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| Los autores del blog junto a la vitrina del anillo en el nuevo MUPAC (Foto: Raúl Lucio) |
28 jun 2013
Los señores del anillo
Ayer jueves, después de una larga espera, se inauguró la nueva exposición permanente del Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Habíamos sido invitados y no podíamos faltar a tan magno acontecimiento porque, a estas alturas y nos guste o no, ya somos parte de la "arqueología regional". Además, queríamos saber cómo lucía el anillo de Riocueva en la exposición. A pesar de que no hace ni dos años que lo sacamos de la cueva, ha encontrado hueco en el museo y lo podrán ver todos los visitantes, cosa que nos llena de orgullo. Entre los 2.679 objetos que están expuestos, no podemos negar que es nuestro favorito. Y como Raúl Lucio estaba por allí con su cámara, abusé de nuestra amistad para que nos retratase junto a nuestro "trofeo".
No tuvimos tiempo de escudriñar con detalle todas las salas, de manera que dejaremos las valoraciones para otro día. Lo único que podemos anticipar es que ha crecido en cantidad y calidad el espacio dedicado a la Antigüedad Tardía y a la Edad Media y están expuestos algunos objetos de los que hemos hablado aquí, como el broche de La Garma o los anillos de Santa María de Hito. Aprovechamos la ocasión para animaros a visitar el museo, nos ha dicho un pajarito que hasta el día 10 de julio la entrada es gratuita.
24 jun 2013
"Territorio Riocueva": Cueto Marín
Igual que El Soplao tiene su "territorio" ("Territorio Soplao"), Riocueva también lo tiene. Bueno, en realidad no lo tiene (nadie se lo ha dado por decreto, como en el caso de la joya turística del occidente cántabro), pero no nos gusta ser menos que nadie, así que vamos a dárselo nosotros. El concepto viene a ser el mismo: un territorio alrededor del yacimiento, con límites elásticos que se estiran según convenga (sólo así pudo anunciarse al mundo la aparición del famoso yacimiento de ámbar en El Soplao cuando, en realidad, estaba en Rábago, a varios km de la cavidad) y del que los responsables de la intervención en Riocueva seríamos dueños y señores absolutos (al menos desde el punto de vista arqueológico).
Ahora en serio. En estas dos entradas voy a hablar de dos yacimientos (Cueto Marín y Elechino o Pico Vizmaya) que se encuentran en el entorno inmediato de Riocueva y que pudieran estar relacionados con el uso funerario de la cueva en los siglos VII-VIII d. de C. Hay un tercero que lo está de forma indiscutible (La Garma), pero del que ya hemos hablado largo y tendido en el blog. Además, no nos dejarían incluirlo en el "Territorio Riocueva" y quedarnos con él por la jeta ("sólo" es patrimonio mundial de la Unesco y uno de los yacimientos arqueológicos más importantes del mundo). Y tampoco queremos estropear las excelentes relaciones que tenemos con sus dos máximos responsables y con algunos miembros de su equipo investigador que también colaboran con nosotros y nuestro proyecto. Dejaremos, pues, fuera a La Garma. De momento...
Situado a unos 2,5 km en línea recta de Riocueva, el alto de Cueto Marín es el extremo más meridional de una suave sierra que se inicia muy cerca de la ladera en cuya parte inferior se abre la boca de la cueva, y se desarrolla desde allí, de forma casi rectilínea, en dirección noroeste-sureste. El emplazamiento se vio gravemente afectado por las obras de construcción de la Autovía del Cantábrico, que se llevaron por delante una parte importante de su superficie (la situada más al sur). También la construcción de un chalet en la zona inmediata al talud de la Autovía ha debido influir negativamente en la conservación del yacimiento, cuya extensión y características se desconocen.
Localización de Riocueva y Cueto Marín en una fotografía satélite en 3D de la zona en Entrambasaguas (Fuente: Apple Maps)
Al frente, a la izquierda de la Autovía, el extremo meridional de Cueto Marín
Éste fue descubierto por el CAEAP a finales de los años 80, paradójicamente gracias a las obras de la Autovía, que no contaron con seguimiento arqueológico en ese punto. En los taludes de la obra se localizaron (junto a algunos materiales líticos de cronología prehistórica que no vienen al caso en este momento) tres fragmentos de cerámica: dos fragmentos de fondos y un galbo decorado. También se documentó la existencia de una estructura cortada por las obras: una cubeta con las paredes rubefactadas y el suelo cubierto de restos de carbón.
Materiales cerámicos de Cueto Marín (según Serna et alii, 1996)
Los fondos, de pastas groseras, parecen corresponder a ollas de cerámica común; mientras que el fragmento decorado, con líneas rectas y onduladas incisas, a la parte superior del cuerpo de algún recipiente de ese mismo tipo. Por sus similitudes con restos procedentes de varias cuevas cántabras (entre ellas, Riocueva) en un principio fueron atribuidas a la Edad del Hierro, ya que por aquel entonces se pensaba que ese tipo de ollas de "perfil en S", con decoración a base de líneas onduladas incisas (y/o dientes de lobo) en muchos casos, eran de cronología protohistórica. Sin embargo, hoy se sabe que ese tipo de recipientes han de fecharse en la transición entre el mundo antiguo y la Alta Edad Media, entre los siglos V y VIII d. de C., aunque con algunas perduraciones más allá de esa última centuria.
Vista interior del fondo nº 1
Vista de perfil del fondo nº 2
Imagen del fragmento decorado
En cuanto a la estructura seccionada, fue interpretada como una posible carbonera, dadas sus características formales. También cabe la posibilidad de que se trate de un silo o depósito subterráneo de cereal (en algunos casos ese tipo de estructuras excavadas presentan paredes rubefactadas, ya que son sometidas a la acción del fuego para conseguir un mejor aislamiento y/o consistencia), aunque el hecho de que, según sus descubridores, tuviera un tamaño considerable y la presencia de carbones en su interior abogarían por la primera opción señalada.
