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15 dic 2020

Vídeos, vídeos (de conferencias) everywhere

Como ya anunciamos en su momento, Enrique y yo participamos hace unos meses en un ciclo de conferencias sobre la alta Edad Media cántabra organizado por ADIC y patrocinado por el Gobierno de Cantabria a través de la Fundación Camino Lebaniego. Ahora los vídeos de aquellas charlas ya están colgados en la red, así que quien se quedó con las ganas entonces tiene la oportunidad de ver, desde su casa, un repaso en dos partes a la arqueología de Cantabria entre los siglos VI y XI. De nuevo, por riguroso orden cronológico:




Y no hay mucho más que contar, porque todo lo contable sobre estos asuntos (y alguna cosa más) está en los vídeos. Espero que os gusten.

13 nov 2017

Nos vamos de congreso: In Rure 2017

Los próximos días 16 y 17 de noviembre tendrá lugar el segundo congreso internacional In Rure, organizado por el Ayuntamiento de Arroyomolinos (Madrid) y la Universidad Complutense. Si el año pasado el tema del encuentro fue la rentabilidad social de la puesta en valor de los yacimientos en el medio rural, éste le toca el turno al mundo de la muerte y de las prácticas funerarias en la Antigüedad y la Edad Media (el programa puede consultarse en este enlace).


El comité organizador del evento, formado por J. Salas Álvarez, J. Sánchez Velasco y P. Jiménez del Castillo, ha tenido a bien invitarnos a participar en él y, como no podía ser de otra manera, hemos aceptado gustosos (y agradecidos, por supuesto). Y así, los dos miembros del Proyecto Mauranus estaremos en el Seminario nº 12 de la Facultad de Geografía e Historia de la Complutense el día 16 por la tarde, con nuestros muertos cántabros tardoantiguos y altomedievales. A las 18:00 Enrique hablará de los "Espacios funerarios en Cantabria en el tránsito hacia la Edad Media" y, cerca de una hora después, le seguiré yo con la comunicación titulada "Enterramientos en cueva de época visigoda ¿Sepulturas atípicas?". Necrópolis y cuevas, juntas pero no revueltas. No será la primera vez que hagamos algo parecido (recuerdo aquella inolvidable barferencia, por ejemplo), aunque esta vez será algo más formal y por separado.


Creo que será una magnífica oportunidad para conocer, debatir y aprender (esas cosas que se hacen o al menos deberían hacerse en los congresos) sobre unos temas que nos apasionan. Y también, por qué no decirlo, para mostrar lo que hemos hecho hasta ahora (y seguimos haciendo) por aquí, en el marco de este proyecto de investigación sui generis, radicalmente independiente y completamente marginal en el sentido más estricto del término (porque realmente está situado en los márgenes de casi todo).

El congreso va a grabarse y los vídeos se colgarán en la red, así que los enlazaremos cuando estén disponibles. Por lo demás, sólo queda agradecer una vez más a los organizadores (especialmente a Jerónimo) su invitación a participar en este encuentro y tratar de estar a la altura. Pero eso ya será otra historia.

7 jun 2016

De congreso

Tal y como anunciamos días atrás, el Proyecto Mauranus ha estado presente en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) celebrado en Zamora los días 1, 2 y 3 de junio de 2016. Estamos en plena temporada de presentación de resultados, en abril le tocó el turno a los carbones y las maderas de Riocueva y ahora llegaba el turno de la cerámica. Aunque para los lectores de este blog la cueva es ya un viejo conocido, la verdad es que el pertinaz retraso que sufren con frecuencia las publicaciones especializadas en el ámbito de la Arqueología o el embargo al que están sometidos sus contenidos provocan que los datos sobre Riocueva vayan llegando con cuentagotas a la comunidad científica. Por eso y porque Zamora está relativamente cerca y allí iban a estar muchos especialistas en Tardoantigüedad y Alta Edad Media, no podíamos dejar pasar la ocasión para dar a conocer los resultados de nuestras investigaciones. Además, ha sido la «puesta de largo» como colaboradora-firmante del Proyecto de Helena Paredes, quien además pudo hacer un hueco en su agenda para venir a Zamora.

