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22 nov 2018

Arqueometría de los materiales cerámicos de época medieval en España

Nos comentan que ha salido el último número de Documentos de Arqueología Medieval, un especial dedicado a la arqueometría de los materiales cerámicos de época medieval en España. Coordinado por Francesca Grassi y Juan Antonio Quirós, cuenta con la participación de 35 autores (Miriam Cubas entre ellos) y se estructura en 14 artículos en los que hay un poco de todo, como en botica.

Nosotros no participamos, pero es un tema muy interesante y que merece atención, así que lo contamos aquí por si alguno de nuestros ya escasos lectores (culpa nuestra, cierto) está en estos asuntos o simplemente quiere echarle un ojo.



Y podrá echárselo fácilmente porque el libro puede descargarse gratis en PDF en este enlace (pinchando en "descárgalo"). Sería muy interesante que esta edición no fuese un caso aislado y en un futuro no muy lejano pudiéramos tener todos los DAC, antiguos y nuevos, con acceso abierto. Esperemos que sea así.

7 jun 2016

De congreso

Tal y como anunciamos días atrás, el Proyecto Mauranus ha estado presente en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) celebrado en Zamora los días 1, 2 y 3 de junio de 2016. Estamos en plena temporada de presentación de resultados, en abril le tocó el turno a los carbones y las maderas de Riocueva y ahora llegaba el turno de la cerámica. Aunque para los lectores de este blog la cueva es ya un viejo conocido, la verdad es que el pertinaz retraso que sufren con frecuencia las publicaciones especializadas en el ámbito de la Arqueología o el embargo al que están sometidos sus contenidos provocan que los datos sobre Riocueva vayan llegando con cuentagotas a la comunidad científica. Por eso y porque Zamora está relativamente cerca y allí iban a estar muchos especialistas en Tardoantigüedad y Alta Edad Media, no podíamos dejar pasar la ocasión para dar a conocer los resultados de nuestras investigaciones. Además, ha sido la «puesta de largo» como colaboradora-firmante del Proyecto de Helena Paredes, quien además pudo hacer un hueco en su agenda para venir a Zamora.

Recién llegado a la sede del Congreso
Madrugón y 345 km de coche para llegar a la segunda jornada del congreso que se celebraba en las magníficas instalaciones del Campus de Zamora de la Universidad de Salamanca, la única de las tres a la que podíamos asistir. Nos perdimos las dos primeras comunicaciones programadas, pero llegamos a tiempo para escuchar a Raquel Martínez Peñín hablando sobre los conjuntos cerámicas de Braga y para asistir al debate de la sesión dedicada a Lusitania. Durante el descanso tuve oportunidad de charlar un rato con Claude Raynaud, uno de los arqueólogos que participado en la publicación, hace no mucho, de la fase altomedieval de Ruscino (Francia). Este enclave es uno de los mayor volumen de datos aporta sobre los últimos tiempos del reino visigodo en la Septimania y su registro material tiene algunos puntos en común con algunos yacimientos de Cantabria y su entorno. Aproveché para explicarle a grandes rasgos lo que estábamos encontrando en las cuevas de la región para compensar que no pudo quedarse a la sesión vespertina en la que estaba programada la comunicación sobre Riocueva. La sesión de la mañana se cerró con una síntesis sobre la Terra Sigillata Tardía Meridional expuesta por Margarita Orfila Pons (UGRA), otra sobre las cerámicas de los siglos VI-IX en la Francia mediterránea y una interesante comunicación sobre un taller de cerámica bizantina documentado en el monasterio de Qubbet El-Hawa en Asuán (Egipto) por Vicente Barba Colmenero (UJA). Con esta última exposición quedamos bastante impresionados, no sólo por la calidad de los materiales, tipos y decoraciones completamente extraños a quienes estamos más acostumbrados a la monótona cerámica norteña de época visigoda, sino también por un detalle bastante curioso: a falta de madera en los alrededores, los monjes alfareros habían alimentado sus hornos con momias, sarcófagos y demás materiales inflamables de época faraónica que sacaban de las tumbas sobre las que asentaron su monasterio.

