15 jun. 2012

Damasquina, que algo queda (3): geometrías liriformes

El segundo gran grupo de broches de hierro de época visigoda con decoración damasquinada es aquél formado por los que que lucen motivos geométricos de diverso tipo y pelaje. Aunque, como veremos, pueden hacerse algunas distinciones en función de esos motivos, todos ellos comparten una característica común que les diferencia de los que vimos en la entrada anterior: todos son trasuntos, más o menos logrados, de los broches liriformes de bronce coetáneos. Si las placas con decoración zoomorfa sólo compartían morfología con las de los broches de bronce típicos del Nivel V de Ripoll, éstas que veremos a continuación, además de la forma, repiten decoración; eso sí, dentro de la enorme variedad que caracteriza a la que adorna los broches liriformes.

En cuanto a la técnica utilizada, encontramos que se repite la del grupo anterior (el recorte en una gran lámina de latón que cubre la superficie de hierro de las figuras representadas y el embutido de hilos de plata en el hierro de las zonas recortadas para dibujar los detalles) aunque, en esta ocasión, también existe una variante significativa: el uso de pequeñas placas de latón recortadas ya con su forma y que se colocan sobre el hierro, dejando el embutido de hilos de plata para rellenar las zonas no chapadas (en realidad, son dos variantes de una misma técnica).

La morfología, por su parte, es bastante uniforme (con las lógicas variaciones) y se caracteriza por los perfiles acusadamente liriformes, con estrangulamientos centrales más o menos marcados (excepto en el caso de La Garma, de cuyo ejemplar habrá entrada monográfica en un futuro) y extremos distales circulares con o sin apéndice; aunque parece que la ausencia de éste se debe más a roturas o pérdidas que a un diseño diferente al del resto.

Finalmente y como ya se ha dicho, la decoración es básicamente la misma que podemos encontrar en las placas liriformes de bronce: almendriformes, segmentos de círculos, líneas sinuosas, etc. Merece una atención especial la presencia de motivos radiados ocupando la mayor parte de los extremos distales circulares: florones, hexapétalas o grandes ruedas. Sólo escapan a esa norma uno de los ejemplares de Nueva Carteya y el de La Cañadilla, que comparten entre sí otras similitudes decorativas, como puede apreciarse en las imágenes.


Broche de Nueva Carteya (Córdoba) (Fotografía: Palol, 1957)

Broche de La Cañadilla (Valladolid) (Fotografía: C. Escudero Remírez, en Revista Patrimonio 12)
Broche de El Pelícano (Madrid) (Fotografía: Vigil-Escalera Guirado, 2011 )

Broche del Portillo del Arenal (Cantabria) 

Tercer broche de Nueva Carteya (Córdoba) (Fotografía: Palol, 1957)

Broche del Castillo de los Monjes (La Rioja) (Fotografía: J. M. Tejado Sebastián)

Broche de La Garma (Cantabria) 

Acerca de sus procedencias, como ocurría con los del grupo anterior , existe una gran variedad. Hay contextos en cueva (Portillo del Arenal y La Garma), necrópolis (La Cañadilla, Nueva Carteya), asentamientos fortificados en altura o castra (Castillo de Los Monjes) o aldeas (El Pelícano). Geográficamente, de nuevo se observa una gran dispersión, con hallazgos en Andalucía, el centro peninsular y la cornisa cantábrica. Y, finalmente, la cronología de sus contextos vuelve a llevarnos a finales del siglo VII y, sobre todo, al VIII d. de C. Vamos, nada nuevo ni diferente en relación con los anteriores.




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