Recién llegado a la sede del Congreso
Madrugón y 345 km de coche para llegar a la segunda jornada del congreso que se celebraba en las magníficas instalaciones del Campus de Zamora de la Universidad de Salamanca, la única de las tres a la que podíamos asistir. Nos perdimos las dos primeras comunicaciones programadas, pero llegamos a tiempo para escuchar a Raquel Martínez Peñín hablando sobre los conjuntos cerámicas de Braga y para asistir al debate de la sesión dedicada a Lusitania. Durante el descanso tuve oportunidad de charlar un rato con Claude Raynaud, uno de los arqueólogos que participado en la publicación, hace no mucho, de la fase altomedieval de Ruscino (Francia). Este enclave es uno de los mayor volumen de datos aporta sobre los últimos tiempos del reino visigodo en la Septimania y su registro material tiene algunos puntos en común con algunos yacimientos de Cantabria y su entorno. Aproveché para explicarle a grandes rasgos lo que estábamos encontrando en las cuevas de la región para compensar que no pudo quedarse a la sesión vespertina en la que estaba programada la comunicación sobre Riocueva. La sesión de la mañana se cerró con una síntesis sobre la Terra Sigillata Tardía Meridional expuesta por Margarita Orfila Pons (UGRA), otra sobre las cerámicas de los siglos VI-IX en la Francia mediterránea y una interesante comunicación sobre un taller de cerámica bizantina documentado en el monasterio de Qubbet El-Hawa en Asuán (Egipto) por Vicente Barba Colmenero (UJA). Con esta última exposición quedamos bastante impresionados, no sólo por la calidad de los materiales, tipos y decoraciones completamente extraños a quienes estamos más acostumbrados a la monótona cerámica norteña de época visigoda, sino también por un detalle bastante curioso: a falta de madera en los alrededores, los monjes alfareros habían alimentado sus hornos con momias, sarcófagos y demás materiales inflamables de época faraónica que sacaban de las tumbas sobre las que asentaron su monasterio.

Intervención de Claude Raynaud en el congreso (Foto: Zamora Protohistórica)
Aprovechamos bien el prolongado descanso para comer: cervecita, comida de trámite en el comedor universitario y visita rápida a Zamora. Un paseo desde el campus hasta la Catedral para ver su extraordinaria cúpula gallonada y varia iglesias románicas en el camino de ida y vuelta. Lo justo para distraerse antes del momento de nuestra participación. Hacía siete años que no pisaba Zamora y algunas cosas no las recordaba, así que ha servido de refresco de memoria, que siempre se agradece.
La catedral de Zamora, una joya del románico
La tarde estaba dedicada íntegramente a la sesión Cerámicas altomedievales en la Gallaecia y Norte de la Península Ibérica, en la que se integraba nuestra comunicación. Comenzó con una síntesis sobre la cerámica altomedieval en el noroeste peninsular presentada por José Avelino Gutiérrez (UO), con una exposición detallada y bien estructurada a modo de estado de la cuestión que derivó en una reflexión metodológica algo puntillosa y un tanto prescindible, que excedió innecesariamente el tiempo de su intervención. Lo curioso es que, hasta donde habíamos podido ver, todo el mundo había sido muy respetuoso con los tiempos asignados. Sobre todo porque eran algo superiores a los que se había establecido en las primeras circulares del congreso, cosa que es de agradecer. La sensación de que José Avelino no iba a terminar nunca se acrecentaba por un detalle: justo después le tocaba el turno a Riocueva. Con más de 15 minutos de retraso sobre el horario previsto me tocó subir a presentar «Ollas para los muertos. Cerámica de los siglos VII-VIII de la cueva de Riocueva (Cantabria)». Una descripción del yacimiento, una breve caracterización del contexto sepulcral, una descripción de los materiales cerámicos, unas conclusiones poniendo en relación la cerámica de Riocueva con la de otras cuevas de época visigoda de Cantabria y una reflexión final sobre la presencia de ollas de cocina, pero no de cerámica de mesa, en los contextos sepulcrales. En 20 minutos no se puede contar muchos más.
La portada de la presentación que acompañó a la comunicación
Fardando de los hallazgos Riocueva 
La cerámica fue la principal protagonista de la comunicación
Terminada nuestra intervención, tomó el relevo Francesca Grassi (UPV) para hablar sobre el valor de indicador social y político de los conjuntos de cerámica altomedieval de la Llanada Alavesa. Como no íbamos a poder quedarnos al debate de la sesión, programado para las 19:10, y Francesca Grassi tampoco, se abrió un turno de preguntas express que nadie quiso aprovechar. Será que Riocueva y su cerámica fueron tan magníficamente presentadas en nuestra comunicación que no quedaba lugar para las dudas... O que no le interesó a ninguno de los presentes, que también podría ser, pero no lo creo. O que estaban deseando que llegase el descanso que comenzaba ya. De hecho, al levantarse provisionalmente la sesión, se acercaron a saludarme y a plantearme dudas y sugerencias Alfonso Vigil-Escalera Guirado y Fernando Pérez Rodríguez-Aragón. Debe ser cosa de la exposición al público que había olvidado porque hacía mucho que no me dejaba caer por un congreso: hasta que no intervienes, no existes... o no te identifican. De hecho, con el primero quizá había coincidido alguna vez, pero al segundo no lo conocía en persona. Me quedé con las ganas de haber charlado con ambos más tiempo, pero había que regresar a tierras cántabras y son casi cuatro horas de coche. Apurando más allá del límite, todavía nos quedamos para escuchar la comunicación dedicada a los nuevos hallazgos de cerámica de los siglos VI-VII en Pamplona y para despedirnos de Juan Palomo, divulgador del patrimonio arqueológico de Los Pedroches a quien tampoco teníamos el placer de conocer en persona. En resumen, una incursión breve pero provechosa en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) que nos dejó con ganas de más. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de la organización ¡buen trabajo! Pronto nos pondremos a trabajar en el texto de la comunicación para las actas y a esperar que se publiquen para poder repasar lo que nos hemos perdido por no haber podido dedicar más que unas horas a tan interesante cita.


