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16 jun 2014

Ecos de la Fiesta Visigoda

Como anunciábamos hace unos días, Mortera Verde ha celebrado el 10 aniversario de la excavación de la cueva de Las Penas (Piélagos, Cantabria) con un evento en el que hemos colaborado arqueólogos y recreacionistas para dar a conocer el pasado visigodo de Mortera. Vecinos, colegas y público en general, algunos incluso venidos desde lejos sólo para disfrutar de esta jornada, han abarrotado la sala y se han mostrado muy interesados en lo que Silvia, Yeyo, José Ángel y el que escribe esto les hemos contado. La ajustada agenda obligó a recortar un poco las intervenciones, pero dio tiempo para explicar lo esencial. Después de las conferencias encadenadas los asistentes han podido acercarse al espacio de recreación en el que se instaló una tienda de campaña donde los integrantes de El Clan del Cuervo mostraron algunos aspectos de la vida cotidiana y la cultura material de época visigoda. 

Aquí dejamos unas imágenes de los conferenciantes durante sus respectivas intervenciones y de la recreación. Los responsables del Proyecto Mauranus no pudimos completar el programa y diferentes compromisos nos obligaron a renunciar a la comida campestre, esperemos que sepan disculparnos los organizadores.

La intervención de Silvia abrió la jornada
Yeyo ilustrando a la concurrencia sobre el armamento usado en época visigoda
José Ángel Hierro hablando de la cueva de Las Penas
Mi turno... y el de Riocueva para cerrar la parte «científica» del evento
La parafernalia militar siempre impresiona...
No todo era violencia entre los visigodos, también había tiempo para la familia
Los asistentes curiosearon cuanto quisieron
Profesionales y aficionados disfrutan con la recreación de El Clan del Cuervo
Ha sido una gran experiencia en la que el entusiasmo del público asistente ha sido la mejor recompensa. Bueno, eso y el tremis de oro de Sisebuto con el que nos obsequió uno de los asistentes, Iagoba Ferreira Benito, un apasionado de la recreación histórica al que agradecemos el detalle. Vale, es una reproducción, pero para nosotros tiene tanto o más valor que si fuera auténtica.

¡Gracias, Iagoba!
La prensa local ha recogido en sus páginas una breve crónica del evento, cosa que siempre se agradece —incluso a pesar de las ya recurrentes erratas asociadas a la denominación de la cueva de Las Penas, aquí llamada de «La Pena»—, ya que supone un cierto reconocimiento social al trabajo de todas las partes implicadas.
La Fiesta Visigoda de Mortera en El Diario Montañés
Esperemos no tener que esperar otros 10 años para participar en un evento de este tipo en Cantabria o en cualquier otro punto del Universo conocido en el que estén interesados por nuestro proyecto... Y lo dicho, una vez más, gracias a todos por asistir, acompañarnos y compartir nuestra pasión por la época visigoda.

13 jun 2014

Fiesta Visigoda en Mortera

Este año se cumplen 10 años del descubrimiento y el comienzo de la excavación del yacimiento de época visigoda de la cueva de Las Penas y el colectivo Mortera Verde ha tenido la excelente idea de celebrarlo con una Fiesta Visigoda que se celebrará el próximo sábado 14 de junio en el Centro Cultural de Mortera (Piélagos). Hace ya un tiempo que nos invitaron a colaborar en el evento y, por supuesto, no dudamos en decir que sí. Aquí os dejamos el cartel y el programa.



Es una oportunidad única para conocer los últimos avances en la investigación sobre la cueva de Las Penas y los resultados de las dos campañas de excavación realizadas hasta la actualidad en la cueva de Riocueva. Ni que decir tiene que estáis todos invitados ¡nos vemos en Mortera!

1 abr 2012

Se non è vero, è ben trovato

En Diciembre de 2008, el equipo de "Cuarto Milenio", encabezado por su director y presentador Iker Jiménez, visitó la cueva de La Garma; durante el rodaje de un especial sobre las cuevas cántabras con arte paleolítico. La visita a la Galería Inferior hizo que conocieran de primera mano la existencia de los restos de los cinco individuos altomedievales allí depositados y no perdieron la ocasión de aprovecharla para su programa. 


El siguiente enlace permite ver el resultado. Es algo más de un cuarto de hora pero merece la pena. Además, si quieres seguir el resto de la entrada tendrás que verlo sí o sí.