De todo lo (poquísimo) que conocemos del entorno de Riocueva en la Tardoantigüedad y/o la Alta Edad Media, Cueto Marín es el lugar que cuenta con más posibilidades de haber albergado algún tipo de hábitat en esos siglos. Es cierto que los indicios son escasos, pero es lo mejor que tenemos por el momento. Puede que se tratase de una aldea (con su cementerio, ¿os imagináis?) o de algún establecimiento menor, de tipo granja. Y de haber estado habitado durante los siglos VII-VIII d. de C. su importancia sería enorme para poder conocer más sobre la gente enterrada en Riocueva y sobre el propio contexto funerario de la cavidad: si ir más lejos, sobre los porqués y los cómos de la elección de la gruta como lugar de depósito de (algunos) cadáveres. De momento el argumento para relacionar ambos yacimientos es más que endeble y se sustenta, únicamente, en las similitudes formales y tecnológicas de las cerámicas procedentes de los dos. Sería necesaria una prospección intensiva de Cueto Marín (rezando mucho para que quede algo tras el paso de la Autovía por encima) y, conociendo cómo de desagradecido es el suelo en Cantabria, excavar algunos sondeos en la zona en busca de posibles estructuras. Como eso de momento no va a suceder (está la cosa como para meterse en nuevos proyectos arqueológicos...), habrá que conformarse con alguna actuación menor: con un examen ceramológico que trate de discernir si se trata del mismo tipo de producciones y, si nos toca la lotería o aparece algún mecenas desprendido, con una datación por Termoluminiscencia de alguno de los fragmentos de Cueto Marín (el conjunto de Riocueva está bastante bien datado, tanto de forma directa por TL como indirecta mediante los análisis de C14 realizados sobre los restos humanos a los que acompañaba).
Y para terminar, una curiosidad toponímica: como puede verse arriba, la cima situada inmediatamente al norte de Cueto Marín (en realidad, la cima de la elevación a la que pertenece éste) aparece en el plano 1:25.000 del Instituto Geográfico Nacional con el nombre de "Alto de Mijares" (y junto a él, un poco más al norte, hay un "Santa María" más que sugerente). Es decir, que se trata de una zona en la que se cultivó mijo, probablemente desde la Edad Media hasta su sustitución por el maíz en los siglos XVI-XVII. ¿Y qué cereal, junto al panizo y fechado por C14 en época visigoda, ha aparecido carbonizado en Riocueva? Pues eso. Será una casualidad. O no.
18 jun 2013
Empieza la cuenta atrás... y esta vez va en serio
Después de que el anuncio de la campaña de excavación en Riocueva de 2012 se quedase en un triste simulacro, parece que este año la cosa pinta mejor. Hoy, 18 de junio de 2013, se ha hecho pública la propuesta de resolución provisional con los permisos de excavación y las subvenciones concedidas para este año y, sí, sí, sí... salimos en la "lista buena": tenemos (provisionalmente) permiso y financiación. Estamos verdaderamente contentos, no sólo porque el Proyecto Mauranus haya recibido una valoración positiva por parte del Comité de Valoración, sino porque es el segundo mejor valorado de cuantos concurrían. No está nada mal, teniendo en cuenta que el primero es el mundialmente conocido Complejo Arqueológico de La Garma (ahí es nada), proyecto con el que, por cierto, también hemos colaborado en los últimos tiempos.
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| Así queda la cosa de momento... |
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| Hebijón escutiforme descubierto en 2011, después de su restauración |
14 jun 2013
¿Un cuchillo militar tardorromano en el "Castrelo de Pelou" (Grandas de Salime, Asturias)?
Aprovechando que la entrada anterior trata sobre objetos que se fechan en los siglos IV y/o V d. de C. y para no cambiar de época, dedicaré ésta a revisar una magnífica pieza procedente del Castro asturiano del "Castrelo de Pelou" (Grandas de Salime) que, en mi opinión, no ha sido bien ubicada cronológicamente hasta la fecha. Di con ella de forma casual hace unos meses, revisando las imágenes de algunos materiales del Museo Arqueológico de Asturias (el catálogo en PDF está colgado en la red) y ya entonces me chirrió la cronología que se le asignaba. Quedó ahí, enterrado en mi inconsciente, hasta que el otro día su imagen me vino a la cabeza de nuevo, esta vez junto con una posible respuesta al porqué del chirrido.
El objeto en cuestión, aunque ha sido publicado como un "puñal", es un cuchillo de hierro del que se conservan hoja y espiga, que forman una sola pieza; y la parte inferior (guarda) y superior (remate) del mango, estas últimas en cobre o bronce. Ambas, como puede observarse, destacan por la presencia de una fina decoración calada que alcanza su máxima expresión en el remate, con un disco que enmarca dos motivos en forma de S situados de forma simétrica a ambos lados de la empuñadura. La hoja, por su parte, es de pequeño tamaño (unos 13 o 14 cm), sobre todo en relación con la espiga del enmangue, como puede observarse en la imagen. Tiene una forma muy peculiar, con un lado, el dorsal, recto hasta llegar a dos tercios de su longitud, donde forma un ángulo para converger hacia la punta; y otro, el del filo, marcadamente curvado (con forma de S, con una escotadura en su parte superior o, si se prefiere, como si se tratase de la mitad lateral de una hoja pistiliforme). Finalmente, hay que destacar que la espiga no está centrada respecto a la hoja, sino desplazada hacia el extremo del dorso. Tanto esta última característica como la presencia de un solo filo y la asimetría de la hoja hace que podamos afirmar que se trata de un cuchillo y no de un puñal.
Dibujo y fotografía de la pieza (de J. M. Mon y J. Arrojo, respectivamente, en López et alii, 2010)
En cuanto al contexto de su hallazgo, conviene dar algunas pinceladas acerca del "Castrelo de Pelou" (del que se puede conocer mucho más en esta magnífica página sobre los castros del occidente asturiano). Se trata de un castro de pequeño tamaño, ubicado en un escalón a media ladera, y que ha sido objeto de intervenciones arqueológicas desde 2003 que han permitido desterrar la idea, manejada con anterioridad a esa fecha por algunos investigadores, de que se trataba de una fundación de época romana estrechamente relacionada con la explotación de los recursos auríferos del territorio circundante (idea muy extendida hace unos años, aplicada a numerosos castros de Galicia y el occidente asturiano y no exenta de cierto componente "político", que ha sido completamente puesta en solfa por la arqueología; principalmente gracias a los trabajos de Ángel Villa Valdés, que han demostrado que se trata de establecimientos muy anteriores a la llegada de Roma a esas tierras del noreste hispano). Él "Castrelo de Pelou" se funda en la Edad del Hierro (existe con toda seguridad en la Segunda pero hay algunas evidencias de uso anteriores), sigue ocupado en época altoimperial romana (con una significativa presencia militar, como atestiguan algunos materiales) y se abandona a finales del siglo I d. de C.; para ser reocupado en época tardorromana, a finales del siglo III o inicios del IV d. de C. Esa reocupación bajoimperial parece tener, de nuevo, un marcado carácter militar y lleva consigo la refortificación del establecimiento, cuyo máximo exponente será la construcción en ese momento de un gran torreón en la zona de acceso al recinto (todos estos datos, y algunos de los que siguen, están sacados de Montes et alii, 2009 y Montes et alii, 2010).
