5 feb. 2013

El broche de cinturón de la Galería Inferior de La Garma

En la tercera entrada de la serie sobre broches damasquinados de época visigoda dije que el ejemplar de la Galería Inferior de La Garma tendría una entrada monográfica, así que, aprovechando que por fin (año y medio después) se ha publicado el libro en el que se incluye el artículo sobre la pieza en el que Enrique y yo hemos colaborado (con Pablo Arias, Roberto Ontañón y Eva Pereda), aquí está.

El yacimiento arqueológico paleolítico de La Garma es de sobra conocido, así que no me detendré a contar nada sobre él, igual que con los de la Prehistoria Reciente. En cuanto a los restos de época visigoda de la Galería Inferior (y, en menor medida, de la Galería Intermedia), existe una curiosa explicación recogida en este mismo blog y que es muy recomendable ver (pincha aquí si aún no la conoces, inquieto lector, y disfruta de un viaje hasta las entrañas de la tierra trasmerana en "la Nave del Misterio"). Otra, más prosaica y quizá algo menos interesante, puede consultarse en este artículo publicado en Munibe hace un poco más de un año.

Resumiendo mucho (y bebiendo de la segunda fuente citada en el párrafo anterior), en la Galería Inferior de La Garma, a la que se accede tras descender dos simas lo suficientemente profundas como para matarte varias veces si te caes por ellas, se conservan los restos de 5 jóvenes de época visigoda cuyos cadáveres fueron depositados sobre el suelo de la cueva (después de bajarlos por las simas, claro está).

Simas de acceso a la Galería Inferior (izqda.) y a la Galería Intermedia (dcha.) de La Garma

Tanto la localización de los cuerpos, con 3 muy cerca del fondo de la sima y 2 en una sala situada más al interior, como las fechas de Carbono 14 que han proporcionado (las de los de más adentro algo más antiguas que las de dos de los otros 3) permiten hablar de, al menos, dos momentos de depósito de cadáveres separados entre sí por varias décadas: uno del siglo VII y otro de comienzos del VIII. Los dos situados al pie de la sima (el tercero de esa zona está algo más apartado, en un recoveco) fueron colocados juntos en un hueco pegado a la pared, probablemente en la posición que se ve en la siguiente ilustración (sin orden ni disposición habitual y recordando mucho a cómo se "echan" los muertos en las fosas comunes), aunque es difícil de asegurar porque, como también se observa en la ilustración, los huesos de los dos estaban hechos migas.



Localización del broche en la Galería Inferior y reconstrucción ideal de la posición de los dos cadáveres (según Etxeberria y Herrasti, inédito)
 
 Asociado a alguno de estos dos cadáveres se localizaba un broche de cinturón de hierro, completamente cubierto de óxido. La pieza, pese a su aparente mal estado de conservación, parecía estar completa, conservando hebilla, hebijón y placa. Esta última tenía aspecto de pertenecer al más que extenso (y variopinto) grupo de las "liriformes", omnipresente y casi exclusivo en la península Ibérica y el sudoeste francés entre mediados del siglo VII y el VIII e indiscutiblemente unido al mundo hispanovisigodo (incluyendo en ese término la poco hispana provincia de Septimania).


Detalle del broche en el lugar de su hallazgo, antes de la restauración

Todo (forma, contexto, cronología y algunos óxidos cúpricos que asomaban entre la roña ferruginosa) parecía indicar que nos encontrábamos ante una pieza con decoración damasquinada, del mismo tipo que la de Las Penas (de la que también habrá monográfico aquí próximamente) o la de Los Goros, pues, ¿quién iba a querer llevar puesto un broche de cinturón de hierro, sin decorar y que se oxide a las primeras de cambio? El paciente y esmerado trabajo de restauración llevado a cabo en el MUPAC por Eva Pereda, la restauradora de la casa, confirmó todas las sospechas y dejó bien claro que estábamos ante una verdadera joya de la toréutica altomedieval peninsular. Bajo el óxido de hierro que envolvía la pieza se escondía una esmerada decoración a base de latón dorado y plata, ambos en forma de chapas aplicadas sobre la superficie del hierro e hilos embutidos en éste.

Anverso, perfil y reverso del broche (Fotografía: L. Teira, publicada en Arias et alii, 2012)

Esa decoración puede resumirse de la siguiente manera:

- un motivo principal, formado por una cruz griega flanqueada por dos dírculos radiados que ocupa todo el cuerpo central de la placa y el extremo distal ultrasemicircular, adaptándose perfectamente a éste uno de los círculos

- otros pequeños motivos cuadrados, con 4 chevrones dobles afrontados que confluyen, desde los 4 lados, en un punto situado en el centro y que se localizan de la siguiente manera: uno en la base del hebijón, uno en cada uno de los cuadrantes que hay a los lados de la cruz central y otro en el apéndice del extremo distal

- la decoración a base de finas líneas paralelas que cubre tanto los dos apéndices de sujeción del pasador, en el extremo proximal de la placa, como la hebilla.


