12 dic. 2013

La pizarra figurada de San Vicente de Río Almar (4): ¿... o es el Jinete Pálido?

[viene de 1, 2 y 3]


Entonces, si la figura montada de la pizarra de San Vicente de Río Almar no es la "Mujer sobre la Bestia Escarlata" del Apocalipsis (17, 3-4), ¿quién es?



Hay una posible respuesta sin salir del último libro de la Biblia, unos pasajes antes del que ya hemos visto. Concretamente en Apocalipsis 6, 7-8:

"(7) Et cum aperuisset sigillum quartum, audivi vocem quarti animalis dicentis : Veni, et vide. (8) Et ecce equus pallidus : et qui sedebat super eum, nomen illi Mors, et infernus sequebatur eum, et data est illi potestas super quatuor partes terræ, interficere gladio, fame, et morte, et bestiis terræ."
"Y cuando se abrió el cuarto sello oí la voz del cuarto ser diciendo: ven y mira. Y ahí había un caballo pálido y quien se sentaba sobre él, cuyo nombre era Muerte. Y el infierno le seguía. Y le fue dado poder sobre las cuatro partes de la tierra para matar con la espada, el hambre, la muerte y las bestias de la tierra"

Antes de nada, conviene hacer algunas precisiones sobre este texto. En primer lugar, que el adjetivo "pallidus" (el original griego dice algo así como "Xloros") se refiere a la palidez (algo verdosa) de los cadáveres, lo que es bastante congruente con lo que se cuenta después acerca de su jinete. En la mayor parte de las versiones, quien sigue al citado jinete es "Hades" (o "el Hades"), que es el nombre que aparece en la versión griega (en la Vulgata latina, donde se habla de "infernus", parece que se pierde esa personalización en el dios infernal que parece más cercana al espíritu del texto o, al menos, a cómo se interpretó posteriormente, como veremos más adelante). Y en algunas versiones el nombre del jinete ("Mors", "Thanatos" en el original) se traduce como "peste" o "pestilencia", igual que el "morte" de la última frase como "peste" o "enfermedad", aunque no alcanzo a entender por qué. Finalmente, resulta curioso ver cómo parte de esa última frase se traduce siempre (o al menos es lo que he encontrado en las varias versiones de la Biblia que he consultado) como "la cuarta parte de la tierra" (que sería algo así como quartam partem terrae) cuando no es lo que dice el texto latino. Se ve que quien lo tradujo del griego al latín pensó (opino que con buen criterio) que el sentido era más global que el "tetarton tes ges" ("la cuarta parte de la tierra") que se recogía en el escrito original heleno. Y que los traductores a las lenguas actuales no lo ven de esa manera y prefieren el de este último.

Volviendo al tema: el texto describe una escena en la que se ve a un jinete, de nombre más que evocador ("Muerte"), al que sigue el infierno. Veamos ahora algunos ejemplos de cómo se ha representado gráficamente durante la alta Edad Media.

Los cuatro jinetes en el Beato de Valcavado (Imagen sacada de aquí)

Los cuatro jinetes en el Beato de Ginebra (Imagen sacada de aquí)

Los cuatro jinetes en el Beato de Girona

Como puede apreciarse en las ilustraciones que acabamos de ver (todas procedentes de beatos), ese cuarto jinete es el único que aparece acompañado de otro personaje que siempre se sitúa inmediatamente detrás de él. ¿De quién se trata? Pues, obviamente, de Hades. Del señor de los infiernos, transformado en demonio por los autores cristianos de los dibujos. Es verdad que su aspecto es siempre monstruoso (peludo, alado en muchos casos e incluso escupiendo fuego) y que eso no cuadra con lo que vemos en la pizarra de San Vicente de Río Almar, pero también lo es que, según algunos autores (Yarza, 1979), la imagen que tenemos actualmente del demonio, con ese aspecto horrible y esos atributos antes mencionados, sufre una serie de transformaciones muy importantes durante la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media. Resumiendo mucho, las representaciones de Satán pasaron del aspecto más o menos normal (un humano con barba y vestido con pieles, como en el caso del folio nº 41 del Sacramentario de Drogo, del siglo IX) a las del monstruo (alado, y/o peludo, y/o cornudo, etc.), con una etapa intermedia en la que mantenía su forma humana pero iba adquiriendo algunos rasgos diferenciadores, como el distinto tamaño y el color negro. Y ese aspecto último, tan alejado de los rasgos humanos, se explicaría en el caso hispano, según ese mismo autor, por la influencia islámica, por la imagen del demonio y del infierno transmitida en algunos hadices.

