8 jul. 2014

El tribuno, su cohorte y la muralla (1)

A finales del siglo IV o, más probablemente, principios del V, alguna cancillería imperial levantó acta del estado y organización del ejército romano de la época. Acta que se plasmó en un controvertido documento que, gracias a la impagable labor de los nunca bien ponderados copistas medievales, ha llegado a nuestros días, transmitiéndonos lo que para algunos es una valiosísima información y para otros no sirve para (casi) nada. El documento en cuestión es la Notitia Dignitatum (in partibus Occidentis en este caso) y en esta entrada vamos a fijarnos en lo que dice de Hispania y, en concreto, de la provincia de Gallaecia, en la que, a pesar del empeño que obstinadamente siguen mostrando muchos autores (y muchos más dibujantes de mapas históricos), estaba incluida Cantabria en aquellos momentos.

Extensión de la provincia tardorromana de Gallaecia (Fuente: Wikipedia)

 Y lo que dice (sacado de The Latin Library) es ésto:

Hispaniae:
     In provincia Callaecia:
          Praefectus legionis septimae geminae, Legione.
          Tribunus cohortis secundae Flaviae Pacatianae, Paetaonio.
          Tribunus cohortis secundae Gallicae, ad cohortem Gallicam.
          Tribunus cohortis Lucensis, Luco.
          Tribunus cohortis Celtiberae, Brigantiae, nunc Iuliobriga.
     In provincia Tarraconensi:
          Tribunus cohortis primae Gallicae, Veleia


Que traducido al castellano viene a ser, más o menos, esto otro:

"En Hispania:

En la provincia de Gallaecia:

El prefecto de la Legión VII Gémina, en León
El tribuno de la Cohorte II Flavia Pacatiana, en Petavonio [Rosinos de Vidriales]
El tribuno de la Cohorte II Gálica, hacia la Cohorte II Gálica
El tribuno de la Cohorte Lucense, en Lugo
El tribuno de la Cohorte Celtíbera, en Brigantia [La Coruña], ahora en Julióbriga

En la provincia Tarraconense:

El tribuno de la Cohorte I Gálica, en Veleia [Iruña de Oca]"

Como éste no es el sitio para ello, no entraré a valorar la distribución de fuerzas militares en la Península que refleja el documento. Me quedo únicamente con la última línea de Gallaecia y lo que se dice del tribuno de la Cohorte Celtíbera (en realidad, la Cohors I Celtiberorum) y, por extensión, de la unidad bajo su mando: que su lugar de acantonamiento era Brigantia (La Coruña) pero que, en el momento de redactarse el documento (fines del siglo IV o comienzos del V), estaba en Julióbriga, en Cantabria. La cita ha dado lugar a todo tipo de interpretaciones e incluso motivó, hace unos años, la publicación de un trabajo de un profesor de la Universidad de Cantabria, J. R. Aja Sánchez, cuya idea principal es que la Notitia no tiene ninguna credibilidad y que el tribuno de la Cohorte Celtíbera nunca estuvo en Cantabria. Sobre los argumentos que maneja para llegar a esa conclusión trataré en la siguiente entrada, así que, de momento, nos quedaremos sólo con la idea.

Escudos de diferentes unidades representados en la Notitia (Fuente: Wikipedia)

Dejemos en este punto al tribuno y a su cohorte y vayamos a un lugar, cerca del límite meridional de la Cantabria de época romana, donde, en esas mismas fechas (inicios del siglo V d. de C.) tuvo lugar un hecho de gran trascendencia. El sitio es Monte Cildá (Mave, Palencia) y lo que allí ocurrió entonces fue que se levantó una impresionante muralla. Una muralla que sustituía a la que sin duda tuvo en época prerromana y/o durante la conquista e inmediata posguerra (aún sin localizar, por cierto, aunque parece intuirse en las fotos aéreas) y que se convirtió, andando los siglos, en la imagen emblemática del yacimiento. Esa muralla, que cierra el acceso a la zona de hábitat, está reforzada con bastiones de planta rectangular y cuenta, en uno de sus extremos, con una puerta en pasillo, flanqueada por dos de esas torres. Aunque es más que probable que esa imagen actual esté distorsionada por una reforma posterior y no se corresponda con la que tuvo en el momento de su construcción, como veremos más adelante.

Vista aérea de Monte Cildá y detalle de su muralla tardoantigua (Fotos: Bing Maps)