Vista frontal del broche, con detalle del hebijón y la hebilla

En cuanto al motivo principal, desde un principió parecía evidente que nos encontrábamos ante un ejemplo de decoración de tema cristiano, con una cruz situada en un lugar central. La presencia de cruces decorando placas de cinturón de época visigoda no es rara y, además, contábamos con el ejemplo cercano, una vez más, del broche damasquinado de Las Penas. Sin embargo, en este caso la composición era muy particular, con los dos grandes círculos radiados flanqueando a la cruz, y remitía como paralelo relativamente próximo a la decoración escultórica de algunas iglesias de época visigoda. Sinificativamente, a la de San Pedro de la Nave, en la provincia de Zamora, datable en la segunda mitad del siglo VII a partir de las fechas de Carbono 14 que han proporcionado diferentes maderas constructivas utilizadas en su fábrica (las grapas de madera de roble, de forma inequívoca y la viga de pino con más dudas y mucho más debate), aunque haya varios investigadores que lleven ya más de una década empeñados (con una energía digna de admirar pero merecedora de mejores "causas" arqueológicas, en mi opinión) en llevar su fecha de construcción al siglo X. Dejando al margen esas cuestiones, lo cierto es que en algunos de los relieves de ese templo zamorano pueden verse composiciones formadas por una cruz central (inscrita en un círculo en ese caso) flanqueada por ruedas radiadas, aunque con radios curvos.

Decoración  de una de las puertas de la iglesia de San Pedro de la Nave (Zamora)

Sin embargo, los paralelos más cercano que hemos encontrado para ese motivo decorativo no está en la península Ibérica ni en el mundo (hispano)visigodo, sino más allá de los Pirineos. Concretamente en la Francia merovingia, en dos broches de cinturón de bronce, de tipo "burgundio", procedentes de Yvoire y La Balme, respectivamente. En ellos la escena principal representada en el centro de su placa son un hombre y una mujer en posición orante, con los brazos hacia arriba pero, en su extremo distal, encontramos un motivo idéntico al del broche de La Garma; sólo que, en estos dos casos, está dispuesto de forma vertical. Al aislarlo y colocarlo en horizontal podemos comprobar ese gran parecido: una cruz griega en el centro flanqueada por dos círculos radiados, uno a cada lado. Incluso los cuadrantes de los lados de la cruz presentan motivos decorativos (en ambos casos un círculo con un punto central), al igual que ocurre en el ejemplar cántabro. Las placas de Yvoire y La Balme (salta a la vista) presentan una decoración de innegable carácter cristiano y la presencia en ellas del mismo motivo que decora la de La Garma refuerza ese carácter cristiano también en este último caso (a lo que habría que sumar el ejemplo de San Pedro de la Nave visto más arriba). Por tanto y como primera conclusión del análisis de la decoración de la pieza, puede sostenerse que se trata de un broche con decoración cristiana y que esa decoración encuentra sus mejores paralelos, de momento, en el mundo norpirenaico.

Broche de cinturón merovingio de Yvoire (Francia) y detalle del motivo lateral derecho

Acerca de los motivos cuadrados con chevrones, lo cierto es que no hemos encontrado paralelos exactos, aunque sí uno que se da bastante aire. Concretamente, un par de brazaletes bizantinos, procedentes de Egipto, que se conservan en el Museo Benaki de Atenas. En estas piezas, que también son de hierro y tienen decoración damasquinada, pueden observarse esos cuadrados con una decoración similar, aunque en este caso ésta es más sencilla y no llega a formar chevrones, limitándose a líneas oblicuas incisas que salen de las cuatro esquinas y convergen en un punto situado en el centro.

 Brazalete bizantino de hierro con decoración damasquinada del Museo Benaki de Atenas (http://www.benaki.gr/index.asp?lang=es&id=10101)

Finalmente, merece la pena comentar un par de cosas sobre las líneas paralelas que decoran los dos apéndices de sujeción del pasador, en el extremo distal de la placa. En primer lugar, que se trata de un tipo de decoración que está completamente ausente en los broches liriformes peninsulares, a excepción, únicamente, de otros ejemplares damasquinados como, por ejemplo, el de Los Goros. Y que, por el contrario, esas líneas que parecen querer imitar una bisagra son relativamente frecuentes en los broches de cinturón norpirenaicos de tipo burgundio; tanto en los de bronce como en los trabajados en hueso (que también merecerían entrada aparte por su "conexión cántabra", por cierto).
 