El cuchillo procede del interior de una cabaña (C3) con una fase importante de ocupación altoimperial y de donde también proceden, entre otros materiales, parte de la empuñadura de bronce de una daga o espada de antenas de tradición indígena y una daga legionaria romana (un pugio) de un tipo característico del siglo I d. de C. Creo que este hecho ha sido determinante a la hora de atribuir a la pieza que nos ocupa una cronología altoimperial y relacionarla con el puñal militar romano. Sin embargo, en esa misma construcción se ha localizado un nivel tardorromano, formado por una fosa que rompe los suelos antiguos y en cuyo interior se han localizado algunas monedas bajoimperiales (acuñadas en el siglo III y en la primera mitad del IV d. de C.). Por tanto, el cuchillo no procede de un contexto cerrado del siglo I d. de C. Y ése es un aspecto muy importante a tener en cuenta porque, como veremos a continuación, su morfología lo separa indudablemente de las armas blancas de la Edad del Hierro y el Alto Imperio para acercarlo, de forma muy nítida en mi opinión, a las que son características de los siglos IV-V d. de C. En el caso de Hispania, a los cuchillos "tipo Simancas", aunque con algunas diferencias. No es el sitio para detenernos a hablar de este tipo de piezas ni para discutir si se trata de armas, de cuchillos de caza (o de las dos cosas) o, simplemente, del arma blanca de moda a finales de la época romana; aunque alguna cosa en relación con ello sí que comentaré hacia el final de la entrada. Los que no conozcan este tipo de cuchillos que se queden con la idea de que son piezas hispanas que aparecen en yacimientos de los siglos IV y/o V d. de C. (hay discusión también acerca de las fechas), de forma significativa formando parte de los ajuares funerarios de algunos individuos masculinos inhumados en necrópolis rurales (aunque no solo).
Como puede observarse en la imagen de arriba (extraída de Dohijo, 2011), el cuchillo de Pelou comparte bastantes rasgos con los "Simancas": su pequeño tamaño, el dorso recto (no necesariamente hasta la punta) y el filo curvo con escotadura más o menos marcada en su parte superior; y la situación, desplazada (completa o parcialmente) hacia el dorso, de la espiga. La principal diferencia, aparte de la punta simétrica (o casi) de la hoja, se encuentra en la empuñadura, tanto en la zona de la guarda como en el más que curioso remate del extremo superior. Comenzando por este último, no he encontrado ningún paralelo para él (aunque tampoco he hecho una búsqueda exhaustiva, la verdad). Sin embargo, sí que he localizado algunas pistas que podrían aclarar un poco su origen y cronología. En primer lugar, un tipo de vainas de cuchillo militar tardorromano (cuchillos de finales del siglo III y el IV d. de C. y morfológicamente muy diferentes del de Pelou y los "Simancas", todo hay que decirlo) procedentes del limes danubiano y que se caracterizan por su decoración calada y su remate más o menos circular.
Vaina de cuchillo de Budapest (según Sellye, 1991)
Y en segundo y yendo más a lo que nos interesa, el que creo que es un buen paralelo para los motivos en S que decoran el remate: unas plaquitas caladas de oro, que formarían parte de una diadema o tocado y que se recuperaron en una tumba romana de Astorga (tumba que debería fecharse de mediados del siglo III d. de C. en adelante, ya que se trataba de una inhumación).
Plaquitas de oro caladas de Astorga (González et alii, 2003)
En cuanto a la guarda, el mejor ejemplo que he podido encontrar es un cuchillo que se conserva (y parece que también se expone) en el British Museum y que además resulta ser el paralelo más cercano (que yo conozca) para el de Pelou. La pieza, ligeramente más grande que la asturiana, tiene una curiosa decoración damasquinada en ambas caras de la hoja, con escenas de la caza del ciervo y del jabalí, respectivamente. Este hecho ha motivado que haya sido considerado como un cuchillo de caza y que como tal se exponga. En cuanto a su procedencia y cronología, lo cierto es que no hay nada seguro: la primera es completamente desconocida (la pieza procede de una colección privada donada al mueso a mediados del siglo XIX), mientras que para la segunda se maneja el siglo IV d. de C.; imagino que a partir de la propia morfología del ejemplar (y no sé si gracias a algún elemento de la decoración, de la que no he conseguido ver una imagen nítida en ninguna parte).
http://forums.dfoggknives.com/index.php?showtopic=24027
Llegados a este punto toca hacer un par de consideraciones finales. En primer lugar y acerca de la cronología de la pieza, tanto el contexto de su hallazgo como su posible relación formal con los cuchillos hispanos tardorromanos y/o postimperiales (más los elementos decorativos que hemos visto más arriba) permiten proponer para él una fecha de finales del siglo III o, mejor, de la primera mitad del siglo IV d. de C. Se trataría de un cuchillo cuyos elementos "arcaizantes" más destacados serían la punta simétrica en la hoja y la forma de la empuñadura, remate calado incluido, y de un tipo del que, de ser correcta esta interpretación, derivarían décadas después los de "tipo Simancas". En cuanto a su carácter, el contexto (un nivel de reocupación bajoimperial del castro) parece apuntar a un origen militar de la pieza. No se me ocurre quién, al margen del ejército romano, podría llevar a cabo una tarea de fortificación (con la construcción de un gran torreón en la zona de acceso) en un antiguo asentamiento, abandonado dos siglos antes, en una fecha tan temprana (siempre fiándonos de las indicaciones de las monedas, con el riesgo que eso conlleva). Los porqués de esta presencia tardía del ejército imperial en un enclave como ése se me escapan y darían para otra entrada, así que no seguiré por ese camino. En cuanto a la importancia de ese posible carácter militar del cuchillo de Pelou, sólo me queda comentar que quizá sirva para arrojar algo de luz al de sus hipotéticos descendientes los "Simancas". Quizá, a finales del siglo IV d. de C. fueran cuchillos de caza, pero podrían haber tenido su origen en tipos portados por milites unos cuantos decenios antes. O, sencillamente, haber pasado, como ocurre en esas mismas fechas con parte de la indumentaria, del mundo militar al civil como una moda más. Un mundo civil probablemente bastante "militarizado" en muchos aspectos hacia finales del siglo IV (o ya en el V d. de C), pero civil a fin de cuentas.
