12 sept. 2013

Aventuras (pocas, pero alguna intensa) en Pilsen

La semana pasada tuvo lugar en Pilsen (Plzen, en checo) el 19 Encuentro Anual de la European Association of Archaeologists (EAA). Nuestra contribución fue el día 5, dentro de la sesión titulada The use and perception of caves and rock shelters in Early Medieval Europe (400-1200 AD), organizada por Knut Andreas Bergsvik y Marion Dowd y de la que ya informamos en otra entrada anterior.

Portada (y primera diapo) de la presentación de Power Point que llevamos a Pilsen

En esta ocasión, ni los dos directores de La Garma (Pablo Arias y Roberto Ontañón) ni la otra mitad del Proyecto Mauranus (Enrique Gutiérrez Cuenca) pudieron asistir, así que me tocó hacerlo a mí. Quienes me conozcan sabrán que no soy dado a hacer casi nada en solitario, así que participar en este magno (y nunca mejor dicho, porque su magnitud es impresionante) evento se convirtió en un reto enorme. Inscripciones, reservas, cuatro viajes en avión, un hotel (muy bueno, por cierto) a las afueras del extrarradio, buses y taxis checos de puntualidad más que dudosa... Todo parecía muy complicado, máxime cuando mi inglés hablado es manifiestamente mejorable, mis conocimientos de checo nulos y siento un pánico irracional y casi insuperable a viajar en avión. Y, sin embargo, con todos esos mimbres, aparentemente malos, acabó saliendo un buen cesto: volé sin demasiados problemas, no me perdí, llegué a todas partes en tiempo y forma y volví a Invernalia, perdón, a Santander, el día y a la hora programados.

Así lucía la identificación, colgada de mi cuello, el jueves pasado

Yendo a lo realmente interesante, lo primero que quiero hacer es dar las gracias a Knut Andreas (y a su esposa, cuyo nombre no recuerdo) por el magnífico recibimiento que me brindó y la paciencia que mostró al hablar conmigo (no soy Ana Botella, pero soy consciente de que, a veces, entenderme puede resultar complicado). Compartimos una agradable comida (bastante lamentable en lo estrictamente culinario por culpa de lo que parecía un flagrante caso de imprevisión por parte de los responsables de la "cantina") y una no menos agradable conversación, junto a un amigo suyo danés, en la facultad donde tenían lugar las sesiones del congreso. Y lo cierto es que ambas me vinieron bastante bien para ir cogiendo confianza y relajarme un poco, que falta me hacía.

 Mirando al (pasillo) vacío, minutos antes de que diera comienzo la sesión

Dicho esto, toca comentar brevemente cómo fue la sesión, quién asistió y qué cosas interesantes se dijeron y enseñaron allí. Empezando por lo que debería ser el final, mi conclusión es que estuvo muy bien. Éramos pocos exponiendo (sólo 6), pero el público, sin ser muy numeroso, lo fue más de lo que yo esperaba; y sobre todo teniendo en cuenta que era una sesión muy pequeña, sobre un tema marginal y que teníamos serios competidores a esa misma hora (las 16:30). En mi caso concreto, salí en plan valiente a presentar de palabra lo que llevaba, ayudado por una presentación con mucha foto (y también bastantes textos) y por una especie de guiones para repartir entre la gente que hice con los textos del Power Point. Todo para tratar de paliar, en la medida de lo posible, los malos efectos de mi horrible inglés (incrementados, si cabe, por los nervios que gastaba). Hubo momentos en los que me encontré un poco perdido, tiré de spanglish más de lo que me hubiera gustado y me arrepentí todo el rato de haber abandonado mis estudios de la lengua de la pérfida Albión hace 18 años; pero creo que se me entendió bastante bien y que quedó más o menos claro qué era lo que quería contar. Y como, precisamente, contar esas cosas (y que se entendieran) era el fin último de mi presencia allí, estoy bastante satisfecho de mi actuación. Pero dejemos de hablar de mí.