Detalle de la decoración de líneas imitando bisagras en el broche de cinturón de La Balme (Fuente: http://lespierresdusonge.over-blog.com/pages/LES_IDEES_DE_LA_MORT-1391648.html)
 
En conclusión, el broche de la Galería Inferior de La Garma es una pieza de finales del siglo VII, o ya del VIII, de un tipo específicamente peninsular pero en la que confluye una doble influencia: por un lado la continental, llegada de la Francia merovingia; y por otro la bizantino-mediterránea. Y cuya decoración presenta un inequívoco e indiscutible carcácter cristiano que hace muy difícil relacionar su presencia en la cueva (acompañando a los restos de un joven que en vida, sin duda, profesó esa religión) con alguna extraña e ignota práctica funeraria pagana.
 
 

7 comentarios:

  1. He estado siguiendo con mucho interés vuestras entradas acerca de estos enterramientos en cuevas y me ha llamado muchísimo la atención el detalle de los granos de trigo, quemados junto a los cadáveres para que no vuelvan a la vida.
    Tal vez ahora voy a descubrir el Mediterráneo pero, ¿Conocéis los paralelos en el folklore moderno de vampiros? Se dice que derramando granos (semillas, arena, arroz) sobre el cadáver, el vampiro no volverá donde los vivos porque se pasará el tiempo contando esos granos. Según Wikipedia hay variantes de esta creencia incluso en China.

    Algo parecido ocurre con el trasgu, el duende del folklore asturiano al que algunos consideran encarnación de los antepasados. Para librarse del trasgu hay varios métodos, entre ellos derramar un puñado de granos de cereal en el suelo. El trasgu intentará recogerlos con la mano derecha pero los granos caerán por el agujero que atraviesa su mano izquierda y, desesperado por su fracaso, abandonará la casa donde comete sus travesuras.
    Enhorabuena por el blog, trata exactamente de los temas que más me interesan y escribís huyendo del lenguaje académico, cosa que resulta bastante de agradecer.

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  2. Sí los conocíamos, pero gracias de todas formas por la aportación. Lo que ocurre es que, al aparecer carbonizados, creemos que pueden tener más que ver con la costumbre recogida en los Penitenciales que con esta otra (aunque las dos estén relacionadas). Es curioso que, según Barber, uno de los granos que se usaban para que los "revenants" se entretuviesen contándolos y no molestasen a los vivos fuera el mijo (como el que tenemos en nuestras cuevas), imagino que por su pequeño tamaño (también se utilizaban las semillas de amapola, pero me da que deben ser bastante difíciles de detectar arqueológicamente).

    De lo del trasgu no tenía ni idea, pero se me ocurre que quizá la fórmula para espantarlo comparta un origen común con la usada para los muertos "revoltosos". Al final, tanto el duende como los cadáveres que no encuentran descanso y dan la murga son "seres sobrenaturales" que molestan y amenzan a los vivos, por lo que parece lógico suponer que a ambos se les pueda aplacar de forma parecida.

    Me alegro mucho de que te guste el blog y cómo está escrito (el lenguaje académico lo dejamos para los trabajos académicos: esto intenta ir dirigido a un público mucho más amplio).

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  3. "....con alguna extraña e ignota práctica funeraria pagana".
    Creo que la cuestión no es la botella llena o medio vacía. En mi opinión, se trata de prácticas funerarias sincreticas. Incluso, me atrevo a clasificarlas como "paganas" desde la acepción latina de habitante de campo o rústico. La uniformidad en la ortodoxia cristiana se ejercerá muchos siglos más tarde, tal vez, con el concilio de Trento. Los textos como "De correctione rusticorum" de San Martín de Barga (año 574), se refieren incluso a prácticas arriagadas entre los campesionos bautizados.
    Una de las constantes de la Historia dela Iglesia, generalmente elaborada por eclesiasticos es su visión providencialista e inmutable a lo largo de los siglos, ajena a una evolución histórica. En realidad, segun creo, se trata de un fenomeno de concilicación, de cohabitación a lo largo de los tiempos. El quiz reside en reconocer los síntomas, sus origenes etnoculturales, sus justificaciones. Creo que ahí, se encuentra la complejidad.

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  4. Interesante entrada y fotografias de calidad .Sigo con gran atención el blog que nos permite adentrarnos en el conocimiento de una época tan oscura.