La historia de Monte Cildá es compleja y resulta muy difícil de resumir, a pesar de su aparente sencillez (la publicación de las excavaciones de García Guinea puede descargarse aquí y aquí. La tesis de Alicia Ruiz, lamentablemente, no esta accesible en la red, como tampoco lo está su trabajo conjunto con R. Bohigas sobre las cerámicas de época visigoda. Y la última actuación arqueológica en el yacimiento está reseñada de forma muy superficial en otro trabajo que tampoco se puede descargar. Finalmente, sí que puede bajar un trabajo de J. M. Iglesias y la ya citada A. Ruiz acerca de la cronología de la muralla). Surgido como castro a finales de la II Edad del Hierro (en el siglo I a. de C. para algunos autores, o incluso ya en época romana para otros), lo que resulta innegable es que albergó una guarnición militar romana durante las Guerras Cántabras y en las décadas siguientes a la conquista. Estuvo habitado, quizá al calor de esa guarnición, durante la primera mitad del siglo I de nuestra era y parece que fue completamente abandonado después. Ese abandono, que coincide con el inicio del esplendor de otro asentamiento romano a sus pies, en Santa María de Mave, duró hasta finales del siglo IV o inicios del V d. de C., cuando se reanuda la vida en el castro. Según la mayor parte de los investigadores y abandonando definitivamente aquella interpretación que veía un primer amurallamiento del siglo III d. de C. (ah, qué daño hicieron a la arqueología peninsular las referencias escritas a la invasión de francos y alamanes), es en ese momento cuando se construye esa nueva muralla de la que he hablado más arriba. O, para ser más exactos, una buena parte de esa muralla, ya que de la zona excavada habría que distinguir dos partes, relacionadas, cada una de ellas, con dos fases constructivas distintas: una primera, entre el extremo oriental y la Torre IV, que se fecharía en un momento tardorromano, levantada con sillares (y en la que aparecieron numerosas estelas de época romana reaprovechadas como material de construcción); y otra, desde la Torre IV a la Torre VI e incluyendo la puerta en pasillo, a base de mampostería (y sin presencia de epígrafes reutilizados) y que dataría ya de época visigoda.


Plano de la muralla de Monte Cildá (García Guinea et alii, 1973)

Siendo eso así, ¿cuál fue entonces el trazado original de la muralla? ¿Acaso (y absurdamente) no cerraba todo el acceso al castro? Aunque no recuerdo haber leído nada al respecto (y seguro que alguien lo ha escrito), creo que la respuesta está, una vez más, en las fotos aéreas. Si nos fijamos en la que viene a continuación puede apreciarse la probable prolongación hacia el sur del encintado tardorromano (las líneas y derrumbes parecen claros), más allá de la "puerta visigoda" y su tramo de muralla adyacente. A la luz de este "descubrimiento", esa reforma de los siglos VI o VII d. de C. adquiere todo su sentido, ya que, al levantar esa puerta adelantada a la línea original, aumentaba considerablemente la dificultad de acceso a la zona interior: un atacante enemigo no sólo debería forzar esa entrada flanqueada por bastiones, sino que, una vez superado ese obstáculo, tendría que avanzar un buen trecho encajonado entre el cantil y la línea de muralla tardorromana, soportando el acoso de los defensores desde lo alto. Para que fuese perfecto y que el costado de los atacantes expuesto a la muralla fuera el derecho (el que no estaba protegido por el escudo), esa entrada tendría que haber estado situada en el extremo oriental, pero parece que la orografía y, por su causa, la planta de la muralla del siglo V d. de C. obligaron a hacerlo tal y como lo vemos en la actualidad.

Posible trazado sin excavar de la muralla del s. V d. de C. (Foto: Bing Maps)

Volviendo al primer trazado de la muralla,todo apunta a que una obra de esa envergadura y con esas características poliorcéticas tuvo que ser realizada por militares (¿por quién si no?). Y a comienzos del siglo V d. de C. esos militares sólo podrían formar parte del ejército romano de la época. La pregunta ahora es obligada, por evidente: ¿había unidades militares romanas acantonadas en Cantabria en esas fechas? Pues no que sepamos. ¿O quizá sí?

En este punto es donde recuperamos al tribuno de la Cohorte Celtíbera, al que dejamos, según la Notitia, en Julióbriga por esas fechas.

(Continuará)

5 comentarios:

  1. Enhorabuena por el blog, por enésima vez.

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  2. Tenía entendido que la invasión del siglo III de franco-alamanes habia afectado sobre todo a Cataluña-Levante llegando luego por Andalucia y pasando incluso el estrecho. Hablo de memoria y quizas me equivoque en el sentido de que se encontraron rastros claros de destruccion en Cataluña-Levante siendo aniquilados por el ejercito romano en el norte de África varias bandas en tanto en cuanto en la Península anduvieron merodeando hasta que parece ser fueron reubicado o absorvidos como luego se intentó sin éxito en el siglo V. Tambien parece que en la meseta norte pudo darse aunque no esta tan claro como en Levante alguna correria. Me pongo la venda antes de la herida porque no recuerdo exactamente el tema aunque si lo que he comentado y pongo los enlaces. http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=916209 http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=46055 http://dialnet.unirioja.es/servlet/articulo?codigo=2987012 Un abrazo.

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    1. No, si lo decía porque hace unas décadas todo lo que no se entendía muy bien y todos los cambios "bajoimperiales" se achacaban a esas invasiones del siglo III. Ahora casi todas esas presuntas evidencias han sido puestas en duda (el péndulo, como siempre) y se explican de otras muchas formas. En cualquier caso, no digo que no haya algunas huellas de su paso y destrucciones asociadas en el registro arqueológico de Cataluña (que es por donde parece que anduvieron), pero parece claro que lo de la muralla de Cildá no tiene nada que ver con ellos.

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  3. ¡Pobre Julióbriga! A los que excavábamos hace veinte años en Retortillo ya nos la van cambiando de sitio unas cuantas veces: primero en torno de la villa de Camesa-Rebolledo, ahora, parece que con bastante buen sentido, en Monte Cildá... . Saludos de Mortera

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