En este punto y antes de desmenuzarla, he de decir dos cosas: que la interpretación del conjunto sepulcral de la Galería Inferior de La Garma que se marca Jiménez me parece una genialidad (la recreación, no tanto, aunque reconozco que está bastante lograda) y que esa misma interpretación es tan genial como falsa de toda falsedad. Obviando detalles menores (como la insistencia en fechar en el siglo IX unos muertos que son anteriores o el aspecto de Montaraces de Arnor que gastan los actores de la recreación), vamos a analizar las líneas maestras de esa interpretación con cierto detalle.

De forma resumida, vendría a ser algo así: cinco jóvenes medievales descienden juntos, por causas desconocidas, a la Galería Inferior del Complejo de La Garma, cargados con haces de leña e iluminados con antorchas. Una vez abajo, acampan alrededor de una hoguera que ellos mismos encienden y, en algún momento indeterminado de su aventura subterránea, son misteriosamente asesinados, uno por uno, por alguien o, mejor dicho, por algo. Algo ignoto y misterioso, por supuesto. Es una especie de trasunto de "Alien. El octavo pasajero", cambiando los pasillos de la Nostromo por una cueva profunda y oscura, al alienígena de mandíbula retráctil por algo que no se ve (y que, por eso mismo, da mucho más miedo) y sin una teniente Ripley que acabe con el monstruo y sobreviva para contarlo (en esta ocasión mueren todos).


Los lectores pensarán que tampoco es para tanto, que es un argumento más que manido y que esa película ya la han visto muchas veces. Es cierto. Pero también lo es que hay que ser un completo genio y, perdóneseme la expresión, el puto amo en lo suyo para hacer lo siguiente sin despeinarse, sin que le tiemble la voz y dándole a todo un barniz de rigor y cientificidad: convertir unos hechos y unos datos reales en los ingredientes de una historia de terror cinematográfico. E Iker Jiménez lo hace con gran maestría.

Empezando por el principio, como debe ser: en la reconstrucción de "Cuarto Milenio" los cinco mozos bajan juntos a la Galería Inferior. Efectivamente, en esa zona del complejo cárstico se encuentran los restos esqueletizados de cinco individuos subadultos, repartidos en dos zonas distintas y en diferentes estados de conservación. Sin embargo, es materialmente imposible que bajasen juntos, porque todos ellos han sido fechados mediante Carbono 14 AMS y las fechas obtenidas nos hablan de 2 momentos diferentes (o de 3, porque una de las fechas plantea algunos problemas) entre los siglos VII y VIII d. de C. O lo que es lo mismo, los cinco no murieron a la vez. Ni siquiera en un corto lapso de tiempo, ya que pasaron décadas entre unas muertes y otras.


A partir de ahí, es evidente que la imagen de esos proto-espeleólogos sentados alrededor de una fogata, tal y como aparecen en el video, nunca pudo darse, a pesar de las palabras del narrador : "... es la hoguera, la misma que en mitad de la penumbra del siglo IX encendieron los cinco jóvenes del medievo". Es cierto que en la cueva hay numerosos restos de carbones, algunos de ellos claramente relacionados con pequeñas hogueras (no con "fuegos de campamento") muy probablemente encendidas, en algunos casos, con fines de iluminación. Muchos de ellos han sido datados y todos remiten a momentos altomedievales, perfectamente coherentes en la mayor parte de los casos con las fechas proporcionadas por los cadáveres.

Es esa hoguera la que da pie al que es, en mi opinión, el momento culminante de la narración, el punto en el que no puedo dejar de maravillarme ante lo que escucho: el preciso instante en el que Jiménez dice que "seguramente su fulgor en mitad de esta noche que nunca termina bajo tierra fuese lo último que pudieron ver". ¿Por qué? Pues sencillamente porque, según él "después algo los mató uno a uno, como un zarpazo, como un rayo... pulverizándolos sin misericordia y sin dejar huella". ¡Casi nada! Pero no acaba ahí la cosa. Minutos después, cuando están viendo los restos in situ, de nuevo la voz del narrador se hace presente, viniéndose arriba y diciendo que "nadie sabe qué o quién los mató de esta forma tan horrible, alcanzándoles en zonas muy distintas, dándoles caza como si fuesen alimañas humanas, víctimas de un predador desconocido". Creo que no hacen falta demasiados comentarios...


Es cierto que nadie sabe (aún) cómo ni de qué murieron los jóvenes cuyos cadáveres fueron depositados en la Galería Inferior. Lo que parece seguro es que ninguno de ellos murió allí, en el interior de la cueva. Fueron introducidos en ella ya cadáveres y abandonados, en una zona profunda e inaccesible, tumbados sobre el suelo de la cavidad. Algunos en decúbito supino, otros en decúbito lateral, distribuidos a lo largo de dos zonas, utilizando en ocasiones el propio relieve de la cueva para acomodarlos. Sonaría raro, en efecto, si no fuera porque, sin salir de Cantabria, tenemos algunos buenos ejemplos de comportamientos funerarios semejantes llevados a cabo, además, en la misma época, en un lapso de tiempo muy concreto y que comprende los siglos VII y VIII d. de C. (una revisión de los casos cántabros y del resto de la Península y una interpretación de los cómos y los porqués puede encontrarse aquí). Quienes hayan seguido el blog saben, además, que actualmente estamos trabajando en uno de ellos, con magníficos resultados.

Es una verdadera lástima, pero no hubo ningún "predador desconocido", ninguna persecución por la cueva ni ninguna muerte violenta. No hubo zarpazos en la penumbra de las antorchas (impagable el guiño final aprovechando la mano en negativo paleolítica con presunta forma de garra), ni gritos en la oscuridad, ni asesinos invisibles que arrastran el cadáver de su víctima fuera del plano. Sin embargo y que nadie le busque la vuelta a esto porque no la tiene, vaya desde aquí mi reconocimiento a Iker Jiménez por su trabajo: la historia no era vera, pero estaba magníficamente bien trovada.


A estas alturas seguro que alguien echa en falta alguna observación acerca del tema de los cráneos aplastados y su tratamiento en el programa. Sólo diré que lo que se comenta es cierto (esos cráneos existen) pero que, como sobre ese sugerente asunto se tratará con detalle en otra entrada próxima de la serie The (Medieval) Walking Dead, de momento no habrá comentarios al respecto.






18 mar 2012

La estatua de Pelayo en Cosgaya

Hace más o menos un año, las autoridades autonómicas cántabras le erigieron una estatua a Don Pelayo en Cosgaya, en un intento por convertir en una realidad de piedra lo que no es más que una afirmación sin ninguna base histórica: situar el lugar de nacimiento del primer rey de Asturias en esa pequeña localidad lebaniega. Esa "leyenda", si es que puede llamarse así a una ocurrencia surgida de la pluma de un periodista del siglo XIX, ha sido recogida, amplificada y vendida a la ciudadanía como cierta por parte de un importante sector del regionalismo cántabro gobernante hasta hace poco. De hecho se convirtió, junto con el presunto (y falso) origen cántabro del castellano del que trataremos en futuras entradas, en una de las patas en las que se apoya la idea (y su reflejo político) de que Cantabria es la "raíz de España". 

Sobre lo que se sabe acerca del origen (el de verdad) de Pelayo también trataremos en otra ocasión, aunque podemos adelantar aquí que no hay ni un solo indicio, por no hablar de evidencias, que lo sitúen en Cosgaya; ni siquiera en Liébana: ni una sola de las fuentes escritas, directas e indirectas, del siglo IX en las que se le menciona apunta en ese sentido. 

Ahora vamos a centrarnos en la estatua (sin valorar lo estrictamente artístico del asunto, que eso va en gustos; y para gustos, colores) y a dejar a un lado esas otras consideraciones. En la estatua y en el rigor con el que ha sido recreada la imagen de un noble guerrero peninsular de las primeras décadas del siglo VIII de nuestra era.


Lo primero que llama poderosamente la atención es el casco que protege la cabeza de Pelayo, una especie de capacete de una sola pieza, sin carrilleras y rematado por una especie de gran botón (rodeado de algo parecido a pétalos) en su parte superior. La espada también resulta curiosa, tanto por la forma de la guarda y la empuñadura, su tamaño, la vaina y su sistema de suspensión mediante una cadena. Finalmente, el cinturón parece estar formado por una tira de cuero con remaches en forma de 8 y sin ningún sistema visible de sujeción, ni broche ni hebilla ni nada que se le parezca.