Intervención de Claude Raynaud en el congreso (Foto: Zamora Protohistórica)
Aprovechamos bien el prolongado descanso para comer: cervecita, comida de trámite en el comedor universitario y visita rápida a Zamora. Un paseo desde el campus hasta la Catedral para ver su extraordinaria cúpula gallonada y varia iglesias románicas en el camino de ida y vuelta. Lo justo para distraerse antes del momento de nuestra participación. Hacía siete años que no pisaba Zamora y algunas cosas no las recordaba, así que ha servido de refresco de memoria, que siempre se agradece.
La catedral de Zamora, una joya del románico
La tarde estaba dedicada íntegramente a la sesión Cerámicas altomedievales en la Gallaecia y Norte de la Península Ibérica, en la que se integraba nuestra comunicación. Comenzó con una síntesis sobre la cerámica altomedieval en el noroeste peninsular presentada por José Avelino Gutiérrez (UO), con una exposición detallada y bien estructurada a modo de estado de la cuestión que derivó en una reflexión metodológica algo puntillosa y un tanto prescindible, que excedió innecesariamente el tiempo de su intervención. Lo curioso es que, hasta donde habíamos podido ver, todo el mundo había sido muy respetuoso con los tiempos asignados. Sobre todo porque eran algo superiores a los que se había establecido en las primeras circulares del congreso, cosa que es de agradecer. La sensación de que José Avelino no iba a terminar nunca se acrecentaba por un detalle: justo después le tocaba el turno a Riocueva. Con más de 15 minutos de retraso sobre el horario previsto me tocó subir a presentar «Ollas para los muertos. Cerámica de los siglos VII-VIII de la cueva de Riocueva (Cantabria)». Una descripción del yacimiento, una breve caracterización del contexto sepulcral, una descripción de los materiales cerámicos, unas conclusiones poniendo en relación la cerámica de Riocueva con la de otras cuevas de época visigoda de Cantabria y una reflexión final sobre la presencia de ollas de cocina, pero no de cerámica de mesa, en los contextos sepulcrales. En 20 minutos no se puede contar muchos más.
La portada de la presentación que acompañó a la comunicación
Fardando de los hallazgos Riocueva 
La cerámica fue la principal protagonista de la comunicación
Terminada nuestra intervención, tomó el relevo Francesca Grassi (UPV) para hablar sobre el valor de indicador social y político de los conjuntos de cerámica altomedieval de la Llanada Alavesa. Como no íbamos a poder quedarnos al debate de la sesión, programado para las 19:10, y Francesca Grassi tampoco, se abrió un turno de preguntas express que nadie quiso aprovechar. Será que Riocueva y su cerámica fueron tan magníficamente presentadas en nuestra comunicación que no quedaba lugar para las dudas... O que no le interesó a ninguno de los presentes, que también podría ser, pero no lo creo. O que estaban deseando que llegase el descanso que comenzaba ya. De hecho, al levantarse provisionalmente la sesión, se acercaron a saludarme y a plantearme dudas y sugerencias Alfonso Vigil-Escalera Guirado y Fernando Pérez Rodríguez-Aragón. Debe ser cosa de la exposición al público que había olvidado porque hacía mucho que no me dejaba caer por un congreso: hasta que no intervienes, no existes... o no te identifican. De hecho, con el primero quizá había coincidido alguna vez, pero al segundo no lo conocía en persona. Me quedé con las ganas de haber charlado con ambos más tiempo, pero había que regresar a tierras cántabras y son casi cuatro horas de coche. Apurando más allá del límite, todavía nos quedamos para escuchar la comunicación dedicada a los nuevos hallazgos de cerámica de los siglos VI-VII en Pamplona y para despedirnos de Juan Palomo, divulgador del patrimonio arqueológico de Los Pedroches a quien tampoco teníamos el placer de conocer en persona. En resumen, una incursión breve pero provechosa en el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.) que nos dejó con ganas de más. Y, por supuesto, no nos podemos olvidar de la organización ¡buen trabajo! Pronto nos pondremos a trabajar en el texto de la comunicación para las actas y a esperar que se publiquen para poder repasar lo que nos hemos perdido por no haber podido dedicar más que unas horas a tan interesante cita.


11 abr 2016

Entre carbones y cerámicas

Los de Riocueva, claro. Esos son los temas centrales de las dos comunicaciones que vamos a presentar en otras tantas reuniones científicas que se van a celebrar esta misma primavera. Toca seguir haciendo públicos los resultados de nuestra intervención en la cueva y ambos marcos nos han parecido muy adecuados para ello.

La primera es el Encuentro Internacional “Wood and Charcoal: Approaches from Archaeology, Archaeobotany, Ethnography and History que se celebrará en Braga (Portugal) los días 15 y 16 de este mismo mes. La semana que viene, vamos. Allí mandamos un póster firmado a medias con Inés L. López-Dóriga y María Martín Seijo. Inés es nuestra arqueobotánica de cabecera y quienes sigan el blog ya deberían conocerla, mientras que María es la investigadora que ha estudiado recientemente una serie de muestras de los carbones y maderas recuperados en la excavación. Precisamente, en el póster presentamos, en primicia, un avance de los resultados de su informe.


Su título, que está en un perfecto inglés, es Fires in the dark. Burning of grain and human bones in the burial cave of Riocueva (Cantabria, Spain) in the 7th-8th centuries. En cuanto a su contenido, en el mismo idioma, aquí va el resumen:
"The cave of Riocueva was used as a burial place sometime in the 7th-8th centuries. Archaeological work carried out between 2010 and 2014 has allowed the recovery of the remains of at least six young individuals and many objects associated to them: glass beads, rings, spindle hooks, knives, pot sherds… As it happens in another burial caves from these times known in Cantabria, rituals linked to the corpses have been detected. The destruction and burning of the skulls is the most stunning of them. However, burning grain beside the bodies, a custom forbidden by medieval penance books, has also been suggested as a possible practice. The results of the wood and charcoal analysis carried out on samples from the site are presented in this work: they are charcoal fragments connected to the burnings, and also to the remains of other combustion structures."




El segundo es el Congreso Internacional de Cerámicas Altomedievales en Hispania y su entorno (s. V-VIII d. C.), que tendrá lugar en Zamora los días 1, 2 y 3 de Junio. En este caso, Enrique irá a presentar una comunicación, que firmamos ambos y Helena Paredes Courtot, acerca del repertorio cerámico recuperado en Riocueva. Helena, para quienes no la conozcan, es lo más parecido que hay al tercer miembro del Proyecto Mauranus y pieza clave e insustituible en las excavaciones en la cueva y en el procesado y estudio de los materiales recuperados.


El resumen de la comunicación, titulada Ollas para los muertos. Cerámica de los siglos VII-VIII de la cueva de Riocueva (Cantabria), es el siguiente:
"Las actuaciones arqueológicas realizadas entre 2010 y 2014 en la cueva de Riocueva (Entrambasaguas, Cantabria) han permitido recuperar y estudiar una interesante colección de cerámica procedente de un depósito sepulcral atípico fechado en los siglos VII-VIII. Se conservan restos de varias vasijas de cerámica común que acompañaban a los cuerpos de, al menos, seis individuos depositados en una zona interior de la cueva, junto con otros recipientes de vidrio y metal, varios objetos relacionados con la vestimenta y el adorno personal o distintos útiles, como cuchillos y husos de hilar. En concreto, se trata de varias ollas de cocina con características técnicas y morfológicas propias de una producción desarrollada en el ámbito doméstico y que cuentan con buenos paralelos en otros yacimientos similares de la región. En esta comunicación presentamos un avance del estudio de este material cerámico que constituye, hasta la fecha, el principal referente para el conocimiento de las producciones alfareras del final de la época visigoda en Cantabria."

Mal que le pese a cierto catedrático de la Universidad de Cantabria, los "arqueólogos no profesionales que trabajan en esto sólo cuando pueden", como nosotros, son perfectamente capaces de llevar adelante una intervención arqueológica, aunque sea (ahí tiene razón) con medios mucho más limitados que los que manejan los que, como él, trabajan en esa institución. Y de realizar múltiples estudios y analíticas, obtener resultados e incluso presentarlos donde y cuando toca. Lo que viene siendo ese "análisis amateur" que tan alegremente (y con tan mala baba) nos achaca, vamos. Análisis en el que seguimos y seguiremos trabajando, porque aún nos quedan algunas cosas por hacer y muchas más que contar sobre Riocueva y todo lo que hemos hecho allí. Stay tuned.