16 jun 2014

Ecos de la Fiesta Visigoda

Como anunciábamos hace unos días, Mortera Verde ha celebrado el 10 aniversario de la excavación de la cueva de Las Penas (Piélagos, Cantabria) con un evento en el que hemos colaborado arqueólogos y recreacionistas para dar a conocer el pasado visigodo de Mortera. Vecinos, colegas y público en general, algunos incluso venidos desde lejos sólo para disfrutar de esta jornada, han abarrotado la sala y se han mostrado muy interesados en lo que Silvia, Yeyo, José Ángel y el que escribe esto les hemos contado. La ajustada agenda obligó a recortar un poco las intervenciones, pero dio tiempo para explicar lo esencial. Después de las conferencias encadenadas los asistentes han podido acercarse al espacio de recreación en el que se instaló una tienda de campaña donde los integrantes de El Clan del Cuervo mostraron algunos aspectos de la vida cotidiana y la cultura material de época visigoda. 

Aquí dejamos unas imágenes de los conferenciantes durante sus respectivas intervenciones y de la recreación. Los responsables del Proyecto Mauranus no pudimos completar el programa y diferentes compromisos nos obligaron a renunciar a la comida campestre, esperemos que sepan disculparnos los organizadores.

La intervención de Silvia abrió la jornada
Yeyo ilustrando a la concurrencia sobre el armamento usado en época visigoda
José Ángel Hierro hablando de la cueva de Las Penas
Mi turno... y el de Riocueva para cerrar la parte «científica» del evento
La parafernalia militar siempre impresiona...
No todo era violencia entre los visigodos, también había tiempo para la familia
Los asistentes curiosearon cuanto quisieron
Profesionales y aficionados disfrutan con la recreación de El Clan del Cuervo
Ha sido una gran experiencia en la que el entusiasmo del público asistente ha sido la mejor recompensa. Bueno, eso y el tremis de oro de Sisebuto con el que nos obsequió uno de los asistentes, Iagoba Ferreira Benito, un apasionado de la recreación histórica al que agradecemos el detalle. Vale, es una reproducción, pero para nosotros tiene tanto o más valor que si fuera auténtica.