Un análisis apresurado y algo superficial de estos tres elementos nos permite afirmar que ninguno de ellos cuenta con referentes en el registro arqueológico de los siglos VII-VIII d. de C., ni en Cantabria, ni en el resto de la Península, ni en Europa occidental, ni el mundo mediterráneo. Todo apunta a que el escultor, puesto a recrear la imagen de un guerrero de esos siglos, ha preferido tirar de imaginación a documentarse y dotar a su obra de un mínimo rigor histórico. Si hubiera hecho eso último (que parece lo más "adecuante", como dirían en Springfield) no le habría costado demasiado encontrarse con cascos como estos:


O con espadas como ésta:


En cuanto al cinto, si hay unos objetos que puedan considerarse verdaderamente representativos de los siglos VII y VIII en Hispania esos son los broches de cinturón (los "útiles guía" de la arqueología de época visigoda). Para tiempos de Pelayo esos broches estaban formados por hebillas en forma de D (u ovales) articuladas a placas liriformes (o, en mucha menor medida, en forma de U o cruciformes), bien de bronce, bien de hierro con decoración damasquinada en plata y latón. Sin salir de Cantabria pueden encontrarse magníficos ejemplos de ese tipo de piezas. Como ésta, de la cueva de Las Penas:


Por no hablar de la ausencia de armadura (impensable en el jefe de un grupo de guerreros y menos en uno de claro origen aristocrático como Pelayo) o las sandalias (el peor calzado imaginable para moverse por los montes de Liébana).

Si el autor de la estatua hubiese querido reflejar un Pelayo históricamente creíble tendría que haber utilizado como modelo la imagen de un noble guerrero (eso es un pleonasmo en esa época) de finales del siglo VII o inicios del VIII d. de C. El astuto lector, llegados a este punto, se habrá dado cuenta de que no hemos utilizado en ningún momento la palabra "hispanovisigodo" para calificar al primer rey de Asturias. Y no lo hemos hecho porque, aunque ése era su origen, en realidad no es relevante para el tema que nos ocupa. Fuese hispanovisigodo, astur, cántabro o cualquier otra cosa, lo cierto es que su aspecto sería similar a éste:


Hemos "robado" esta imagen de la página del "Clan del Cuervo" en la que podemos ver al escritor (¿todavía no habéis leído Pax Romana? Pues ya estáis tardando...) y recreacionista Yeyo Balbás ataviado como un noble del siglo VII d. de C. Lleva un casco de tipo "Spangen" o "Spangenhelm", un modelo corriente en la Europa continental en los siglos V-VII y cuyos derivados perdurarán al menos hasta el X (en Rusia incluso mucho más); una armadura laminar como las usadas en esa época por bizantinos (láminas similares se han recuperado en las excavaciones de los niveles bizantinos de Cartagena) y lombardos, entre otros; una  spatha o espada larga (con una empuñadura semejante a la del poblado madrileño de época visigoda de Arroyo Culebro) y un pequeño machete o sax; y un cinturón rematado por un broche liriforme de bronce. Es decir, va ataviado de forma similar a como iría Pelayo cuando se rebeló contra los árabes en la zona centro-oriental de la actual Asturias. Nada que ver con el guerrero de la estatua de Cosgaya.

Como reflexión final, sólo nos queda decir que, puestos a inventarnos una imagen mítica y ahistórica de un Pelayo rebelde y guerrero, es infinitamente mejor la estatua de bronce de Covadonga que la de arenisca de Cosgaya:


Esa diadema, esa capa de piel de oso, esa coraza musculada, esas botas... Si parece sacado de una novela gráfica inspirada en la obra de Robert E. Howard. ¿Es Pelayo o es Kull el conquistador? En este caso concreto hay que reconocer, aunque nos duela, que los asturianos nos ganan por goleada.

29 feb 2012

Una visita imprescindible: Musée des Temps Barbares






El Musée des Temps Barbares-Parc Archéologique de Marle (Aisne, Francia) ofrece al visitante la posibilidad de revivir los tiempos de los merovingios. Combina la investigación, la arqueología experimental y la reconstrucción histórica para recuperar las más diversas actividades de la vida cotidiana: la construcción de cabañas, la forja, la cocina, la actividad textil, la cerámica, etc.

28 feb 2012

El "Clan del Cuervo"



Enlace a la página de este magnífico grupo de recreación histórica medieval (incluyendo la época visigoda) cuya visita recomendamos vivamente.