Kevin Smith (Brown University, USA) nos habló de sus excavaciones en la cueva islandesa de Surtshellir, considerada en época vikinga como la morada del gigante de fuego Surtur, uno de los malos malosos que acabarán con los dioses en el Ragnarok (en concreto, Surtur, que se asocia con el fuego y los volcanes, matará a Freyr, diosa de la fertilidad y la prosperidad). La cosa tiene su aquél, porque la cueva, excavada en la lava, está al pie de un volcán que entró en erupción justo cuando los primeros colonos escandinavos se asentaron en Islandia (c. 871 d. de C.), inundando sus pastos y tierras de cultivo de fuego, lava y cenizas. En cuanto a lo puramente arqueológico, en su interior (que está sumido en la más absoluta oscuridad ya desde los primeros metros) existen los restos de un muro de considerables dimensiones que cortaba el paso hacia el interior (y que ya aparece citado en fuentes escritas medievales) y, lo que es más interesante aún, de una estructura (¿zócalo de cabaña?) en la que todo apunta a que se llevaron a cabo actividades de carácter ritual (hay miles de huesos de animales, algunos quemados y otros no, encendedores de chispa, cuentas de collar, etc.), quizá destinadas a aplacar al monstruo ígneo que habitaba en su interior.

Boca de la cueva de Surtshellir (Islandia) (tomada de aquí)

El propio Knut Andreas Bergsvik (Universidad de Bergen, Noruega) y Anne Haug (Universidad de Trondheim NTNU, Noruega), hicieron un repaso al uso de cuevas y abrigos en Noruega entre los años 500 y 1030 d. de C. (los períodos Romano/Migraciones y Merovingio/Vikingo). Entre las varias conclusiones de su exhaustivo trabajo yo destacaría la gran diferencia que se aprecia entre uno y otro períodos. Así, entre el cambio de era y mediados del siglo VI d. de C., se observa la existencia de numerosas cuevas y abrigos con evidencias de haber sido utilizados, en su gran mayoría, como lugares de residencia. Sin embargo, entre mediados del siglo VI y las primeras décadas del XI d. de C., disminuye drásticamente el número de cuevas y abrigos utilizados (y sus usos pasan a ser rituales y funerarios en gran medida), al tiempo que aumentan claramente los asentamientos al aire libre. Su explicación para este fenómeno es doble. Por un lado, se habría producido una reorganización política del espacio que habría llevado al abandono de esas habitaciones rupestres en favor de hábitats más concentrados. Y, por otro (y ésta me parece la más interesante de las dos), la percepción de las cuevas por parte de los noruegos habría cambiado (a peor, a mucho peor), pasando éstas a considerarse lugares habitados por seres fantásticos y muy poco recomendables para los humanos (enanos, gigantes, elfos y demás). Este cambio de percepción habría tenido lugar dentro de un cambio cosmológico de más calado y, lo que es aún mejor, lo habría hecho en un momento plenamente pagano, en el que el Cristianismo aún ni estaba ni se le esperaba.

Manel Feijoo (Universidad de Zaragoza), por su parte, abordó el tema del uso de las cuevas en la península Ibérica en la Tardoantigüedad y la Alta Edad Media, desde una perspectiva general. Estas ocupaciones, que tendrían un momento inicial en el siglo V d. de C., no estarían relacionadas con la irrupción de los bárbaros en el occidente europeo y la consiguiente estela de violencia y destrucciones (que han sido puestas en duda con buenos argumentos en los últimos años), sino con un cambio económico que implicaría la extensión de la actividad humana a zonas antes poco o nada consideradas. En ese contexto, las ocupaciones de las cuevas no tendrían carácter marginal y estarían perfectamente integradas en su entorno, formando parte de las redes comerciales de la época. Algunas otras ideas interesantes en esta exposición y que me llamaron la atención fueron una relacionada con el eremitismo cristiano y otra con el mundo islámico. La primera, que los eremitas y sus cuevas no estaban aislados del mundo, sino integrados en un entorno cuyos restos arqueológicos siguen esperando, en buena medida, a ser descubiertos. Y la segunda (y en mi opinión aún más importante), que esas ocupaciones ascéticas de las cuevas no tienen por qué ser exclusivamente cristianas y que hay todo un mundo de "trogloditismo" musulmán medieval esperando a ser estudiado desde una perspectiva global.