¡Gracias, Iagoba!
La prensa local ha recogido en sus páginas una breve crónica del evento, cosa que siempre se agradece —incluso a pesar de las ya recurrentes erratas asociadas a la denominación de la cueva de Las Penas, aquí llamada de «La Pena»—, ya que supone un cierto reconocimiento social al trabajo de todas las partes implicadas.
La Fiesta Visigoda de Mortera en El Diario Montañés
Esperemos no tener que esperar otros 10 años para participar en un evento de este tipo en Cantabria o en cualquier otro punto del Universo conocido en el que estén interesados por nuestro proyecto... Y lo dicho, una vez más, gracias a todos por asistir, acompañarnos y compartir nuestra pasión por la época visigoda.

13 jun 2014

Fiesta Visigoda en Mortera

Este año se cumplen 10 años del descubrimiento y el comienzo de la excavación del yacimiento de época visigoda de la cueva de Las Penas y el colectivo Mortera Verde ha tenido la excelente idea de celebrarlo con una Fiesta Visigoda que se celebrará el próximo sábado 14 de junio en el Centro Cultural de Mortera (Piélagos). Hace ya un tiempo que nos invitaron a colaborar en el evento y, por supuesto, no dudamos en decir que sí. Aquí os dejamos el cartel y el programa.



Es una oportunidad única para conocer los últimos avances en la investigación sobre la cueva de Las Penas y los resultados de las dos campañas de excavación realizadas hasta la actualidad en la cueva de Riocueva. Ni que decir tiene que estáis todos invitados ¡nos vemos en Mortera!

18 may 2014

Día Internacional de los Museos (2014)

Un año más, nos unimos desde este blog a la celebración del Día Internacional de los Museos, como ya hicimos en 2012 y en 2013. Precisamente hace 365 días despedimos la entrada dedicada a esa jornada conmemorativa con el deseo de poder hablar en 2014 sobre el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria (MUPAC), que por entonces estaba cerrado y en obras. En ese momento quedaban sólo un par de meses para poder visitar la nueva exposición permanente, a cuya inauguración asistimos. Hoy ya han pasado por allí más de 20.000 personas.


Seguro que algunos lectores asiduos de estas páginas han visitado ya el MUPAC en estos meses y conocen ya lo que vamos a mostrar aquí, pero como lo prometido es deuda, toca hacer un breve repaso (crítico) a los espacios, vitrinas y recursos que se han dedicado en la exposición a la Tardoantigüedad y a la Edad Media de Cantabria. En general, la propuesta museológica de este periodo supone una importante innovación en comparación con el antiguo Museo, sobre todo porque una parte importante de las piezas expuestas son hallazgos más o menos recientes. No obstante, hay algunas herencias del pasado de las que no ha habido forma de librarse.

Acceso a la sala dedicada la Tardoantigüedad y la Edad Media
El espacio dedicado a estos periodos es la última sala del recorrido, a la que se llega transitando por un suelo que imita el empedrado de una «calzada romana», flanqueada por varias estelas funerarias y aras votivas de época romana. Y es precisamente eso lo que encontramos en primer lugar expuesto en esa última sala, en la parte izquierda: estelas. La famosa estela de Teudesinde, de la que ya hemos hablado aquí, una de las estelas epigráficas de Espinilla, que también han tenido hueco en este blog,  y varias estelas discoideas. Reconozco que tengo debilidad por una de ellas: la de Respalacios, porque apareció en una excavación en la que colaboré, pero en cualquier caso, la selección hecha es adecuada.

Estela de Espinilla con la inscripción «Lupini»
Estelas discoideas medievales
Menos adecuado es el contenido de lo que acompaña a las estelas, un sarcófago en cuyo interior se ha reconstruido un esqueleto con huesos de diversas procedencia, mezclando restos óseos de hombre y mujer. El descuido alcanza también a la colocación de los huesos, algunos de ellos en una posición que no le corresponde en la anatomía humana, y como no había hueco para los pies... ¡no están! Por si no fuera poco afortunada la «recreación», se ha colocado junto al cráneo un cuenco de cerámica, reconstruyendo un hallazgo no contrastado del que sólo tenemos noticias verbales. Este singular «montaje» ya estaba en la anterior exposición permanente del MUPAC y es de suponer que se ha dejado tal cual por pura nostalgia. Sería la única justificación y, siendo así, encontraría acomodo en una sala dedicada a la historia del Museo. Pero no aquí.