Imagen del demonio, con aspecto humano, tentando a Cristo en el Sacramentario de Drogo (Fuente:  http://gallica.bnf.fr/ark:/12148/btv1b60000332/f91.zoom)

Conviene no perder de vista que la presencia de Hades o de la personificación del infierno acompañando al cuarto jinete parece que también es otra particularidad de las representaciones hispanas del Apocalipsis, ya que no se observa en otros ejemplos europeos incluso más antiguos que los beatos y que han sido señalados como una posible inspiración para ellos. Ni en el Apocalipsis de Valenciennes (del siglo IX) ni en el del Bamberg (más tardío pero que deriva claramente del anterior) aparece, como se puede comprobar en las ilustraciones que siguen a continuación.

Tercer y cuarto jinetes en el Apocalipsis de Valenciennes (Imagen sacada de aquí)

El cuarto jinete en el Apocalipsis de Bamberg (Imagen sacada de aquí)

Para terminar, si la figura que asoma sobre la cabeza del presunto Hades y que los publicadores de la pizarra interpretaron como una serpiente fuera en realidad ese animal, esa identificación de aquél como el demonio se vería reforzada, ya que los ofidios son uno de los varios animales asociados a esa divinidad griega y, por extensión y como es conocido, al diablo cristiano (aunque tampoco habría que olvidar la herencia judía en ese sentido).

Por tanto, una explicación alternativa para lo representado en la pizarra de San Vicente de Río Almar sería la siguiente: se trataría no de la mujer sentada sobre la bestia escarlata sino del "Jinete Pálido"...



No, no. Éste "Jinete Pálido" no. El último de los cuatro del Apocalipsis, seguido del demonio/Hades. Al tratarse de una representación más antigua que las archiconocidas de los beatos, habría algunas diferencias importantes con éstos (la forma de sentarse sobre el caballo y el carácter "humanizado" del diablo, sobre todo), aunque la idea principal, fiel a la literalidad del texto bíblico, sería la misma (y, por tanto, estaríamos ante uno de los modelos en los que pudo basarse la iconografía apocalíptica de los siglos X-XI en la Península).

De ser correcta esta nueva interpretación (y ahora mismo no me parece que lo sea. O al menos no más correcta que cualquier otra), ¿en qué lugar queda el objeto que ha dado origen a toda la serie (y a la anterior)? ¿Podemos saber qué era y para qué servía el "ceñidor"/"descarnador"/loquesea? Pues, sinceramente, no. Podríamos conjeturar y conjeturar: como en la pizarra lo lleva "puesto" La Muerte y suele aparecer en tumbas, quizá tenga que ver precisamente con eso, con los muertos... Pero el argumento es tan, tan circular que da algo de vergüenza manejarlo. Así que lo dejaré aquí de momento. Empecé esta serie de entradas hace más de un año y me sentía obligado a terminarla aunque, como ya dije hace unos meses, no estuviese muy convencido de lo que acabo de contar. Espero que haya servido al menos para dejar claro que la primera interpretación del dibujo dista mucho de poder aceptarse como definitiva (y que cojea por varios sitios, por algunos mucho). Y que el tema sigue abierto y el premio (identificar de una vez por todas la escena y el objeto, en el orden que se prefiera) sigue esperando.

 







1 comentario: