siempre (y digo SIEMPRE) está damasquinado. A nadie en su sano juicio se le ocurriría crear una pieza de adorno que no adorna y que, además, se oxida. Debajo de la roña, si no se han perdido para siempre, esperan el latón y la plata.



29 feb 2012

Una visita imprescindible: Musée des Temps Barbares






El Musée des Temps Barbares-Parc Archéologique de Marle (Aisne, Francia) ofrece al visitante la posibilidad de revivir los tiempos de los merovingios. Combina la investigación, la arqueología experimental y la reconstrucción histórica para recuperar las más diversas actividades de la vida cotidiana: la construcción de cabañas, la forja, la cocina, la actividad textil, la cerámica, etc.