7 jun 2013
¿Punzón o huso? Apuntes sobre un tipo de objeto controvertido
Al hilo de los comentarios realizados a la última entrada dedicada a los instrumentos utilizados en la actividad textil durante la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media en Cantabria, he "rescatado" de mis archivos información sobre el objeto al que hacía referencia José Ángel. Se trata de un objeto apuntado de hierro, de sección circular, procedente de la villa romana de Santa María de Hito, el único complejo rural de época bajoimperial romana excavado en extensión en Cantabria.
Fue recuperado durante las primeras campañas de excavación. Corresponde a la fase de uso de la villa datada entre los siglos III y V y procede de un contexto de hábitat. Actualmente se encuentra depositado en el MUPAC.
Aunque ya P. Palol propuso en 1986, para los ejemplares de La Olmeda, su utilización como instrumentos relacionados con el hilado de la lana, otros investigadores se mostraron más cautos, al no identificar una función específica para este tipo de utensilios. Incluso en algún caso se propuso una identificación un tanto audaz y poco fundamentada, como sucede con el ejemplar de Albalate de las Nogueras, interpretado como una punta de jabalina. Durante un tiempo, estos objetos han quedado relegados a la categoría de "sin función conocida", y por su forma apuntada (obsérvese que también podría considerarse fusiforme) se han descrito simplemente como punzones. Incluso las hipótesis descabelladas se han ido imponiendo a las más lógicas e incluso se ha llegado a decir que eran "agujas para el pelo", por su vinculación con tumbas femeninas...
Hallazgos más recientes como el de la villa de San Blas (Navarra) o el una tumba femenina de Almenara de Adaja (Valladolid) se interpretan como husos de hilar, recuperando aquella idea primigenia propuesta por P. Palol.
Hace unos años, visitando el Museo de Zamora, me sorprendió gratamente ver uno de estos "punzones" con una fusayola colocada en su extremo y descrito como "huso", procedente de los niveles tardoantiguos del castro del Cristo de San Esteban. Ignoro si apareció así en el yacimiento o si se trata de una "interpretación" del hallazgo. De momento no he localizado la publicación ni nada parecido que aclare el asunto, pero es un dato a tener en cuenta.
Por el momento, el debate sigue abierto. Para los investigadores del Proyecto Mauranus la identificación como huso de estos objetos de hierro parece la más verosímil, pero quedamos a la espera de nuevas evidencias que confirmen esta hipótesis.
Fue recuperado durante las primeras campañas de excavación. Corresponde a la fase de uso de la villa datada entre los siglos III y V y procede de un contexto de hábitat. Actualmente se encuentra depositado en el MUPAC.
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| Punzón de hierro, villa de Santa María de Hito (Cantabria) |
Este tipo de objetos, fabricados con hierro, macizos, apuntados y de sección circular, son habituales en las necrópolis tardorromanas (o postimperiales rurales) de la Meseta, y se conocen hallazgos desde hace décadas en Simancas (Valladolid), San Miguel de Arroyo (Valladolid) Hornillos del Camino (Burgos), Albalate de las Nogueras (Cuenca) y, sobre todo, en la necrópolis norte de La Olmeda (Palencia), lugar en el que son especialmente abundante, entre otros.
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| Algunos de los punzones/husos de la necrópolis norte de La Olmeda (arriba), comparados con los ejemplares de otros yacimientos de la península Ibérica (abajo) |
Aunque ya P. Palol propuso en 1986, para los ejemplares de La Olmeda, su utilización como instrumentos relacionados con el hilado de la lana, otros investigadores se mostraron más cautos, al no identificar una función específica para este tipo de utensilios. Incluso en algún caso se propuso una identificación un tanto audaz y poco fundamentada, como sucede con el ejemplar de Albalate de las Nogueras, interpretado como una punta de jabalina. Durante un tiempo, estos objetos han quedado relegados a la categoría de "sin función conocida", y por su forma apuntada (obsérvese que también podría considerarse fusiforme) se han descrito simplemente como punzones. Incluso las hipótesis descabelladas se han ido imponiendo a las más lógicas e incluso se ha llegado a decir que eran "agujas para el pelo", por su vinculación con tumbas femeninas...
Hallazgos más recientes como el de la villa de San Blas (Navarra) o el una tumba femenina de Almenara de Adaja (Valladolid) se interpretan como husos de hilar, recuperando aquella idea primigenia propuesta por P. Palol.
Hace unos años, visitando el Museo de Zamora, me sorprendió gratamente ver uno de estos "punzones" con una fusayola colocada en su extremo y descrito como "huso", procedente de los niveles tardoantiguos del castro del Cristo de San Esteban. Ignoro si apareció así en el yacimiento o si se trata de una "interpretación" del hallazgo. De momento no he localizado la publicación ni nada parecido que aclare el asunto, pero es un dato a tener en cuenta.
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| Huso de hierro con fusayola del castro del Cristo de San Esteban (Muelas del Pan, Zamora) |
2 jun 2013
The (Medieval) Walking Dead (6): el documental
En 2011 la productora Quickfire Media, en colaboración con National Geographic Channels, realizó un documental titulado Vampire Skeletons Mystery que ha sido emitido por National Geographic Channel UK. También el canal franco-alemán Arte, que a muchos os sonará por La noche temática de La 2 de TVE, ha emitido una versión traducida al francés, denominada Vampires et morts-vivants au Moyen Âge. Como deja entrever el título, está dedicado a uno de los temas favoritos de este blog: los muertos vivientes medievales y las "soluciones" que se aplicaban para que no molestasen a los vivos.