2 nov 2013

Riocueva 2013, episodio 11: en la variedad está la diversión

El segundo día de este largo fin de semana de excavación ha dejado buen sabor de boca. A pesar de que la salida de la cueva y el regreso a los vehículos ha sido duro, bajo una fuerte lluvia que había embarrado el camino y convertido las piedras en superficies resbaladizas sobre las que es mejor no pisar, hemos terminado la jornada satisfechos. Concluida la excavación de las "zonas prioritarias", hemos decidido continuar en el Sondeo 5, donde en 2011 salió el ya famoso anillo de Riocueva. No nos resistimos a encontrar a su dueño... o su dueña, en este caso. Los restos humanos siguen saliendo sin conexión, pero es muy probable que los más próximos al lugar en el que apareció la joya tengan alguna relación con la misma. Y no sólo hemos encontrado algunos huesos cerca de la "zona cero"... ¡ha aparecido otro objeto metálico de adorno personal! De momento, hasta que el restaurador realice una limpieza del objeto en cuestión, no podemos dar muchos más detalles, pero podría ser un pendiente, una cuenta de collar en forma de aro o un rudimentario anillo. 

Varios fragmentos de una vasija de cerámica en el momento de su hallazgo
El pendiente, anillo o lo que sea y los huesos humanos no han sido los únicos hallazgos relevantes en esta zona. También han aparecido varios fragmentos de una vasija de cerámica, seguramente de una olla de cocina. Confiamos en que pegue con los trozos que aparecieron ayer, pero para eso habrá que esperar a los "trabajos de laboratorio". Ofreceremos cumplidas noticias sobre el tema cuando nos pongamos con ello.

Con las semillas carbonizadas hay que andarse con cuidado...
Y como parece que todo eso no era suficiente, también hemos tenido una nueva ración de semillas carbonizadas. Como en otros puntos de la cueva, nos hemos topado con otra "pelotita" de grano carbonizado, posiblemente mijo o panizo. Este año la arqueobotánica va a tener más tarea de la que pensaba. De momento, salvo en el Sondeo 3 y en el Sondeo 1, en todas las zonas excavadas ha aparecido algo de cereal carbonizado. Lo del Sondeo 3 es normal, ya que no ha aportado casi nada y en el Sondeo 1 podría aparecer cuando lo ampliemos hacia el sur. Con tanta variedad de hallazgos, ya no nos sorprende nada... o casi nada.

24 jun 2013

"Territorio Riocueva": Cueto Marín

Igual que El Soplao tiene su "territorio" ("Territorio Soplao"), Riocueva también lo tiene. Bueno, en realidad no lo tiene (nadie se lo ha dado por decreto, como en el caso de la joya turística del occidente cántabro), pero no nos gusta ser menos que nadie, así que vamos a dárselo nosotros. El concepto viene a ser el mismo: un territorio alrededor del yacimiento, con límites elásticos que se estiran según convenga (sólo así pudo anunciarse al mundo la aparición del famoso yacimiento de ámbar en El Soplao cuando, en realidad, estaba en Rábago, a varios km de la cavidad) y del que los responsables de la intervención en Riocueva seríamos dueños y señores absolutos (al menos desde el punto de vista arqueológico).

Ahora en serio. En estas dos entradas voy a hablar de dos yacimientos (Cueto Marín y Elechino o Pico Vizmaya) que se encuentran en el entorno inmediato de Riocueva y que pudieran estar relacionados con el uso funerario de la cueva en los siglos VII-VIII d. de C. Hay un tercero que lo está de forma indiscutible (La Garma), pero del que ya hemos hablado largo y tendido en el blog. Además, no nos dejarían incluirlo en el "Territorio Riocueva" y quedarnos con él por la jeta ("sólo" es patrimonio mundial de la Unesco y uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo). Y tampoco queremos estropear las excelentes relaciones que tenemos con sus dos máximos responsables y con algunos miembros de su equipo investigador que también colaboran con nosotros y nuestro proyecto. Dejaremos, pues, fuera a La Garma. De momento...

Situado a unos 2,5 km en línea recta de Riocueva, el alto de Cueto Marín es el extremo más meridional de una suave sierra que  se inicia muy cerca de la ladera en cuya parte inferior se abre la boca de la cueva, y se desarrolla desde allí, de forma casi rectilínea, en dirección noroeste-sureste. El emplazamiento se vio gravemente afectado por las obras de construcción de la Autovía del Cantábrico, que se llevaron por delante una parte importante de su superficie (la situada más al sur). También la construcción de un chalet en la zona inmediata al talud de la Autovía ha debido influir negativamente en la conservación del yacimiento, cuya extensión y características se desconocen.

