14 mar. 2014

Revisando los clásicos: San Vicente de Esles

Aprovechando el buen tiempo que ha quedado después del paso de las innumerables “ciclogénesis explosivas” de este invierno por nuestra región, hemos salido a dar una vuelta por el valle del Pisueña tras las huellas de su pasado medieval.

En nuestro recorrido incluimos uno de los clásicos de esa pequeña Edad de Oro que la Arqueología Medieval de Cantabria vivió en las décadas de 1970 y 1980: la necrópolis medieval de la ermita de San Vicente Mártir en Lloreda (Santa María de Cayón), conocida también como San Vicente de Esles o San Vicente de Fistoles. Conviene remarcar que la ermita pertenece al término Lloreda y no al de Esles, donde la ubica, por ejemplo, el Inventario Arqueológico Regional o “Carta Arqueológica de Cantabria”. De hecho, la denominación San Vicente de Esles es la más común entre los arqueólogos al referirse a este lugar.

La necrópolis fue excavada en dos ocasiones durante este periodo: en 1975 bajo la dirección de M. A. García Guinea y en 1984 bajo la dirección de E. Van den Eynde, recogiéndose ambas campañas en un artículo publicado en 1985. Durante las actuaciones arqueológicas aparecieron 26 tumbas de lajas de adultos y niños, tres de ellas en el interior de la ermita, y los muros de un edificio. En realidad fue el interés por constatar la ubicación en este lugar del monasterio de San Vicente de Fistoles, mencionado en la documentación escrita del siglo IX, el verdadero motivo de las excavaciones. La aparición de la necrópolis medieval, como sucedió en otras excavaciones de la época, fue un “daño colateral” y se excavó con más o menos interés, ya que lo que se buscaba era otra cosa, sobre todo los edificios de los cenobios más antiguos de la región. Paradójicamente, se propone una cronología para la necrópolis que arranca en el siglo X y va hasta el siglo XIII, por lo que se descarta una relación entre los restos hallados y el monasterio documentado desde el 811. Lo cierto es que no hay ninguna razón de peso para sostener esta interpretación hoy en día y es probable que las tumbas de lajas más antiguas del conjunto puedan remontarse, al menos, al siglo IX.

Ermita de San Vicente Mártir
Si aceptamos la identificación propuesta por diversos historiadores, lo que hoy es una solitaria ermita en la cima de una loma fue, a comienzos del siglo IX, un prestigioso monasterio dúplice dedicado a “Sancti Vincenti et Santi Christofori”. El monasterio de  “Fistoles” tendrá, gracias al testamento del conde Gundesindo, gran influencia en buena parte de su entorno —Cabárceno, Sobarzo, Velo, Oruña, Liérganes...— y más allá, “foras monte in Castella”, tal y como recoge un documento del año 816 recogido en un cartulario del monasterio de Oña. De hecho, ha sido objeto de un estudio monográfico realizado por E. Botella Pombo, donde se pone de manifiesto su relevancia en el contexto socio-económico en el que se encuadraba.

Placa conmemorativa de la fundación del monasterio de San Vicente
Una placa conmemorativa colocada en la fachada de la ermita da fe de su pasado glorioso en la Edad Media. La placa funde información recogida en dos documentos: el de 811 referido a la donación realizada por Guduigia y Sesinando,  y el de 816 en el que el conde Gundesindo hace elección de sepultura y donaciones. Estos dos documentos y otro más del año 820 con menciones del monasterio de San Vicente, están en una copia del cartulario de Oña realizada en el siglo XI que se conserva nada menos que en San Petersburgo, ahí es nada. Los tres documentos han sido considerados como poco fiables, no completamente falsos, pero sí con datos interpolados, sobre todos los referidos a las personas que se mencionan. No obstante, son comúnmente admitidos y usados como auténticos, al margen de las reservas planteadas. Conviene hacer algunas matizaciones al contenido de la placa. En el año 811 se realizan donaciones, pero no se especifica que sea ese el momento en el que se erige o funda el monasterio, podría llevar algunos años funcionando. El nombre del obispo es Kintila en el documento de 811 y Quintila en el de 820, pero no “Quintilla”. Efectivamente, el conde Gundesindo se refiere al monasterio de San Vicente y San Cristóbal  como el lugar “ubi Corpus meum tumulare desidero” en el documento de 816, aunque sería discutible “que gobernaba estas tierras” en nombre de Alfonso II, ya que en ningún momento se define el dominio territorial concreto sobre el que ejercía su autoridad como conde. Controlaba algunas “villas” y algunos “monasterios” en esta zona de Cantabria, pero también tenía posesiones en el norte de Burgos y quizá en otros espacios geográficos.

Como suele suceder en algunos lugares de la región donde tiempo atrás se identificó o se excavó una necrópolis medieval, aún quedan restos visibles sobre el terreno. Escasos, pero significativos. En el caso que nos ocupa encontramos una tumba de lajas completa y aparentemente intacta sobre la que apoya el muro que circunda la ermita. Por el tamaño, quizá se trate de una tumba de un individuo infantil. Al este de esta tumba podría haber otra de la que sólo se ve una esquinita. Lo más llamativo del asunto es que en 1984 se hizo una excavación en esta zona y, según lo que se ve en la publicación, la tumba localizada no coincide con la que apareció aquí, ni en orientación, ni en su relación estratigráfica con el muro perimetral. Seguramente no serán las únicas que ocupen esta zona de lo que en la Alta Edad Media fue un extenso cementerio.

Referencia de la ubicación de la tumba de lajas 
La tumba de lajas en cuestión
Nos alegra encontrarnos con estos retazos que nos conectan a la vez con dos pasados: uno remoto, la Alta Edad Media, momento en el que el lugar se utilizó como cementerio, y otro próximo, esas excavaciones de hace 30 ó 40 años que empezaron a desvelar la complejidad y el interés de este tipo de restos arqueológicos.



2 comentarios:

  1. Hola .
    Felicidades por tu doctorado .
    Ayer estaba haciendo una excursion por montes y valles , y descubri esta ermita . " Me llamaba " " Me hablaba " , no era mi objetivo ir a ella , sino a Esles ,, pero estaba en LLoreda , otro pueblo magico , , y pase sin desearlo .
    No encontre la entrada por la carretera . , mal acceso y en una curva . Frene mas adelante , pero tampoco vi entrada alguna por lel lateral y parte trasera . Me dio mucha rabia .

    Hoy he estado indagando , y me he encontrado con 3 cosas maravillosas , tu articulo , tu blog , y tu tesis , que me he descargado, y de la cual , ya he leido unas cuantas paginas .
    Me parece fascinante .
    Por cierto , mi palpito , una vez mas dio en el clavo . La ermita , y su enclave tenian su historia .

    Un saludo . Adela.

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  2. La iglesía de San Vicente es de Lloreda, no de Esles ;)

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