El gran protagonista del documental es un esqueleto con una piedra en la boca del yacimiento irlandés de Kilteasheen, datado en el siglo VIII que ya había tenido su momento de gloria en este blog. Para completar aquella entrada dedicada a los "mascapiedras", recomiendo vivamente el visionado del documental. De momento no hay traducción al español, pero he localizado las dos versiones, una en francés y otra en inglés. Ambas son fáciles de entender con un conocimiento básico del idioma. Además de tratar el tema de los deviant burials documentados por los arqueólogos, rememora las narraciones clásicas de la literatura medieval británica sobre "muertos vivientes" y ofrece al final una truculenta historia sobre el tratamiento aplicado a un "muerto viviente" rumano hace unos años, similar al que se empleaba en la Edad Media.
El gran protagonista del documental es un esqueleto con una piedra en la boca del yacimiento irlandés de Kilteasheen, datado en el siglo VIII que ya había tenido su momento de gloria en este blog. Para completar aquella entrada dedicada a los "mascapiedras", recomiendo vivamente el visionado del documental. De momento no hay traducción al español, pero he localizado las dos versiones, una en francés y otra en inglés. Ambas son fáciles de entender con un conocimiento básico del idioma. Además de tratar el tema de los deviant burials documentados por los arqueólogos, rememora las narraciones clásicas de la literatura medieval británica sobre "muertos vivientes" y ofrece al final una truculenta historia sobre el tratamiento aplicado a un "muerto viviente" rumano hace unos años, similar al que se empleaba en la Edad Media.
VERSIÓN INGLESA
VERSIÓN FRANCESA
31 may 2013
Nivel Cero 13: Los orígenes del género Homo. Una exploración de la innovación como motor evolutivo
La revista de arqueología Nivel Cero nació en 1992 como una publicación científica editada por el Grupo Arqueológico Attica, vinculado a la Universidad de Cantabria. Durante más de dos décadas se convirtió en un referente imprescindible para la investigación regional, ya que subsistió casi como la única publicación seriada dedicada a las etapas más antiguas de la historia humana editada en Cantabria.
Tanto José ángel como yo hemos formado parte del Grupo Arqueológico Attica y del comité editorial de la revista Nivel Cero durante años. Hace ya un tiempo que la asociación cesó su actividad, pero hemos decidido conservar la cabecera de la revista y convertirla en una publicación digital, a la espera de mejores tiempos en los que pueda volver al papel.
Desde el pasado lunes se puede descargar en la página de la revista Nivel Cero, donde se puede encontrar también un repositorio con muchos de los números anteriores en formato PDF.
26 may 2013
Haciendo el nido
De vuelta a las fortificaciones de la Guerra Civil en Cantabria, aprovecho esta entrada para publicar un curioso (e interesante, además de inédito) documento gráfico de la época: el alzado y la planta de un nido de ametralladoras. Se trata de un dibujo que iba incluido en una propuesta ("Plan de fortificación en el frente de Los Tornos hasta Portillo de la Sía") de creación de una línea de resistencia, en el extremo oriental del frente sur, entre el Portillo de la Sía y el pico Zalama; y que recoge el modelo de nido de ametralladoras con el que se reforzarían las posiciones defensivas en ese sector. El plan de fortificación era muy ambicioso y contemplaba la construcción de 44 nidos de este tipo, 5 blocaos, 4 km de trincheras, 40 refugios, 2 posiciones artilleras, 8 "nidos antiaéreos", 1 refugio para un cañón antitanque y 2 "tambores para dinamiteros"; además de pasos y caminos cubiertos y alambradas.
(AGMAV, C.686, Cp. 13, D. 1 / 14)
Como puede observarse en el dibujo, el nido estaría semiexcavado en el terreno y constaría, básicamente, de paredes de mampostería (con una tronera abocinada hacia afuera en la frontal y un acceso con forma de paso cubierto en la trasera) y un techo formado por una gruesa placa de hormigón armado colocada sobre rollizos de madera; todo ello cubierto de tierra y cesped. Rollizos, hormigón, tierra y cesped crearían una cubierta "a prueba", capaz de soportar el impacto de proyectiles de artillería e incluso de bombas de aviación (imagino que dependiendo del tamaño de éstas...).
El plano del nido, aunque muy detallado (es lo mejor que he podido encontrar para Cantabria hasta la fecha, aunque seguro que hay más, muertos de asco en algún archivo), tiene algunos errores graves de diseño. Si, como parece, estaba destinado a que se emplazara en él una ametralladora, el techo sería demasiado bajo y no tendría sentido una banqueta (o "bloque soporte") tan elevada respecto a la cota del suelo. El arma dibujada es una ametralladora Hotchkiss modelo 1914, en su versión española (la reglamentaria en el ejército español en 1936), que se emplearía como recoge esta foto (de la versión original frnacesa), con su sirviente sentado sobre el sillín situado en la pata más larga del trípode (salvo que el ametrallador fuese de talla XS, no podría utilizar la máquina tal y como aparece situada en el dibujo):
Es posible, sin embargo, que la estructura esté bien planteada y que el error resida en el arma representada: si en lugar de una ametralladora se tratase de un fusil ametrallador como el de la siguiente foto, su sirviente podría dispararlo de pie, con las patas del bípode apoyadas en la banqueta.
http://historiadelasarmasdefuego.blogspot.com.es/2009/03/fusil-ametrallador-hotchkiss-mod1926.html
El plan de fortificación de esa zona del frente no llegó a completarse. De hecho, apenas debió pasar de una fase muy inicial, aunque el documento menciona el comienzo de la construcción de 4 de estos nidos para batir la carretera de acceso al puerto de Los Tornos y, en la misma zona, del "refugio para cañón antitanque". Quizá los cinco lleven más de 70 años esperando a que alguien suba a echarles un vistazo...
Volviendo al plano, éste nos permite comprobar cómo era el diseño básico de este tipo de estructuras y contrastarlo tanto con las referencias documentales que manejamos como con lo que podemos observar en otros ejemplares. Y eso es aplicable tanto a los nidos como a los fortines de tipo "galería cubierta para tiradores", los más abundantes y característicos de la zona que estamos estudiando (muy poquito a poco, es cierto) en los últimos años: la costa, en particular la oriental; las líneas de contención de los ríos Agüera y, sobre todo, Asón; y algunos territorios aledaños.
El uso de rollizos de madera para los techos de los nidos aparece mencionado en varios de los documentos que hablan de las obras de fortificación de la costa durante la primavera y el verano de 1937. También ha dejado "huellas" (porque la madera ha desaparecido) en algunas de estas fortificaciones. Se aprecia muy bien en la "galería para tiradores" de Los Castros (Cicero), en donde, además, puede comprobarse cómo la escasez de materia prima provocó alguna variante sobre lo teóricamente establecido. Como se ve en las fotografías, en lugar de rollizos completos se utilizaron medios rollizos (así, con la misma cantidad, se construían los techos de dos fortines). Cómo afectaría esta merma en la madera a la resistencia del conjunto es difícil de establecer, pero puede intuirse que lo sería en buena medida: unas instrucciones para construir un refugio "a prueba" mencionan la necesidad de colocar dos filas de rollizos inmediatamente debajo de la plancha de hormigón (que debería ser de 40 cm de espesor y estar cubierta por otros 40 cm de piedras y 1 m de tierra. Casi nada). También hay casos en los que los rollizos se colocaron por encima del hormigón, aunque parecen menos frecuentes.
Interior del fortín de Los Castros (Cicero, Bárcena de Cicero)
Detalle de las "huellas" de los medios rollizos de madera en el hormigón armado del techo del fortín
Las paredes de mampostería aparecen, en todas las variantes imaginables, en la mayor parte de los nidos y fortines. Pueden ser mampuestos más o menos trabajados, sin aristas y de un tamaño medio y relativamente estandarizado; o bloques apenas desbastados y obtenidos de los afloramientos calizos de la zona en la que se construyó el nido; y siempre trabados con cemento.
Pared frontal de mampostería del nido de ametralladoras "Liencres II", en el conjunto de la Sierra de Tolío o de La Picota (Liencres, Piélagos)
Uno de los nidos de ametralladoras de Perejita (Rasines), levantado en mampostería
En cuanto a los techos de hormigón, de nuevo destaca la heterogeneidad. En la mayor parte de los casos están formados por planchas como las del plano, de grosores variables, eso sí. Sin embargo, hay algunos ejemplos en los que adquieren formas de "sombrero de seta" (no se me ocurre otra forma de llamarlo, la verdad), como en el de Primosto, en el primer sector de la "Línea del Asón". Es probable que este diseño tan peculiar responda a una necesidad eminentemente práctica: evitar tener que cubrir de piedras y tierra el nido y, a la vez, conseguir, gracias a su diseño, dificultar el impacto de los proyectiles de artillería enemigos (que "rebotarían" contra una superficie curva como ésa). En otros casos, directamente, no había hormigón que protegiera a los ocupantes del nido.
Nido de ametralladoras de Primosto (Adal-Treto, Bárcena de Cicero)
Oculto por la maleza, uno de los nidos de ametralladoras de Vivero (Cicero, Bárcena de Cicero), con una gruesa plancha de hormigón armado como cubierta
Finalmente, no abundan los casos en los que se observe que los nidos o fortines estén cubiertos por piedras y/o tierra, aunque eso pueda deberse, sencillamente, a la erosión sufrida en los últimos 70 y pico años. El de Arenillas (que ya tuvo su entrada monográfica en el blog) o las "galerías para tiradores" más orientales del Vivero son algunos de los pocos que conservan ese tipo de coberturas.
Entrada al nido de Arenillas (Islares, Castro Urdiales), cubierto aún por una considerable capa de tierra sobre la que crece la hierba.
Entrada a uno de los fortines de Vivero (Cicero) que aún conservan la cubierta de tierra y hierba
La principal conclusión que puede obtenerse de este rápido repaso es que los nidos de ametralladoras (y otro tipo de fortificaciones para infantería) construidos en Cantabria durante los 13 meses de dominio republicano responden a un mismo patrón general y, por tanto, comparten una serie de características (recogidas en planos de las obras como el que ha dado pie a la entrada, por cierto). Y que, pese a ello, la flexibilidad a la hora de hacer los nidos (y demás) fue tal que puede decirse que cada unidad encargada de fortificar un sector del frente (o de la costa) construyó sus propios tipos, distintos de los del resto y muy parecidos entre sí. Los hay grandes, pequeños, de planta cuadrada, circular, rectangular con un lado redondeado, con una tronera, con dos, con techos altos o bajos, semienterrados o que sobresalen sobre el nivel del suelo, solitarios o formando pareja con fortines de otros tipos, etc. Las características del terreno, la disponibilidad de materiales y transportes, la cualificación de la mano de obra y de los mandos, las prisas... Todos son factores que, sin duda, influyeron para que se diera esta multiplicidad de tipos que (hablo por mí) alegra tanto la vista a quienes nos dedicamos a buscar y, en la medida de lo posible, estudiar estos restos.
21 may 2013
The (Medieval) Walking Dead (5): quebradores de cabeza(s)
Después de bastantes meses alejado de él (no del todo en realidad, como recordarán los lectores fieles del blog) vuelvo con esta entrada al siempre sugerente tema de los "muertos vivientes medievales", concretamente para hablar de una variante de una de las formas clásicas de acabar con ellos: la destrucción de su cabeza.
Tanto las propias citas medievales (algunas en Caciola, 1996) como los ejemplos de época moderna y contemporánea recogidos en la bibliografía sobre el tema (básicamente en Barber, 1988) dejan claro que, si quieres terminar con la amenaza de un "retornado", lo primero que debes hacer es abrir su tumba (o, en su defecto, visitar el lugar en el que reposa su cuerpo) y cortarle la cabeza; algo que parece sencillo pero que no lo es tanto: hay que tenerlos muy bien puestos para hacerlo (¿o no?). Si eso no funciona siempre quedan otros recursos más expeditivos, como quemarlo (y este dato podría ser importante), aunque suele valer con la decapitación. Las dos cosas, en el orden en el que las he citado, también son frecuentes. La fijación por la cabeza parece indicar que es en ella donde reside la fuerza "vital" (vaya un contrasentido) del revenant y separarla del cuerpo se convierte en algo obligado: si no hay cabeza no hay "muerto viviente" y todo el mundo puede volver a sus quehaceres y respirar tranquilo (ya hemos visto en otra ocasión cómo los "retornados" no se dedican precisamente a pasear por las noche y asustar a los niños de los contornos, que también, sino que siembran el terror entre los vivos y propagan epidemias que diezman a la población). Por lo general, una vez seccionada la cabeza, con enterrar ésta en otro lugar o simplemente con situarla a los pies del cadáver debería valer. Rápido y limpio.