Localización de Riocueva y Cueto Marín en una fotografía satélite en 3D de la zona en Entrambasaguas (Fuente: Apple Maps)

Al frente, a la izquierda de la Autovía, el extremo meridional de Cueto Marín

Éste fue descubierto por el CAEAP a finales de los años 80, paradójicamente gracias a las obras de la Autovía, que no contaron con seguimiento arqueológico en ese punto. En los taludes de la obra se localizaron (junto a algunos materiales líticos de cronología prehistórica que no vienen al caso en este momento) tres fragmentos de cerámica: dos fragmentos de fondos y un galbo decorado. También se documentó la existencia de una estructura cortada por las obras: una cubeta con las paredes rubefactadas y el suelo cubierto de restos de carbón.

Materiales cerámicos de Cueto Marín (según Serna et alii, 1996)

Los fondos, de pastas groseras, parecen corresponder a ollas de cerámica común; mientras que el fragmento decorado, con líneas rectas y onduladas incisas, a la parte superior del cuerpo de algún recipiente de ese mismo tipo. Por sus similitudes con restos procedentes de varias cuevas cántabras (entre ellas, Riocueva) en un principio fueron atribuidas a la Edad del Hierro, ya que por aquel entonces se pensaba que ese tipo de ollas de "perfil en S", con decoración a base de líneas onduladas incisas (y/o dientes de lobo) en muchos casos, eran de cronología protohistórica. Sin embargo, hoy se sabe que ese tipo de recipientes han de fecharse en la transición entre el mundo antiguo y la Alta Edad Media, entre los siglos V y VIII d. de C., aunque con algunas perduraciones más allá de esa última centuria.

 Vista interior del fondo nº 1
  
Vista de perfil del fondo nº 2

Imagen del fragmento decorado

En cuanto a la estructura seccionada, fue interpretada como una posible carbonera, dadas sus características formales. También cabe la posibilidad de que se trate de un silo o depósito subterráneo de cereal (en algunos casos ese tipo de estructuras excavadas presentan paredes rubefactadas, ya que son sometidas a la acción del fuego para conseguir un mejor aislamiento y/o consistencia), aunque el hecho de que, según sus descubridores, tuviera un tamaño considerable y la presencia de carbones en su interior abogarían por la primera opción señalada.

De todo lo (poquísimo) que conocemos del entorno de Riocueva en la Tardoantigüedad y/o la Alta Edad Media, Cueto Marín es el lugar que cuenta con más posibilidades de haber albergado algún tipo de hábitat en esos siglos. Es cierto que los indicios son escasos, pero es lo mejor que tenemos por el momento. Puede que se tratase de una aldea (con su cementerio, ¿os imagináis?) o de algún establecimiento menor, de tipo granja. Y de haber estado habitado durante los siglos VII-VIII d. de C. su importancia sería enorme para poder conocer más sobre la gente enterrada en Riocueva y sobre el propio contexto funerario de la cavidad: si ir más lejos, sobre los porqués y los cómos de la elección de la gruta como lugar de depósito de (algunos) cadáveres. De momento el argumento para relacionar ambos yacimientos es más que endeble y se sustenta, únicamente, en las similitudes formales y tecnológicas de las cerámicas procedentes de los dos. Sería necesaria una prospección intensiva de Cueto Marín (rezando mucho para que quede algo tras el paso de la Autovía por encima) y, conociendo cómo de desagradecido es el suelo en Cantabria, excavar algunos sondeos en la zona en busca de posibles estructuras. Como eso de momento no va a suceder (está la cosa como para meterse en nuevos proyectos arqueológicos...), habrá que conformarse con alguna actuación menor: con un examen ceramológico que trate de discernir si se trata del mismo tipo de producciones y, si nos toca la lotería o aparece algún mecenas desprendido, con una datación por Termoluminiscencia de alguno de los fragmentos de Cueto Marín (el conjunto de Riocueva está bastante bien datado, tanto de forma directa por TL como indirecta mediante los análisis de C14 realizados sobre los restos humanos a los que acompañaba). 


Y para terminar, una curiosidad toponímica: como puede verse arriba, la cima situada inmediatamente al norte de Cueto Marín (en realidad, la cima de la elevación a la que pertenece éste) aparece en el plano 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional con el nombre de "Alto de Mijares" (y junto a él, un poco más al norte, hay un "Santa María" más que sugerente). Es decir, que se trata de una zona en la que se cultivó mijo, probablemente desde la Edad Media hasta su sustitución por el maíz en los siglos XVI-XVII. ¿Y qué cereal, junto al panizo y fechado por C14 en época visigoda, ha aparecido carbonizado en Riocueva? Pues eso. Será una casualidad. O no.

