7 ago. 2012

Paradoja equina subterránea (episodio 3)

En la anterior entrada dedicada a los esqueletos de animales en conexión anatómica de la cueva del Portillo del Arenal (nótese, aunque sea un spoiler de lo que se va a contar aquí, que no decimos ya "caballos") insistíamos en la necesidad de que un especialista en fauna examinase con detalle los restos óseos. Nos ha costado más tiempo del deseable cuadrar las agendas, pero al fin este sábado hemos conseguido visitar la cueva en compañía de J. Yravedra Sainz de los Terreros, arquezoólogo y tafónomo para que le echase un vistazo a los esqueletos.

Ha sido una visita breve, pero intensa. El acceso hasta la boca ha sido tan complejo como acostumbra, o quizá más en una época del año en la que la vegetación espinosa está en su pleno esplendor. A mí, particularmente, las zarzas, hiedras y escajos me han dejado una huella importante. Una vez allí, el acostumbrado ritual de descenso con escala hasta la Galería de los Derrubios y "a pulso" hasta la Galería de los Caballos para contemplar el particular fenómeno, poco frecuente en contextos hipogeos: esqueletos completos de herbívoros en conexión anatómica. Es más frecuente encontrar osos u otros carnívoros que utilizan las cuevas como refugio, pero los herbívoros, salvo en el caso de trampas naturales, no suelen aparecer así.

La sorpresa ha sido mayúscula para nosotros tras la inspección del primer esqueleto, al que llamamos con anterioridad Caballo nº 1. Este animal, que descansa plácidamente sobre su costado derecho e incluso ha sido portada de un libro, no es un caballo. La identificación del arqueozoólogo ha sido rápida y ha estado exenta de dudas, sólo con ver el primer hueso se ha mostrado convencido: Cervus elaphus. Por el tamaño y la ausencia de cornamenta debemos suponer que es una cierva. Ya en su momento, cuando recogimos algunos huesos de las extremidades delanteras durante la toma de muestras realizada en 2010 dentro del Proyecto Mauranus (financiada por el Gobierno de Cantabria), los identificamos con ayuda de un atlas anatómico como correspondientes a un ciervo, pero ni se nos había pasado por la cabeza que el resto del esqueleto fuese de un cérvido.

El arqueozoólogo examinando el cérvido anteriormente conocido como Caballo nº 1
La identificación del Caballo nº 2 no ha variado, sigue siendo una équido. Este ejemplar es el que ha sido datado por Carbono 14 en 9950±50 BP. Sí ha podido precisar el arqueozoólogo que se trata de un potro de no más de seis meses de edad y que podría haber pesado vivo no más de 150 kg. Muestra evidencias de la acción del agua en algunos puntos, pero no suficientes para plantear que el caballo haya llegado hasta ahí arrastrado por una fuerte corriente. Le preguntamos si era posible determinar si era doméstico o salvaje, pero con los datos que pudo recoger no parece viable. Sí nos indicó que, con esta datación, se refuerza el argumento de quienes creen que el caballo no desapareció de la península Ibérica al final de Pleistoceno para aparecer milenios después ya como la versión doméstica que llega hasta nuestros días.  Junto a su cabeza reposaba otro pequeño herbívoro que ha sido identificado como una cría de cabra

Una lección magistral sobre la anatomía del Caballo nº 2
La visita de J. Yravedra nos ha aclarado algunas dudas sobre los restos óseos conservados en la Galería de los Caballos (debería cambiar el nombre, justicia, por el de Galería del Caballo, la Cierva y la Cabritilla), aunque la pregunta clave sigue sin poder ser respondida satisfactoriamente. No sabemos cómo han llegado hasta este lugar los animales de los que se han conservado los esqueletos. Por más vueltas que damos por este piso del sistema kárstico, no vemos ningún lugar en el que situar una antigua boca que hubiese permitido el acceso de las bestias por su propio pie. Tampoco hay ningún punto en el techo en el que se aprecie un agujero que sirviese como trampa natural. 

Seguimos pensando que la mano del hombre ha tenido algo que ver en la entrada de los animales en esta zona profunda de la cueva. En el paso por el que se desciende se ha roto una gruesa estalactita de forma intencional para facilitar el tránsito ¿quizá para permitir el descenso de los animales depositados en el piso inferior? El arqueólogo E. Muñoz insiste en que tiene que haber una relación entre esa estalactita rota y los esqueletos. Aunque es una operación no exenta de complejidad, por ahora parece más verosímil la opción de que alguien llevó hasta allí los animales y los colocó de forma intencional sobre el suelo de la cueva. 

1 comentario:

  1. Pues sería relativamente sencillo "demostrar" si hubo mano humana o no: se data el momento de la rotura de la estalactita y santas pascuas. Para cuando Alfredo pida su permiso de intervención-restauración in situ...

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