La variante consistente en aplastar el cráneo con una gran piedra (u otro objeto pesado y contundente, añadiría yo) no parece que haya gozado de gran predicamento entre aquellos valientes decididos a terminar para siempre con esas incómodas amenazas de ultratumba, aunque tampoco es por completo desconocida en la literatura al respecto. Así, Barber (1988: 79) señala, por ejemplo, que en la Krajina "existía la costumbre de arrojar una piedra pesada sobre la cabeza del sospechoso de ser un vampiro" (la traducción es mía).
Acercándonos más a nuestro ámbito de estudio (la arqueología) hay que comenzar diciendo que los hallazgos que han sido interpretados en clave "vampírica" o "revenántica" suelen consistir en tumbas con muertos decapitados (o mutilados de alguna otra forma), con piedras en la boca, dispuestos en decúbito prono, inmovilizados con grandes piedras o clavados (sí, con clavos metálicos) al suelo. Es raro encontrar cráneos aplastados, aunque hay algunos ejemplos muy significativos, como el de la foto:
Aspecto del cráneo del sujeto inhumado en una de las tumbas de la necrópolis de Modrá (República Checa) (Fotografía sacada del blog Magia Posthuma)
O este otro, en el que además de aplastarle la cabeza con una gran piedra también hicieron lo propio con los pies, inmovilizando completamente al difunto:
Enterramiento altomedieval de la necrópolis de Na Týnici (Bùdec, República Checa) (Stefan y Krutina, 2009)
Llegados a este punto, el siempre astuto lector del blog estará pensando algo así como "ya, todo esto está muy bien, pero son cosas del centro-oriente de Europa y todo el mundo sabe que en esas latitudes el asunto de los vampiros ha sido muy típico hasta hace cuatro días. ¿Y aquí? ¿Qué hay de lo de aquí?". Pues bien: aquí, en la Península, también hay algunos casos que parecen claros, como veremos brevemente a continuación, antes de meternos con "nuestros" muertos cavernícolas cántabros. Silvia Alfayé (2009) recoge numerosos ejemplos peninsulares de época antigua (y también alguno extrapeninsular altomedieval) en su magnífico trabajo dedicado a estos temas, por lo que es más que recomendable leerlo para ir poniéndose en situación (hay algún caso de aplastamiento de cráneo y también mutilaciones varias e inmovilizaciones de cadáveres). Existen otras referencias dispersas por la bibliografía que remiten a contextos protohistóricos, algunas de ellas con cabezas aplastadas de forma intencionada (un ejemplo canario aquí y otros peninsulares aquí y aquí). No es este el lugar para entrar en detalles, así que me limitaré a señalar algunos casos llamativos de cronología medieval.
Encontramos lo que parece un buen ejemplo de este tipo de práctica en un enterramiento infantil (realizado en el interior de una vivienda, como era habitual) de la aldea altomedieval catalana de Sant Miquel de la Vall (Antes en Lleida, ahora en Alt Pirineu i Aran). En palabras de su publicador, "se aplastó intencionadamente el cráneo y se trató de inmovilizar el muerto en el subsuelo, como en un intento de inmovilizar asimismo su espíritu, de acuerdo con resabios paganizantes" (Riu, 1982: 13). El cráneo de otro niño enterrado en la misma vivienda, aun sin piedra sobre él, también parecía presentar evidencias de haber sido aplastado.
Imagen del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)
Dibujo del enterramiento infantil de Sant Miquel de la Vall (Riu, 1982)
Otro tanto parece haber ocurrido con el "muerto fundacional" de la cámara subterránea utilizada como lugar de enterramiento (quizá colectivo en un principio pero claramente múltiple después) en Contrebia Leucade (Aguilar de Río Alhama, La Rioja), como ya comenté en la entrada dedicada a tan interesante conjunto funerario.
Inhumación con pedrusco sobre la cabeza en Contrebia Leucade (Fotografía: Hernández Vera et alii, 2007)
Existen más referencias peninsulares de cronología medieval, pero terminaré por ahora con un último ejemplo, esta vez de rito islámico: un enterramiento descubierto en el casco urbano de Alhama de Murcia y en el que la cabeza del inhumado aparecía aplastada por una gran piedra (Ramírez Águila, 1998).
Enterramiento islámico de la calle La Corredera (Alhama de Murcia) (Ramírez Águila, 1998)
Llegando a Cantabria y, más concretamente, a las cuevas con uso funerario en época visigoda, conviene detenerse en primer lugar en La Garma (Omoño, Ribamontán al Monte), en su archiconocida "Galería Inferior". Y conviene hacerlo por dos motivos principales: porque fue el primer yacimiento en el que se pudo observar ese "fenómeno" por parte de sus responsables (aunque la ausencia de paralelos conocidos lo dejó en un mero comentario) y, sobre todo, porque es el único que, gracias a sus excepcionales características, se encuentra apenas alterado. Ninguno de los cráneos de los cinco individuos depositados en la "Galería Inferior" se conserva intacto. De hecho, todos están hechos trizas, incluso en los casos en los que el resto del esqueleto se ha conservado relativamente bien. Además, en uno de ellos (quizá en dos) todo apunta a que la piedra utilizada para tan macabra tarea sigue en el lugar en el que la dejó el "quebrador", junto al fruto de su trabajo.