29 may 2012

Modo borrador

El pasado fin de semana he retomado el estudio de los materiales la excavación realizada en la cueva de Riocueva en la campaña de 2011. Curiosamente ha sido sacar las cajas y salir la convocatoria para la campaña de 2012, es probable que sea la recompensa a mi titánico esfuerzo. Se agradecerá no tener que excavar en otoño, que el tiempo no es bueno y los días son cortos. Tanto que lo normal era salir de la cueva de noche. El camino de regreso era lo más parecido a una procesión de la Santa Compaña que se ha visto por estas tierras... Confiemos en que este año al final del verano se haya resuelto toda la burocracia y podamos enfocar la campaña con más continuidad.

La cuestión es que he tenido oportunidad de volver a mirar la cerámica con algo más de paciencia y cariño que durante la operación convergencia y con otros ojos, los de dibujante, que te hacen entender las vasijas un poco mejor. Y los resultados han sido ciertamente interesantes. Lo que en principio parecía una miserable colección de fragmentos con más o menos forma, en los que la gama de colores era tan extensa como se pueda imaginar combinando el producto de una cocción irregular en hornos rudimentarios y la acción diferencial de la humedad y el sedimento en los 1300 años que han pasado desde que fueron depositadas, comenzó a convertirse en algo mucho más comprensible a los ojos de un humano medio.

Sabíamos desde el principio que no había restos de más de media docena de vasijas, pero pasar de la mera intuición a la fehaciente demostración ha llevado su trabajo. Lo peor de todo es que estaba solo y le podía dar la tabarra a nadie con mis "éxitos". Una de las claves del éxito ha sido que se han podido completar los remontajes. En su momento abandonamos el proceso por saturación, convencidos de que ya no era posible casar más fragmentos. Pero por suerte, casualidad o buen hacer, se han conseguido unir algunas piezas claves que permiten reconstruir la forma de tres vasijas completas y la parte superior de una cuarta.

Como aún no he tenido tiempo de pasar los dibujos a limpio, pero sé que los lectores habituales del blog estáis siempre ávidos de novedades, ofrezco un adelanto de las vasijas en modo borrador. La verdad es que ,con tanto dibujo por ordenador y tanta tecnología, el dibujo arqueológico va perdiendo ese regusto que tienen las ilustraciones clásicas. En mi humilde opinión, la versión a lápiz siempre es la más bonita...

Vasija 1, ollita con piquera

Vasija 2, ollita de borde vuelto

Vasija 3, ollita decorada con líneas onduladas incisas


Y, por cierto, sin novedad en relación con el repertorio formal de la cerámica de época tardoantigua en Cantabria. Seguimos teniendo sólo ollas. Bastante completas, pequeñas y coquetas... pero ollas al fin y al cabo.

17 may 2012

Cuestión de ollas

Aunque en Cantabria el gran estudio sobre la cerámica de época visigoda está por hacer (tirando de tópico...), cada vez están mejor definidas sus características gracias a los hallazgos y estudios más recientes.

La cerámica de época altomedieval fue objeto de atención durante la década de 1980 y se publicaron un buen número de trabajos en los que se definieron sus principales atributos formales y tecnológicos, así como su evolución desde los siglos VIII-IX hasta la época bajomedieval. Incluso se han identificado algunos centros de producción y en los últimos años se ha logrado afinar su atribución cronológica gracias al empleo de la datación absoluta. El momento inmediatamente anterior, sin embargo, únicamente fue objeto de un ensayo de síntesis en el trabajo de R. Bohigas y A. Ruiz "Las cerámicas visigodas de poblado en Cantabria y Palencia", aunque la labor investigadora en este campo no ha tenido continuidad.