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  5. Completamente de acuerdo, Javier, con ese cristianismo que describes, cuajado de prácticas y costumbres precristianas que han perdurado, con más o menos fuerza, hasta hace cuatro días en el mundo rural (que es como decir en casi todas partes hasta hace menos de un siglo). Pero siendo eso así (yo al menos estoy absolutamente convencido de ello) no creo que este tipo de enterramientos en cuevas tengan que ver con prácticas paganas (entendidas en este caso en sentido no estricto, como propias de la(s) religión(es) precristiana(s)de los habitantes de la península Ibérica), como se ha sostenido en ocasiones. La explicación de Echegaray para los de El Juyo, por ejemplo, iba en ese sentido. Y, ayer lo comentaba con una amiga, me consta que hoy mismo hay investigadores que lo siguen defendiendo, aunque no por escrito. O al menos que yo sepa. Es porque no creo que esa interpretación sea correcta por lo que escribí esa frase.

    Que hay cosas que se salen de la "norma cristiana" y que "cantan" a paganas está claro: el cereal quemado, por ejemplo, aunque no sólo. Pero si enterrar a gente en cuevas fuese una costumbre que tuviese que ver con tradiciones anteriores a la cristianización, a estas alturas ya conoceríamos más de un contexto de ese tipo fechable en época altoimperial o en la tardorromanidad. Y no es el caso.

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  6. ¿Se puede afirmar que conocemos de forma óptima el mundo funerario romano en el Norte Peninsular?.....¿sabemos algo conceto y fehaciente de la localización de las necrópolis romanas de Cantabria?
    Honestamente creo que existe un lagunon en este aspecto (e incluso en ese perido histórico) como para ser categórico.

    En paises de nuestro entorno se ha constatado ritos funerarios empapados de las culturas autóctonas que persinten durante la dominiación romana. Me acuerdo por ejemplo del trabajo de Sarah L. Keenan "Inhumation rites in late roman Britain" en los que se describen decapitaciones y inhumaciones con desarticulación del esqueleto, así como otros ritos que no responden a la cultura romana.

    Ello no quiere decir que los fenómenos estudiados (de forma encomiable desde mi punto de vista) por vosotros resulten paganos.Auqnue si contengan trazas paganas, en el sentido sincretico y rústico que comentaba en mi anterior entrada.

    Estas trazas perduran en el tiempo, en contextos en los que la implantación de la ortodoxia cristiana parece omnipresente. Es el caso por ejemplo de los tratamientos ante lo que se consideraban "muertos inquietos", en pleno siglo XII en Inglaterra, en los que se recomendaba su re-excavación y su quema (tratamiento, por cierto, que tiene un cierto parecido a lo que habéis documentado vosotros en Cantabria, para siglos muy anteriores)_ R. Gilchrist and B. Sloane, 2005: Requiem. the medieval monastic cemetery in Britain: 199-200- En el ralto de un monje del Priorato de Newburgh se aprecia la vitalidad de esa práctica, que no aparece sancionada por la Iglesia (aunque si se muestra un cierto rechazo, optandose por una solución más ortodoxa, como es una carta de absolución del puño y letra del obispo.
    Con ello, quiero reafirmar el fenómeno mestizo del cristianismo. No se debiera entender como manifestaciones paganas, ya que se ejecutan en un medio y unos individuos cristianos. Lo complejo es diseccionar esas manifestaciones, destrañar sus origenes y su sentido, que nos introduce en el complicado estudio de las mentalidades.

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  7. Estoy, de nuevo, completamente de acuerdo con lo que comentas. Sólo un apunte: algunas de esas prácticas que se detectan en necrópolis de inhumacion de época romana y que parecen vestigios del mundo indígena anterior a la conquista pueden perfectamente serlo (y tiene toda la lógica del mundo que lo fueran), pero también cabe la posibilidad de que algunas de ellas sean romanas, ya que hay ejemplos de comportamientos funerarios muy bizarros en cementerios de la propia Italia (por ejemplo, en los que se citan en "Sepolture anomale. Indagini archeologiche e antropologiche dall´epoca classica al Medioevo in Emilia Romagna". Está en el Inter y es realmente curioso ver algunas de las tumbas, cómo se enterró a algunos de los muertos y los extrañísimos comportamientos post-mortem que tuvieron lugar después en algunas de aquéllas). Aunque, bien pensado, en un mundo como el romano, que absorbe e intregra dentro de él todo lo que encuentra a su paso, resulta muy complicado establecer qué es romano o que es anterior a su llegada y ha sido sincretizado.

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