Imagen del cráneo destrozado del individuo nº 1 de la Galería Inferior de La Garma
Imagen de los restos del individuo nº 3 de la Galería Inferior de La Garma. La mancha blanquecina son los restos casi hechos polvo de su cráneo, junto al (y debajo del) bloque con el que presumiblemente fue machacado aquél (Fotografía: Etxeberria y Herrasti)
El segundo yacimiento donde se detectó un comportamiento extravagante relacionado con los cráneos de los muertos fue la cueva de Las Penas (Mortera, Piélagos). Durante su excavación pudo comprobarse cómo las calaveras (que hasta entonces no habían aparecido junto al resto de los cuerpos) parecían haber sido agrupadas en una pequeña galería lateral (bautizada por ello como "Galería de los Cráneos"), hechas trizas con algún objeto contundente (sólo se recuperaron pequeños fragmentos) y quemadas. Es muy probable que en el momento de la quema, que se hizo con el hueso ya seco, también se quemasen los abundantísimos granos de cereal recuperados en ese mismo lugar, uno de los cuales proporcionó una fecha de Carbono 14 que, aunque coincide en gran medida con las obtenidas de huesos humanos y los restos de cuero de un cinturón, podría ser varias décadas posterior. En otra entrada vimos que la quema de grano donde hay muertos puede responder a una práctica necrofóbica, de origen precristiano, que fue perseguida por la iglesia durante la Alta Edad Media, tal y como queda patente en numerosos libros penitenciales ya desde el siglo VII. Es muy probable pues que, en Las Penas, se realizase a la vez que la destrucción de los cráneos, formando parte de un mismo ritual.
Imagen de la excavación de la Galería de los Cráneos de Las Penas. Junto a otros restos humanos y algunos objetos metálicos se observa la presencia de fragmentos de cráneo quemados, identificables en la foto por su color negruzco (Fotografía: Serna y Valle)
Finalmente, hay que reseñar que, en la excavación que dirigimos en 2011 en Riocueva (Hoznayo, Entrambasaguas) los autores de este blog, obtuvimos serios indicios de que en su interior había tenido lugar algo muy parecido a lo de Las Penas. No localizamos ningún cráneo, pero sí que encontramos numerosos fragmentos quemados. De hecho, todos los fragmentos de cráneo que recuperamos habían sido sometidos a la acción del fuego con distintos grados de intensidad, tal y como revelaban sus coloraciones, que iban del negro parduzco al gris casi blanco. En este caso la quema parece que no se llevó a cabo en una única zona ni fue tan selectiva, ya que también había otros huesos quemados (quizá porque estuviesen cerca de los cráneos cuando alguien encendió la lumbre). La ausencia de un nivel de carbones de cierta entidad nos permite sospechar que para hacer el fuego, que tuvo que alcanzar los 600 grados centígrados, se utilizó alguna sustancia inflamable (quizás algún tipo de aceite o resina). Como ocurría en el caso anterior, un conjunto de cereal carbonizado (en esta ocasión en un saquito o similar) acompañaba a los huesos, por lo que puede hacerse extensible a Riocueva lo señalado en las últimas líneas del párrafo dedicado a Las Penas.
Fragmentos de cráneo quemados, junto a otros restos humanos y de fauna, en Riocueva.
Relacionar estos tres casos cántabros con los que hemos visto más arriba y con su explicación "necrofóbica" resulta muy tentador (entre otras cosas porque es realmente difícil encontrar una interpretación alternativa para este tipo de comportamiento y porque la repetición hace que pueda excluirse la explicación casual debida a extraños procesos postdeposicionales de origen natural). En el estado actual de nuestras investigaciones yo estoy casi absolutamente convencido de que la destrucción (y quema en dos de los casos) de los cráneos de los muertos localizados en La Garma, Las Penas y Riocueva tuvo como fin la eliminación de la potencial amenaza que, por el motivo que fuera, suponían aquéllos para la comunidad a la que pertenecían en vida. Sería sólo una de las varias medidas que parecen haberse tomado en ese sentido, entre las que destacan su propio depósito en zonas muy interiores de cuevas, de acceso complicado (complicadísimo en el caso de La Garma); o la quema de grano junto a (o sobre) ellos. Quizá otra prueba más, en este caso cántabra, de lo arraigada que llegó a estar en la Edad Media la idea de que algunos muertos, en determinadas situaciones, podían volver a caminar entre los vivos. Y no precisamente para hacer el bien.
18 may 2013
Día Internacional de los Museos (2013)
El año pasado por estas fechas dedicamos una entrada al Día Internacional de los Museos, que se celebra cada 18 de mayo. 365 días después, vuelvo a conmemorar la fecha, esta vez con una propuesta un poco más local que la de 2012: vitrinas y espacios dedicados a la Antigüedad Tardía y la Alta Edad Media de los museos españoles. De nuevo la muestra se reduce a los museos que he visitado, de modo que seguro que faltan muchos muy interesantes que espero incorporar al repertorio en un futuro no muy lejano. Los recojo en orden cronológico de visita, indicando la fecha de la misma, por si alguno de los centros ha cambiado su exposición, ha cambiado sus vitrinas o, simplemente, ha cerrado... Espero que las imágenes que recojo a continuación animen a nuevos "clientes"... ¡los museos siempre esconden secretos fascinantes, visitadlos!
Cumplo así la promesa que hice el año pasado y de nuevo os deseo ¡feliz Día Internacional de los Museos! Para el año que viene espero descender un escalón más y ofreceros un reportaje sobre el Museo de Prehistoria y Arqueología de Cantabria. Confío en que esté abierto para entonces...
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| Museo de Ávila, año 2002 |
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| Museo de Ávila, año 2002 |
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| Museo de Salamanca, año 2003 |
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| Museo de Salamanca, año 2003 |
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| Museo Arqueológico Regional (Alcalá de Henares), año 2003 |
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| Museu d'Arqueologia de Catalunya (Barcelona), año 2004 |
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| Museo Numantino (Soria), año 2005 |
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| Museo Arqueológico de Osuna, año 2005 |
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| Museo de la Catedral de Córdoba, año 2007 |
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| Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba, año 2008 |
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| Museo Histórico Municipal de Priego de Córdoba, año 2008 |
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| Museo Nacional de Arte Romano (Mérida), año 2009 |
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| Museo Nacional de Arte Romano (Mérida), año 2009 |
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| Museo de Zamora, año 2009 |
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| Museo de Zamora, año 2009 |
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| Museo de León, año 2009 |
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| Museo de León, año 2009 |
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| Museo Arqueológico de Córdoba, año 2011 |
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| Museo Arqueológico de Córdoba, año 2011 |
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| Arkeologi Museoa (Bilbao), año 2013 |
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| Arkeologi Museoa (Bilbao), año 2013 |
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