El esqueleto del sarcófago
Un detalle de su peculiar anatomía
Para completar esta unidad temática dedicada a la arqueología funeraria se han incorporado en el último momento, muy acertadamente, las tres vasijas incensario halladas recientemente en Santa María de la Asunción de Castro Urdiales. Unas piezas únicas en la península Ibérica por su función y su contexto, que merecen, sin duda, el hueco que se les ha hecho en esta sala.

Vasijas incensario de Santa María de la Asunción (Castro Urdiales)
En el centro de la sala se ha colocado, en una vitrina a ras de suelo, otro objeto destacado del repertorio altomedieval regional: la cubierta de sarcófago de Bárcena de Ebro, con su inscripción fechada en el siglo IX. La luz rasante ayuda a leer la inscripción, aunque hay que agacharse para verla mejor. 

Cubierta de sarcófago de Bárcena de Ebro
El resto de los elementos expuestos se reparten en tres grandes bloques: uno que recoge objetos metálicos diversos, desde anillos y monedas, hasta armas y herramientas; otro con vasijas de cerámica; y otro «misceláneo» en el que se combinan broches de cinturón de época visigoda, la gran vasija de almacenamiento de Los Hornucos, elementos arquitectónicos prerrománicos, el laberinto de Arcera, cuyo único vínculo con el periodo es que apareció reutilizado como sillar en una iglesia, pero del que no se sabe mucho más, y un depósito de herramientas plenomedievales hallado recientemente en Santa Marina (Valdeolea). 

Vista general de la sala «medieval» del MUPAC
Detalle del depósito de herramientas de Santa Marina
En las vitrinas dedicadas a los objetos metálicos está «nuestro querido» anillo de Riocueva, junto al que nos fotografiamos cual cazadores con su presa el día de la inauguración, y los anillos con inscripción de Santa María de Hito. Muchos viejos conocidos de este blog, desde luego. Justo al lado se exhibe el espectacular tesorillo de Ambojo, protagonista de una de las historias más estrambóticas de la arquelogía regional. En otra vitrina se mezclan armas y herramientas de diferentes épocas sin mucho criterio, e incluso un gancho de huso de hierro se interpreta como una punta de proyectil de ballesta. Que pase en un museo de Bilbao se entiende, pero que suceda tan cerca de quienes interpretaron como tal esa y otras piezas extraña un poco más. Completa el conjunto una vitrina dedicada a la «vida caballeresca», tema ilustrado con los espectaculares acicates dorados de San Martín de Elines, pertenecientes a tres caballeros de los siglos XII-XIII que se hicieron enterrar con estos indicadores indiscutibles de su condición social, y con una punta de lanza de caza mayor sobre la que hemos hablado hace algún tiempo.

Vitrinas «metaleras» con los anillos en primer plano
Monedas de plata del tesorillo de Ambojo (Pedreña)
Acicates dorados de San Martín de Elines
La cerámica se ha colocado conforme a su cronología, separada en tres secciones: una tardoantigua, otra altomedieval y otra bajomedieval. Es una selección de los ejemplares más característicos y mejor conservados de cada periodo en la que no faltan la olla de Portillo del Arenal, la sitra de La Esperanza o las jarras de boca cuadrada del alfar de Santillana. Muchas de las vasijas proceden de cuevas, aunque el contexto del hallazgo parece un elemento de interés menor para explicar los objetos expuestos. El diseño de la vitrina quizá no es el más adecuado, sobre todo porque hay que agacharse para ver el piso más bajo y medir más de 1,80 m para poder apreciar bien el superior, pero el conjunto sirve para hacerse una idea de las características generales de la producción cerámica regional durante diez largos siglos.

Vasijas de cerámica medieval
Un detalle de la sitra de la cueva de La Esperanza
Del otro conjunto, del «misceláneo», lo más relevante sin duda son los broches de cinturón de época visigoda, de algunos de los cuales ya se ha hablado aquí, como el broche damasquinado de la cueva de La Garma o la colección de broches de la cueva de Las Penas. Incluso uno de los últimos en incorporarse al «corpus», el broche de Hoyos I, ha encontrado hueco en las dos vitrinas dedicadas a estos objetos siempre tan vistosos. La nota más positiva es que, con total naturalidad, se reconoce el carácter funerario de algunas de las cuevas en las que aparecen los broches. Siempre es gratificante saber que nuestros trabajos trascienden la órbita «científica» y descienden a la «terrenal» divulgación.

Broches de cinturón de la cueva de Las Penas
Cerrando la sala, y justo en el quicio de la puerta por la que se abandona la exposición, está una de las más importantes piezas del periodo y, sin duda, de todo el Museo, el broche de hueso de Santa María de Hito. No se entiende muy bien por qué un objeto de semejante relevancia ha sido colocado en un lugar tan poco adecuado y no en un lugar protagonista, o acompañando a otros objetos contemporáneos o junto a los anillos procedentes del mismo yacimiento. En cualquier sitio menos en el lugar que ocupa. Una cosa es que haya cierto debate sobre su cronología y otra que por no «mojarse» se ponga prácticamente «fuera de límites», como dicen en el golf.

La vitrina del broche, en el quicio de la puerta
Detalle del broche de hueso de Santa María de Hito
Hace unos días hemos sido invitados a participar en «La pieza del mes», una iniciativa que pone en marcha el MUPAC en colaboración con la Sección de Arqueología del Colegio de Doctores y Licenciados en Ciencias y Letras de Cantabria. Cuando podamos adelantar más sobre este asunto, lo iremos contando aquí. De momento, sabemos ya la pieza que nos ha tocado en suerte: el broche de hueso de Santa María de Hito. Reivindicaremos un lugar más digno para el objeto, a la altura de su calidad artística, de su significado histórico y de su carácter único.

Desde el Proyecto Mauranus nos alegramos de que el MUPAC esté abierto y de que todo el mundo pueda disfrutar contemplando lo que allí se expone. Es suficiente motivo y excusa para conmemorar el Día Internacional de los Museos. Nosotros somos los primeros que lo disfrutamos, porque, de forma voluntaria o involuntaria, formamos parte de él, ya que recoge algunas de nuestras ideas y de nuestros hallazgos.

31 mar 2014

Revisando los clásicos: Santa María de Retortillo (nunc Iuliobriga)

A este lugar de Retortillo, en el que se ha localizado desde el siglo XVIII la Iuliobriga de las fuentes clásicas, le hemos dedicado ya un par de entradas del blog dentro de la serie «Testimonios de época visigoda en Cantabria», en las que hablamos del broche liriforme y de la estela de Teudesinde. En esta ocasión vamos a referirnos a los restos que quedan aún hoy sobre el terreno de la gran necrópolis cuya excavación inició J. Carballo en 1940.

La necrópolis de Santa María de Retortillo en 1940 (Carballo, 1941).
Aunque el interés por dejar al descubierto los edificios de época romana ha motivado que se destruya la mayor parte de la necrópolis que se instaló justo encima, hay algunos puntos en los que han quedado muestras de su gran extensión y del tipo de tumbas que se utilizaron. Es difícil saber si lo que ha quedado se puede atribuir a época visigoda o corresponde a los siglos posteriores. Pero no cabe duda de que ambas etapas, que quizá se desarrollaron sin solución de continuidad, dieron lugar a una de las necrópolis con mayor extensión y, seguramente, con mayor número de tumbas, entre las que se conocen en la región.

Las flechas blancas señalan lugares en los que hay tumbas visibles al NW de la iglesia.
La flecha blanca señala el lugar donde se conservan tres tumbas al SW de la iglesia.
El punto de vista opuesto, la iglesia desde las tumbas del SW.
Siendo cautelosos en el cálculo, ocupaba una superficie aproximada de 1000 m2, una superficie similar, a la que se puede estimar para otros grandes cementerios de época visigoda y altomedieval de la región como El Conventón de Rebolledo, Santa María de Hito o Santa María Valverde. Eso es lo que podemos deducir de los restos que se conservan en la actualidad en los márgenes de la zona que se conoce como «Foro», al oeste de la iglesia románica, de los que asoman por debajo del actual cementerio y de los que se conservan al norte de la iglesia. Y lo mejor de todo es que, a pesar de que la excavación de J. Carballo y las demás realizadas en esta zona «levantaron» una buena parte de la necrópolis y nunca reflejaron los pormenores de la excavación en una memoria, sabemos que quedan tumbas sin tocar. Quizá algún día se excaven y podamos completar la visión difusa y entrecortada que tenemos de este yacimiento clave en la Tardoantigüedad de Cantabria.

