21 mar. 2014

Revisando los clásicos: San Esteban de Selaya

La misma excursión por el valle del Pisueña que nos llevó hace unos días a San Vicente de Lloreda —antes conocida como San Vicente de Esles—, nos hizo recalar en Selaya para visitar la ermita de San Esteban, donde, según las noticias que teníamos, se conservaban un par de estelas discoideas y unas tumbas de lajas. La ermita es un edificio de escaso interés arquitectónico bastante reformado. De hecho, fue consecuencia de una de estas reformas el hallazgo de algunos de los elementos mencionados.

Los primeros indicios sobre la presencia de un cementerio medieval en este lugar fueron recogidos por R. Bohigas en la década de 1980. En esa época, las dos estelas que se conservan en la ermita de San Esteban estaban en manos de un particular. Ahora están colocadas sobre unos ingeniosos soportes giratorios, que permite contemplar sin esfuerzo ambas caras, y ubicadas sobre el poyo del altar tridentino, flanqueando el retablo. Ambas tienen una forma y unas dimensiones similares, con un disco circular de gran tamaño y un pie de contorno irregular, no son demasiado gruesas y están bien conservadas, gracias a que han sido talladas en un piedra de grano fino y bastante dura.

Las dos estelas, una a cada lado del retablo
La más interesante de las dos estelas es la que está colocada a la derecha del retablo, ya que lleva una inscripción en una de sus caras, cosa poco frecuente en el repertorio regional de estelas. La inscripción ha sido leída como IHC ORBA/NO IACET, que en castellano sería algo así como «En Jesucristo, Orbano yace». En el anverso se ha representado una cruz procesional, con los brazos de igual tamaño y el arranque del astil. Las características formales del epígrafe, con caracteres propios de la escritura visigótica-mozárabe de los siglos VIII-XI, y la presencia de la cruz procesional, habitual en el arte prerrománico asturiano, son los principales argumentos empleados para situar la cronología de la estela en los siglos IX-X. El otro ejemplar, también decorado con sendas cruces procesionales, podría atribuirse a la misma cronología.

Estela discoidea con inscripción
Detalle de la inscripción
Anverso de la estela, con su cruz procesional
Las tumbas de lajas aparecieron durante una reforma realizada en el pórtico de la ermita. Se tenía noticia del hallazgo de tumbas en el entorno de la ermita, tanto al oeste como al norte, incluso en lugares distantes más de 100 m del actual edificio. Al reparar la solera del pórtico, una zona cubierta pero exterior del edificio, que actualmente se ha incorporado al mismo, aparecieron tres tumbas bien conservadas y restos de algunas más. Al parecer, conservaban restos humanos en su interior, pero estaban muy deteriorados.  El interés por dejar a la vista el testimonio del pasado remoto del barrio de San Esteban motivó la integración de las tumbas con una protección en el nuevo pavimento.

Bajo las rejas se conservan las tumbas
Entre los barrotes se ven más o menos las lajas
Detalle de la cabecera de una de las tumbas
Las tumbas se muestran vacías y sin cubierta, aunque aparecieron con las losas de las tapaban y rellenas de tierra. Las tres corresponden a individuos adultos, están conformadas con lajas finas y tienen «orejeras», bloques de piedra situados en la cabecera de la tumba para fijar la posición de la cabeza del difunto. La cuidada construcción de las tumbas y el hecho de que, si son ciertas todas las noticias, el cementerio ocupase una gran extensión, permiten suponer que se utilizó en la Alta Edad Media. La cronología propuesta para las estelas, en torno a los siglos IX-X, coincide a grandes rasgos con la que se podría deducir de las características del cementerio y las sepulturas.

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