Michal Wojenka (Universidad Jaguelónica de Cracovia, Polonia) mostró un amplio catálogo de cavidades situadas al sur de Polonia y que habían sido utilizadas en época medieval (concretamente a partir del siglo XIII, pues, curiosamente, no hay evidencias de uso de las cuevas de esa zona en los momentos iniciales de la Edad Media). De entre las muchas cosas que expuso, me quedo con algunos detalles sueltos que, en algunos casos, me recordaron mucho a ejemplos cántabros: la destrucción de los "niveles medievales" de las cuevas por parte de los pioneros de la arqueología polaca del siglo XIX, interesados únicamente en la Prehistoria; una cueva (¿Oblazova?) en cuyo interior se recuperaron varios virotes de ballesta (y que me trajo inmediatamente a la memoria la que hay en la Peña de Santullán, dentro del recinto del castro, y cuyo nombre no recuerdo); las cerámicas con sellos (cruces inscritas en círculos) en el fondo; el hecho de que algunas cuevas estuviesen íntimamente relacionadas con fortificaciones (como ocurre aquí con la del castillo de Aldueso); etc. En su opinión, los usos más probables de estas cuevas en la Edad Media habrían sido como refugio y como lugar de almacenamiento.

Entrada de la cueva de Zarska (Polonia) (según Wojenka, 2011)

Finalmente, Alf Krauliz (CINDIS, Austria) habló acerca de la frecuentación en época histórica de un grupo de cuevas austriacas en las que se encuentran una especie de figurillas de diorita vagamente zoomorfas (que tendrían origen prehistórico). Esas visitas fueron prohibidas por las autoridades civiles y eclesiásticas por considerarlas relacionadas con la brujería. Las figurillas, por su parte, se utilizarían aún hoy en día como fuente de remedio para todo tipo de males, perpetuando una creencia ancestral (o eso es más o menos lo poco que pude entender).

En el turno de preguntas, que llegó al final, tuvimos la oportunidad de aclarar dudas y poner algunas ideas en común. Como ocurre casi siempre que sacamos a pasear a nuestros muertos, no faltaron varias cuestiones acerca de tan peculiares enterramientos y sus distintas implicaciones, algo que me llena de orgullo y satisfacción (como al rey de España) pero que también me puso en más de un pequeño aprieto idiomático (menos mal que estaba Manel para apuntarme las palabras correctas...).
Para terminar, me quedo con la buena experiencia que ha supuesto esta fugaz participación en el Encuentro de la EAA: con lo que he aprendido (de cuevas medievales, sí, pero también de cómo manejarse uno solo por el extranjero), con la gente estupenda que he conocido (Manel, Michal y el propio Knut Andreas, con los que intentaré seguir manteniendo algún tipo de contacto) y con la oportunidad que he tenido de mostrar, a quien quisiera verlo y oírlo, lo que tenemos aquí y cómo lo estamos estudiando. Y es en este punto donde toca dar las gracias a mis tres compañeros firmantes (Pablo, Roberto y Enrique). Y otra vez al primero, sin cuya ayuda e interés esta pequeña aventura centroeuropea nunca hubiese tenido lugar.

El colofón perfecto será sin duda, la publicación que ya están preparando Knut Andreas y Marion Down (que no pudo asistir a la sesión porque se casaba su hermano en esas mismas fechas y, como alguien dijo allí, una boda irlandesa es algo demasiado serio como para perdérselo) y en la que estaremos encantados de participar. Si todo va bien, dentro de aproximadamente un año volveremos a dar noticias sobre ella. Hasta entonces, seguiremos con la "gira". En breve, más noticias.

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