A partir de la década de 1990 se han multiplicado los hallazgos y las atribuciones de material cerámico a la Antigüedad Tardía, en la mayor parte de los casos procedente de cuevas, muchas de ellas con contextos sepulcrales de esta época (Las Penas, Portillo del Arenal, Riocueva, etc.). Ante la ausencia de estratigrafías y de otros elementos que contribuyan a fijar la cronología, se ha tenido que recurrir a al datación directa del material empleando la termoluminiscencia. Por desgracia, es una técnica efectiva para determinar una atribución genérica, pero poco útil para definir con precisión el momento de producción de las vasijas, ya que el margen de error es algo elevado para establecer cronologías en época histórica. En cualquiera caso, en los últimos años se ha progresado de manera significativa en la caracterización de las producciones cerámicas desarrolladas durante los siglos VI-VIII.

Existen algunos ejemplos de cerámica fina tipo terra sigillata tardía (Forma 37 t con decoración de grandes círculos) cuya datación podría llegar hasta el siglo VI en Flaviobriga (Castro Urdiales), en el entorno de la iglesia de San Andrés de Rasines o en Santa María Hito, aunque es preferible englobarlos en la romanidad tardía. No obstante, en la cueva de Los Hornucos aparece un fragmento de cerámica de este tipo junto con hallazgos más tardíos, lo que plantea la necesidad de profundizar en el estudio de las últimas producciones cerámicas de época romana en Cantabria para aclarar algunas dudas.

Tabla de formas de la cerámica común de los siglos VI-VIII en Cantabria


Pero, insistimos, la mayor parte de las vasijas que se datan a partir del siglo VI son ceramica común y concretamente ollas fabricadas a torneta y con cocciones irregulares. Hay alguna orza y alguna tinaja, pero siguen siendo formas cerradas, con el cuerpo de tendencia globular y el fondo plano, muy similares a las ollas.

Olla con asa de la cueva del Portillo del Arenal (Foto: Archivo CAEAP)
Olla de la cueva de Cudón fechada en torno al siglo VII (Dibujo: A. Serna)
Vista frontal y lateral de una olla con vertedera de Riocueva,  finales del siglo VII o principios del siglo VIII
Olla de la cueva de Las Penas, comienzos del siglo VIII (Dibujo: A. Serna)
Ya sea sin asa o con asa, en ocasiones con pico vertedor, con el labio biselado o plano, con la pared lisa o decorada con ondas, la olla es la forma predominante en el repertorio cerámico. No se conocen botellas, platos, cuencos... ni siquiera jarras. Y los últimos hallazgos siguen apuntando en la misma dirección, como sucede en Riocueva. Por el momento, a la espera de encontrar algún poblado u otro tipo de contexto en el que haya alguna forma diferente, nos tenemos que conformar con lo que nos ofrecen las cuevas: ollas, ollas y más ollas.



18 abr 2012

Operación convergencia



Tratar de reconstruir vasijas completas a partir de los numerosos fragmentos de cerámica recuperados durante la excavación que realizamos en la cueva de Riocueva en 2011 es una tarea sólo apta para los muy obstinados. En su mayor parte son trozos del tamaño de una patata frita ondulada y las irregularidades de la cocción hace que tengan colores muy diferentes, incluso los que pertenecen a un mismo recipiente. Para complicar más el trabajo, sabíamos que una parte de los fragmentos están todavía en la cueva, en las zonas que aún no se han excavado (si hay suerte, pronto volveremos a por ellos...) y que otros llevan décadas en los almacenes del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Aun así, tras un largo fin de semana de ensayo y error, conseguimos remontar un buen número de fragmentos de la pared de una olla decorada con ondas y la parte superior de otra ollita, además de unir piezas sueltas del fondo y el borde de otras vasijas (gracias, Helena...).

Los fragmentos van encajando poco a poco
Un pequeño descanso, ya queda menos
Otro intento para completar el puzzle


La parte superior de una vasija reconstruida casi por completo

La ubicación de los fragmentos en la superficie de la cueva y su dispersión ofrecen datos para conocer un poco mejor la relación entre estas vasijas y las sepulturas a las que acompañaban. En cuanto al tamaño, la forma, la decoración y otras características formales de los recipientes, no hay grandes novedades con respecto a lo que ya conocíamos: se confirma que en época visigoda era frecuente el uso de ollas de pequeño tamaño que, a juzgar por los restos de ollín que se aprecian en algunos casos, se utilizaban para cocinar. En ocasiones las ollas tienen un pequeño pico vertedor o un asita y, cuando están decoradas los motivos son líneas onduladas que recorren la panza. En una próxima entrada dedicaremos un poco más de tiempo y espacio a la cerámica de época visigoda en Cantabria.