Las flechas blancas indican los restos visibles, el punto amarillo el último lugar
donde se excavó parte de la necrópolis de época visigoda (Foto: Iberpix).
Sarcófagos conservados al norte de la iglesia.
Es una buena manera de ir calentando motores para la Barferencia del próximo viernes en la que hablaremos de esta necrópolis y de otros yacimientos arqueológicos de época visigoda de la región. ¿No os parece?

21 mar 2014

Revisando los clásicos: San Esteban de Selaya

La misma excursión por el valle del Pisueña que nos llevó hace unos días a San Vicente de Lloreda —antes conocida como San Vicente de Esles—, nos hizo recalar en Selaya para visitar la ermita de San Esteban, donde, según las noticias que teníamos, se conservaban un par de estelas discoideas y unas tumbas de lajas. La ermita es un edificio de escaso interés arquitectónico bastante reformado. De hecho, fue consecuencia de una de estas reformas el hallazgo de algunos de los elementos mencionados.

Los primeros indicios sobre la presencia de un cementerio medieval en este lugar fueron recogidos por R. Bohigas en la década de 1980. En esa época, las dos estelas que se conservan en la ermita de San Esteban estaban en manos de un particular. Ahora están colocadas sobre unos ingeniosos soportes giratorios, que permite contemplar sin esfuerzo ambas caras, y ubicadas sobre el poyo del altar tridentino, flanqueando el retablo. Ambas tienen una forma y unas dimensiones similares, con un disco circular de gran tamaño y un pie de contorno irregular, no son demasiado gruesas y están bien conservadas, gracias a que han sido talladas en un piedra de grano fino y bastante dura.

Las dos estelas, una a cada lado del retablo
La más interesante de las dos estelas es la que está colocada a la derecha del retablo, ya que lleva una inscripción en una de sus caras, cosa poco frecuente en el repertorio regional de estelas. La inscripción ha sido leída como IHC ORBA/NO IACET, que en castellano sería algo así como «En Jesucristo, Orbano yace». En el anverso se ha representado una cruz procesional, con los brazos de igual tamaño y el arranque del astil. Las características formales del epígrafe, con caracteres propios de la escritura visigótica-mozárabe de los siglos VIII-XI, y la presencia de la cruz procesional, habitual en el arte prerrománico asturiano, son los principales argumentos empleados para situar la cronología de la estela en los siglos IX-X. El otro ejemplar, también decorado con sendas cruces procesionales, podría atribuirse a la misma cronología.

Estela discoidea con inscripción
Detalle de la inscripción
Anverso de la estela, con su cruz procesional
Las tumbas de lajas aparecieron durante una reforma realizada en el pórtico de la ermita. Se tenía noticia del hallazgo de tumbas en el entorno de la ermita, tanto al oeste como al norte, incluso en lugares distantes más de 100 m del actual edificio. Al reparar la solera del pórtico, una zona cubierta pero exterior del edificio, que actualmente se ha incorporado al mismo, aparecieron tres tumbas bien conservadas y restos de algunas más. Al parecer, conservaban restos humanos en su interior, pero estaban muy deteriorados.  El interés por dejar a la vista el testimonio del pasado remoto del barrio de San Esteban motivó la integración de las tumbas con una protección en el nuevo pavimento.

Bajo las rejas se conservan las tumbas
Entre los barrotes se ven más o menos las lajas
Detalle de la cabecera de una de las tumbas
Las tumbas se muestran vacías y sin cubierta, aunque aparecieron con las losas de las tapaban y rellenas de tierra. Las tres corresponden a individuos adultos, están conformadas con lajas finas y tienen «orejeras», bloques de piedra situados en la cabecera de la tumba para fijar la posición de la cabeza del difunto. La cuidada construcción de las tumbas y el hecho de que, si son ciertas todas las noticias, el cementerio ocupase una gran extensión, permiten suponer que se utilizó en la Alta Edad Media. La cronología propuesta para las estelas, en torno a los siglos IX-X, coincide a grandes rasgos con la que se podría deducir de las características del cementerio y las sepulturas.